Pedrón A Ponte, una ganadería que busca ser más eficiente y optimizar los robots

Esta explotación de Castro de Rei cambió este año el sistema de ordeño ante la falta de personal. Tras unos meses de adaptación que fueron duros busca aumentar producción y rentabilidad a base de seleccionar los animales

Juan Carlos Pita Valín, xunto ás súas vacas

Juan Carlos Pita Valiña, junto a sus vacas en San Martiño de Goberno

Las explotaciones lecheras deben contar con una estrategia a largo plazo porque trabajar con animales requiere que los cambios que se hagan sean meditados. Contar con una línea clara da estabilidad a las ganaderías y garantiza ver resultados. Pero a veces las circunstancias cambian y también hay que tener capacidad de adaptación para superar las dificultades.

Pedrón A Ponte SL es una de esas explotaciones que acabó en los robots por problemas de personal. «Me quedé sin gente y en tres días los compré», reconoce Juan Carlos Pita Valiña, su propietario. «No había pensado pasarme a los robots ni invertir en eso de momento, tenía otros planes, que pasaban por seguir creciendo con la sala de ordeño que tenía, pero de un día para otro la situación de la granja cambió y hubo que reaccionar», explica.

«Caí en los robots porque no tenía más remedio al marcharme de golpe dos trabajadores»

Esta ganadería ubicada en San Martiño de Goberno, en Castro de Rei, contaba hace un año con tres trabajadores contratados, además del propio Juan Carlos. Estaba David, que es un joven vecino de tan sólo 21 años que sigue en la explotación, un empleado marroquí que llevaba 3 años en la granja y una trabajadora rumana que llevaba 5. «Yo tenía el problema de personal resuelto, pero de golpe me marcharon dos de los trabajadores y me topé con un problema gravísimo», cuenta.

Así que Juan Carlos reconoce: «caí en los robots porque no tenía más remedio». «Acababa de hacer una ampliación de la granja pensando en los tres trabajadores con los que contaba. Habíamos aumentado un trozo a la nave de producción con la idea de ponernos en 150 vacas en ordeño pero de repente me cambió la situación», recuerda.

A comezos de 2019 mercaron dous robots de segunda man e reduciron o número de animais

A comiezos de 2019 compraron dos robots de segunda mano y redujeron los animales

Fue entonces cuando sacrificó algunos de los cubículos para colocar los dos robots Lely A3 de segunda mano que compró de un día para otro. Y no le quedó más remedio que reducir la cabaña hasta las 125 vacas que ordeña hoy para adaptarse a la capacidad máxima de los robots. Aquel cambio brusco supuso la jubilación de la sala de ordeño trasera de 16 puntos que tenía y una redistribución de tareas y de la manera de trabajar en la explotación.

El cambio no fue para nada fácil. El primer robot comenzó a funcionar en el mes de enero y el segundo estaba ya operativo en febrero pero Juan Carlos no guarda buen recuerdo de aquellos días. «Nosotros las pasamos muy gordas a la hora de empezar con los robots, estuvimos 6 meses metiendo vacas seguido, era penoso», recuerda.

Las vacas no les entraban en los robots hasta que lograron ajustar la ración en pesebre al punteo de concentrado que hace la máquina en el momento del ordeño

Hasta que dieron con el fallo. «Fue un problema de alimentación, cuando pasas a los robots hay que cambiar la ración en pesebre para pasar a suplementar en el robot y adaptar la ración del carro al punteo de concentrado que hace la máquina en el momento de ordeñar. Tardamos meses en lograr ajustar eso, que es cuestión de ir haciendo pequeños cambios», dice.

Ángel Ávila fue quien les resolvió el problema y es hoy el nutrólogo de la explotación. La ración en este momento la tienen en 25 kilos de maíz, 14 de silo de hierba y 6,7 de mezcla de cereales, que se suma al punteo de concentrado que hace el robot, que se sitúa en unos 5,3 kilos de promedio por animal.

Tratando de recuperar los 41 litros por vaca y día

Dispoñen neste momento de 125 vacas en produción

Ahora disponen de 125 vacas en producción

Pedrón A Ponte está aún tratando de recuperar el nivel de producción que tenía antes de poner los robots. «En sala llegamos a 41 litros», recuerda. De aquellos 41 litros de promedio de producción por vaca y día bajaron a 38, con 3,70 de grasa y 3,32 de proteína. «Al arrancar mal cuesta más recuperar el nivel que tenías, pero a principios de año cuento estar ya al 90%», dice. Hoy está ya en una media de 40 litros con el 3,95 de grasa y el 3,32 de proteína. «Vamos mejorando y a pesar de empezar mal con los robots hoy estoy contento con ellos», afirma.

Al dar corregido los retrasos iniciales en la entrada de vacas al robot incrementaron el promedio de ordeños. «Cuando teníamos la sala estuvimos una época a 3 ordeños diarios y luego volvimos otra vez a 2 por tema de mano de obra. Ahora con los robots estamos logrando medias de 2,8 ordeños al día y eso que estamos en el límite máximo de la capacidad de los robots en cuanto a número de animales», explica Juan Carlos.

