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¿Por qué las personas jóvenes se incorporan poco al agro?

Sólo el 15% de la gente que recibe las ayudas de la PAC es menor de 44 años, según los datos del Ministerio de Agricultura. Resumimos las reflexiones sobre el problema que hacen los economistas agrarios Tomás García Azcárate y Alicia Langreo Navarro

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¿Por qué las personas jóvenes se incorporan poco al agro?

Las empresas de servicios forman parte de la realidad del agro que no recogen las estadísticas.

Uno de los grandes problemas de la agricultura española, que afecta también al conjunto de la UE, radica en el alto nivel de envejecimiento de la población activa agraria. Esa situación, trasladada al análisis de los titulares de explotaciones que son personas físicas, tiene números contundentes. En España, poco más del 3% de las explotaciones agrarias están gestionadas por menores de 34 años.

Si elevamos la edad hasta los 44 años, los números tampoco mejoran mucho. Menos del 15% de explotaciones tienen como titular a una persona menor de 44 años. Sobre esta base parten una serie de reflexiones y propuestas que hacen en un artículo los economistas agrarios Tomás García Azcárate y Alicia Langreo Navarro. Resumimos sus aportaciones a continuación.

Motivos de la escasa incorporación
Los motivos de la escasa incorporación de las personas jóvenes al campo hay que buscarlos, al entender de ambos economistas, en una doble vertiente. De un lado, en cuestiones generales que afectan al conjunto del rural, no exclusivas del medio agrario, y en segundo lugar, en factores del trabajo en el campo.

En cuanto a las cuestiones generales en relación al rural, destacan dos:

– Problemas de continuidad de gran parte de las empresas a causa de las difíciles perspectivas económicas. También hay una mayor preferencia por el trabajo asalariado en vista de las grandes exigencias de dedicación que requiere el trabajo autónomo, acompañadas de menores prestaciones sociales.

El proceso de envejecimiento del rural lleva a un deterioro social de las condiciones de vida y de trabajo

Hay que tener también en cuenta las estrategias vitales de parte de los hijos/las de agricultores y ganaderos, que una vez culminados sus estudios, pueden optar por establecerse al margen de la actividad familiar. Vincularse al negocio familiar lleva también a mezclar relaciones personales y laborales, lo que no siempre es fácil de gestionar.

– El proceso de envejecimiento del rural genera un deterioro social del entorno que afecta a las condiciones de vida y de trabajo.

Como problemas específicos del sector agrario, se destacan los siguientes:

– La mayor parte de las explotaciones tienen una dimensión económica excesivamente pequeña, lo que limita las perspectivas de una remuneración idónea.

La escasa dimensión de parte de las explotaciones incrementa la carga de trabajo, limita la remuneración y dificulta la innovación

– El escaso tamaño lleva a un exceso de carga de trabajo. En muchas explotaciones, sólo hay una unidad de trabajo agrario o menos, ya que a veces la actividad agraria es complementaria a otras, que no siempre se desarrollan en el mismo entorno geográfico.

– La pequeña dimensión dificulta también seguir un ritmo adecuado de innovación. Las posibilidades de que estas explotaciones terminen por ser poco productivas son altas, al entender de Tomás García y Alicia Langreo.

– La actividad agraria, salvo en sectores puntuales, sigue teniendo una mala imagen.

Subvenciones a la instalación de gente joven
La política de subvenciones dirigida a la incorporación de personas menores de 40 años es considerada un fracaso por los economistas. Como media, en España se acogen entre 4.000 y 6.000 personas al año, la mayoría en sectores dinámicos como la huerta, el viñedo, el olivar o la ganadería intensiva.

De manera paralela a las subvenciones para nuevas instalaciones, también hay una línea de ayudas para el cese anticipado de la actividad agraria, de cara a promover el relevo generacional. Tomás García y Alicia Langreo destacan en este terreno el ejemplo de Asturias, que ligó las ayudas a la retirada del campo con el Banco de Tierras, de cara a facilitar la continuidad de las tierras en producción, bien de personas de la misma familia o no.

