Las claves para controlar el oídio en viñedo

El oídio es una de las enfermedades fúngicas más comunes en viñedo. María Luz Cabodevila, de la Sección de Agricultura y Sanidad Vegetal de la Estación de Avisos de Tarragona, explica las estrategias para combatir este hongo.

Publicidade
Las claves para controlar el oídio en viñedo

Racimo afectado por oídio.

El oídio es una de las enfermedades fúngicas más comunes en viñedo y también, junto al mildiu, una de las que ocasiona más pérdidas. En este sentido, María Luz Cabodevila, de la Unidad de Sanidad Vegetal de la Estación de Avisos de Tarragona, perteneciente a la Generalitat de Catalunya, explicó recientemente en Galicia los últimos avances en tratamiento y prevención del oídio.

La investigadora participó el pasado 18 de abril en la jornada técnica sobre Novas perspectivas no control do oídio e o black rot no viñedo”, organizada por la Estación de Viticultura e Enoloxía de Galicia (EVEGA) en el ayuntamiento de Arnoia (Ourense).

Como punto de partida, María Luz Cabodevila subrayó que “el control del oídio no se puede basar solamente en la utilización de productos químicos, sino que se debe enfocar dentro de una estrategia de gestión integrada de plagas, de forma que también se utilicen medidas preventivas de carácter agronómico, medidas de control no químico y, por supuesto, debemos conocer el patógeno y su biología”.

1) Un patógeno que llegó de Estados Unidos y que presenta dos formas

A este respecto, la técnica catalana recordó que, como otras enfermedades fúngicas, el oídio llegó a Europa procedente de Estados Unidos, detectándose en el año 1845 en cultivos en Francia y en Gran Bretaña.

Desde el punto de vista biológico el oídio pertenece a la clase de los ascomicetos, unos organismos que necesitan tejido vegetal vivo para sobrevivir, por lo que su cultivo en laboratorio es difícil. En concreto, pertenece al género oidium, cubriendo la superficie del tejido vegetal que parasitan. Además, y a diferencia del mildiu, que penetra en las estructuras vegetales del tejido que parasita, el oídio es un ectoparásito; es decir, su micelio cubre solamente la parte externa del tejido vegetal que parasita”, explica María Luz Cabodevila.

2) Dos formas de invernar:

En cultivos leñosos, como la vid, el hongo del oídio hiberna de dos formas.

-En el interior de las yemas en su fase asexuada como micelio. Es la forma más habitual en España.

-O en fase asexuada, mediante estructuras resistentes a las bajas temperaturas. Se registra este tipo de hibernación en zonas de clima más frío, como el norte de Europa o de Estados Unidos.

OIDIO_CICLO

3) Condiciones para el desarrollo del oídio:

CONDICIONES PARA EL DESARROLLO DEL OÍDIO

FENOLOGÍA DE LA VIÑA

-El desarrollo del hongo depende de la temperatura, humedad relativa e iluminación.

-El factor más limitante es la temperatura.

-No necesita agua líquida (lluvia, rocío….etc) para su germinación.

-Se comienza a desarrollar a partir de los 5 grados de temperatura.

-La apertura de las yemas de la vid se produce a partir de los 10 grados. Sin embargo, el hongo del oídio se empieza a desarrollar a partir de los 5 grados.

Entre los 15 y los 20 ºC mayor germinación de conidios.

-Entre 20 y 22 ºC mayor esporulación.

-Entre 20 y 27 ºC es el rango óptimo para el desarrollo del oidio.

-Entre los 18 y los 22ºC se produce la floración en el viñedo.

-Entre los 22 y 26 ºC cambio de color de hojas.

-A más de 30 ºC se inhibe la germinación de conidios.

-Temperaturas superiores a 40 grados son letales para el hongo.

-Humedades relativas altas, entre el 40 y el 80%, favorecen la germinación de conidios.

-Las lluvias abundantes frenan su desarrollo, por lo que las infecciones más severas de oídio se registran en climas secos.

-De 20 a 24 ºC comienza la maduración.

¿Cuando empieza a salir de la hibernación el oídio? “A partir de los 5 grados de temperatura en que el xilema de la vid empieza a tener actividad y se abren escamas de la yema, el micelio va colonizando la superficie de los brotes que van creciendo”, explica María Luz Cabodevila.

Además, recuerda que si la brotación se detiene por temperaturas bajas, sin embargo el micelio sigue colonizando los tejidos vegetales. Son los conocidos brotes bandera en los que coloniza todo el brote.

Para tener energía para crecer, el micelio del oídio clava unos apéndices en las células de la superficie vegetal de la hoja. Estos “ganchos” tienen una función alimenticia: el hongo se nutre del nitrógeno de las células de la vid y genera azúcares para continuar creciendo y parasitando la planta.

Cuando el micelio llega a una madurez reproductiva y lo que genera es estructuras verticales, que serian los conidioforos, y en su parte superior se encuentran los conidios, que dispersan las esporas con el viento, provocando las contaminaciones secundarias.