Al tener que reducir el número de vacas para ajustarse a la capacidad de los robots aprovecharon para descartar a aquellos animales que tardaban más en ordeñarse

«Ahora lo que nos queda es ir seleccionando más las vacas y descartar aquellas con menor flujo de leche, que son las que tardan más en ordeñarse», añade. «Estaba ordeñando 140 vacas en la sala pero tuve que reducir los animales en producción para ajustarme a la capacidad máxima de los robots, así que aproveché para hacer mucha limpieza. Además, ya te la piden los propios robots, las vacas con glándulas mamarias mal colocadas o muy duras no sirven», argumenta.

Ganaron calidad de vida

Pero a pesar de los recuerdos negativos, el cambio trajo cosas buenas. Una vez pasado ese duro proceso de adaptación, Juan Carlos reconoce ventajas, sobre todo en calidad de vida y mayor flexibilidad de horarios. La organización del trabajo en la granja mudó por completo porque «trabajar con robots es totalmente distinto a como se trabaja en la sala», asegura.

«Los robots te permiten ganar dos horas por la mañana y otras dos por la tarde para hacer otros trabajos»

«Ahora llegamos a las siete de la mañana y mientras que se hacen las camas se van metiendo las vacas que no entraron, que pueden ser unas 5 ó 6 en cada robot, y al acabar de hacer las camas ya has acabado el ordeño. Antes hasta las 10 de la mañana estabas liado entre ordeñar y lavar la sala de espera y la sala de ordeño. Son dos horas que ganas por la mañana y por la tarde para hacer otros trabajos. Y antes por la noche no finalizábamos nunca hasta después de las 9 y hoy a las 8 tenemos todo listo», argumenta.

Pedrón A Ponte sigue manteniendo dos empleados, frente a los tres que tenía antes de instalar los robots. «En el día a día te ahorran un empleado y cuando uno de los dos que tenemos coge vacaciones atendemos perfectamente yo más el otro trabajador que queda, incluso si un día puntual tenemos que quedar una persona sola también nos arreglamos. Antes cuando ordeñábamos en la sala éramos 4 trabajando y cuando uno cogía vacaciones era complicado para organizarnos los 3 que quedábamos para los descansos», dice.

Tienen las vacas en dos lotes con un robot en cada lote y las distintas tareas están asignadas siempre a la misma persona para que sean rutinarias

Siguen manteniendo jornadas partidas pero con menos horas. «Por la tarde un empleado comienza a las 5 y el otro a las 5 y media. Cada uno tiene asignados sus trabajos para que no se pisen. Yo en vez de tener gente que haga de todo prefiero tener tareas distribuidas para que las haga siempre la misma persona y de esa manera las mecánicas de trabajo sean siempre las mismas y el trabajo sea rutinario», defiende.

Ser más eficientes

camas benestar

Las camas son de serrín con carbonato

Juan Carlos es ingeniero técnico agrícola de formación y tomó el relevo de la explotación familiar que regentaban sus padres Carlos y Elisa, ya jubilados. «En el 2004 nos juntamos con un tío mío de Santa Leocadia e hicimos una SAT. Construimos una nave nueva con fosa de purín y silos y juntamos aquí todo el ganado. Ordeñábamos 50 vacas en aquel momento. Luego fuimos criando y comprando para ir aumentando el número de animales hasta que ya se nos quedó pequeña la cuadra, así que hicimos una ampliación para llegar la 110 en producción. Seguimos haciendo obras, como más silos y rehicimos la nave vieja para meter la recría. Todos los años hicimos alguna obra, no es que no tuviésemos donde meter el dinero, lo que pasa es que una obra pide otra. La última fue el año pasado, cuando hicimos otro silo y ampliamos un trozo la nave con la idea de ponernos en 150 vacas en ordeño», explica.

Pero aquella idea de seguir creciendo cambió al instalar los robots y ahora la estrategia es otra: ser más eficientes. «Tenemos 125 vacas en producción hoy, que es el número con el que nos quedaremos. Las perspectivas de futuro no son aumentar porque eso nos obligaría a instalar otro robot más, son ser más eficientes y sacar el máximo rendimiento a las vacas que tenemos, en definitiva, ajustar lo más posible los gastos mejorando los ingresos», resume. «Queremos producir la misma leche con 125 vacas en los robots que antes con 140 en la sala, es decir, con el aumento de producción que nos tienen que dar los robots compensar la bajada en el número de cabezas», añade.

Volver a hacer la recría en la propia explotación

Por falta de espacio tiveron que recriar fóra o 20% das becerras

Por falta de espacio tuvieron que recriar de manera externa el 20% de las terneras

Tras la última ampliación, y descontando los cubículos que tuvieron que desmontar para colocar los robots, Pedrón A Ponte dispone hoy de 138 camas para un total de 125 vacas en ordeño, algo que a Juan Carlos le permite meter antes a las novillas para que se acostumbren a andar en medio del rebaño de producción y también a los robots. «Lo que hago es bajar antes a las novillas para la nave de producción desde la de la recría para que tengan más tiempo para adaptarse», explica.