El 90% de las personas que se incorporan al campo lo suelen hacer a las explotaciones de sus padres.

Nuevas formas de trabajo en el campo

La incorporación tradicional a la agricultura convive en la actualidad con otras formas de trabajo en el campo que no siempre aparecen bien recogidas en las estadísticas. En la realidad agraria, hay que tener en cuenta también las siguientes cuestiones, según Tomás Pérez y Alicia Langreo:

El auge de las Sat, comunidades de bienes o sociedades civiles como vías de trabajo en común de la tierra. El censo agrario recoge todas estas explotaciones como titularidad de personas no físicas y no incluye información sobre la gente que trabaja en ellas, que con frecuencia son jóvenes.

– Alrededor de la agricultura se crearon una serie de sociedades de servicios que se ocupan del cultivo de la tierra. Abarcan desde secciones de cultivo en las cooperativas, Cumas, empresas de servicios o agricultores que complementan el trabajo en la explotación con labores de servicio para otros productores. Esta realidad no se recoge en las estadísticas y los activos que se incorporan por esta vía no son considerados agricultores ni se pueden acoger a ayudas de incorporación.

Las explotaciones de menor dimensión pueden encontrar una vía de continuidad en elaboraciones artesanas y en la venta directa

Generación de ingresos complementarios. Las explotaciones de menor dimensión económica pueden encontrar una vía de continuidad a través de la apertura a nuevas actividades complementarias, como puede ser la elaboración de productos artesanales y su venta en un radio más o menos corto (quesos, vino, conservas, etc.).

– La crisis económica y la mejora de las telecomunicaciones ha favorecido la vuelta a los pueblos de hijos o nietos de emigrantes, algunos mayores de 40 años y portadores de proyectos empresariales atípicos.

Aparición de neorurales, no tanto como en otros Estados de la UE. Son personas con escasa relación histórica con el rural que se instalan en este ámbito. Los economistas valoran que no siempre consiguen adaptarse al entorno -en ocasiones no son bienvenidos-, y que tampoco consiguen siempre sacar adelante sus explotaciones.

– Presencia de inmigrantes, principalmente como asalariados. Una parte termina por constituir su propio negocio.

Conclusiones

– Conviene extender las ayudas y/u ofrecer incentivos fiscales a las variadas sociedades y maneras de incorporación a la actividad agraria. En algunos casos, estas sociedades están penalizadas fiscalmente.

– Las sociedades de servicios se deberían considerar actividad agraria, lo que obligaría a cambiar la reglamentación europea al respecto.

Conviene extender las ayudas y los incentivos fiscales a las variadas sociedades y maneras de incorporación

– Sería interesante favorecer las instalaciones ‘coordinadas’ o en grupo, en particular en sectores ganaderos como el lácteo, para mejorar la calidad de vida y hacer más atractivo el oficio.

– Se hace preciso coordinar la política de instalación de personas jóvenes y el fomento de los circuitos cortos de comercialización (ventas directas, etc.), en aquellos sectores en los que resulte pertinente.

– La formación profesional en las profesiones agrarias debe reforzarse y promoverse como una salida laboral, no solo en zonas rurales sino también en las urbanas.

Sería interesante favorecer instalaciones en grupo en sectores como el lácteo para propiciar la mejora de la calidad de vida

Los economistas ponen como ejemplo el modelo francés de liceos agrarios, que contribuye a darle una segunda oportunidad a alumnos en dificultades en la enseñanza más tradicional. Juegan también un papel en la lucha contra la exclusión en las periferias urbanas (cités).

– Sólo una de cada tres personas jóvenes que se incorpora son mujeres. La escasa presencia de mujeres sugiere que sería interesante intensificar las políticas de apoyo. Más allá de un aumento de las ayudas, se aboga por un trabajo de extensión agraria y de animación que contribuya a que la mujer vea esta actividad como de importancia, no solo como una ayuda a la familia, para que dé el paso de asumir la gestión y manejo de la explotación.

– El modelo del Banco de Tierras en Asturias es interesante. Requiere de una labor de extensión agraria continuada.

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