Al bajar al número de cabezas las necesidades de recría también disminuyeron, al tiempo que los descartes sirvieron para bajar la edad media del establo y la tasa de reemplazo. «Con tanta limpieza que hice hoy tengo el 50% de las vacas en producción primerizas y el año que viene me va a sobrar recría», cuenta.

Tras la «limpieza» que hicieron la mitad de las vacas en producción son primerizas

Además de poder vender terneras, Juan Carlos va a poder ahorrar en su crianza. A pesar de que hace la recría en la propia explotación (con los animales divididos en 11 lotes por edades de entre mes y medio y dos meses para que los grupos sean lo más equilibrados posibles y los animales crezcan por igual), por problemas de espacio se había visto obligado en los últimos años a externalizar parte de ella. «La que me cabe la tengo en casa y el resto la mando al Rancho Las Nieves de Zaragoza y a la explotación de un particular de Castroverde, Pepe, de Córneas, que hace recría para otras granjas. En el centro de recría de Castro no pude entrar al principio y tuve que buscar esta solución porque no me cabían las terneras en casa. Tengo fuera de la explotación alrededor de un 20% de las novillas, pero ahora con los robots al reducir el número de cabezas voy a necesitar menos recría y me va a coger el 100% en la explotación», detalla.

Contratan los trabajos de campo pero tienen carro propio

Só dispoñen de cisterna para botar o purín e carro mesturador

Solo disponen de cisterna de purín y carro mezclador

Pedrón A Ponte tiene también contratados otros trabajos, como la inseminación, de la que se encarga el grupo de veterinarios de Castro, o las labores agrícolas, para las que echa mano de empresas de servicios. «Contrato los trabajos agrarios porque la maquinaria es algo que no me gusta nada y al final no te puedes dedicar a todo. Si quieres tener la cuadra bien o tienes mucha gente o tienes que encargar los trabajos de campo».

Eso reduce considerablemente las necesidades de maquinaria de la explotación. «Si echas cuentas, para una explotación de este tamaño casi no compensa tener ningún apero, excepto los que trabajan todos los días, como la cisterna, el carro mezclador o la telescópica, que son las que tengo, pero los aperos que trabajan solo en campaña no se dan desquitado», considera.

carro mesturador

En total esta ganadería dispone de unas 60 hectáreas de superficie, muchas de ellas alquiladas, de las que siembran unas 40 a maíz. Aunque contrata los trabajos, ensila en la explotación y cuenta con carro mezclador propio para elaborar las distintas raciones para el ganado. Además de la de producción, hace una para las vacas secas con silo de hierba, silo de maíz, pienso y hierba seca. Esa misma ración la usa para las novillas desde los 10 meses en adelante, hasta el parto. Antes, entre los 5 y los 10 meses, les hace una ración específica en el carro con hierba seca, pienso y melaza. Hasta esa edad las terneras están con hierba seca y pienso desde el momento del destete, que se produce a los 2 meses y medio de vida.

Adquisiciones para facilitar el manejo diario

Achegadora de comida

Acercadora de comida

Una parte de las adquisiciones que Juan Carlos hizo últimamente, además de la de los robots, buscan facilitar los trabajos diarios y ahorrar en mano de obra. «Es cierto que muchas de las últimas decisiones y cambios que fuimos haciendo últimamente estuvieron motivados por problemas de personal. Por ejemplo, acercábamos la comida a mano pero en el momento que me quedé sin uno de los empleados y coincidió que el otro estaba de vacaciones fui a comprar el acercador por agobio», describe.

«Cuando puse los robots me aumentó considerablemente la factura de la luz, que casi se me duplicó»

Los robots o los acercadores automáticos de comida son inventos que ayudan al ganadero, pero también incrementan el consumo de electricidad en las granjas. «Fue algo que a mí nadie me dijo pero después lo vi en el consumo. Cuando puse los robots me aumentó considerablemente la factura de la luz, que casi se me dobló. Por ser un aparato pequeño no quiere decir que no consuma, porque está trabajando las 24 horas del día», explica.

Otro de los trabajos que hay que hacer todos los días en las explotaciones son las camas. Para reducir el tiempo necesario se hizo con una telescópica a la que le saca mucho partido. «Para mí fue la mejor compra de un apero que hice, desde que la tienes te preguntas cómo pude estar tanto tiempo sin ella», reconoce. La emplea, por ejemplo, para llenar los cubículos. Los de la zona de producción y los de las secas son de mezcla de serrín y carbonato. También usa la telescópica para sacar el estiércol de la recría. Una parte está en paja y otra parte en serrín. «La paja está cara pero es más rápida en las tierras. El serrín también abona, pero la degradación es más lenta», indica Juan Carlos.

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