En el momento en que la espora germina, en condiciones óptimas, de 20 a 22 grados, desde la primera espora hasta la generación de nuevas esporas que provocan infecciones secundarias pasan unos 5 días. Si las condiciones ambientales son peores, con temperaturas 30 a 32 grados, tardaría 15 días. Por tanto, es un hongo con un crecimiento muy rápido y capaz de resistir condiciones adversas. Su capacidad de infectar es más rápida que nuestra capacidad de controlar, pues tendríamos que esperar entre una aplicación y otra. Por eso la clave son las medidas de prevención”, destaca la técnica de la Unidad de Sanidad Vegetal de la Estación de Avisos de Tarragona.

“Las condiciones óptimas para su desarrollo son entre un 40 y un 80% de humedad y de 20 a 27 grados”

Las condiciones de desarrollo del odio con una humedad relativa de entre 40 y 80%, sin necesidad de agua líquida como el mildiu para su germinación, y una temperatura de 20 a 27 grados. A partir de 30 grados se producen problemas para su desarrollo y con más de 34 grados se paraliza su desarrollo pues se inhibe la producción de esporas y la actividad del micelio. Las lluvias abundantes frenan también su desarrollo pues desestructuran el micelio. Por eso, las infecciones más severas de oídio se registran en climas secos.

Los primeros ataques de oídio se suelen registrar en las hojas sombreadas o en el envés, pues las esporas de dispersión de los hongos son fotosensibles. En cuanto a los tejidos más susceptibles las uvas lo son desde el inicio de floración hasta que el nivel azúcares en uva llega a 8 o 10 grados brix, pues a partir de ahí las esporas del hongo no son capaces de germinar. Sin embargo, una vez establecida la infección de oídio, el desarrollo del micelio continua hasta que la uva alcanza los 15 brix. En sarmientos el ataque de oídio se puede producir hasta el inicio de lignificación.

Los daños directos más visibles que provoca el oídio en el viñedo son una reducción de la producción. Así, causa una pérdida de la capacidad fotosintética de la planta, dificultades de respiración, pues los estomas de la vid están colonizados por las esporas; cuajado pobre, freno del crecimiento de la piel de las uvas con problemas posteriores de podredumbre..etc. Además, otros daños indirectos son mal agostamiento del sarmiento, o racimos con daños por botritis o aspergillus..etc.

 

4) Medidas de prevención del oídio:

A) Medidas preventivas de carácter agronómico:

-Sistemas de conducción de la viña en emparrado o espaldera, en vez de en vaso, para lograr una mayor aireación, que la luz del sol llega a todos los racimos. Labores que permitan evitar las zonas de sombra en el cultivo: deshojado, desnietado, despampanado, poda en verde…

-Abonado nitrogenado equilibrado.Resulta muy importante pues cuando hay un exceso nitrógeno en el suelo la vid necesita absorber más agua, lo que genera estructuras celulares más débiles, brotes más tiernos, que facilitan al hongo la capacidad de colonización, que si fuera un tejido más lignificado”, asegura María Luz Cabodevila

-Control del riego: al aumentar la humedad relativa de la finca se crea un microclima perfecto para que el hongo prospere. El riego también da lugar a más masa foliar y a zonas sombreadas. Además, si tenemos mucha masa foliar el producto fitosanitario queda más en las hojas y no llega a la uva.

-Controlar plantas espontáneas susceptibles al oídio, como la correola.

B) Medidas de control biológico:

En el odio de la viña el control biológico es la estrategia más débil”, subraya la técnica catalana. Las recomendaciones en este sentido son:

-Eliminar las partes afectadas para reducir la presencia de inóculo.

-Utilizar trampas de esporas, índices de riesgo..etc. para prevenir su presencia.

En mildiu funcionan muy bien pero en odio es complicado porque se necesitan zonas homogéneas”, precisa.

-En control biológico el único producto autorizado es el microorganismo CAPA AQ10 del Ampelomyces. A este respecto, María Luz Cabodevila explica que “hay muy pocos fungicidas que sean tan cáusticos que consigan controlar las formas hibernantes del hongo. Sin embargo, el Ampelomyces si puede colonizar todos los ciclos del odio. Entra dentro de la hifa del micelio del hongo del odio y genera antibóticos que desestructuran el micelio desde dentro. Pero para ello necesita humedades relativas superiores al 85% y en viñedo son difíciles de obtener”.

Este microorganismo tiene muy buenos resultados porque parasita todo tipo de oidios, no sólo en viña, y también da buenos resultados en invernadero gracias a que se pueden regular las condiciones climáticas”, añade.

C) Medidas de control químico racional:

Debe ser el último recurso en la lucha contra el oídio y sólo se pueden emplear productos autorizados por el Ministerio de Agricultura.

Este es el listado de productos autorizados contra el oídio en viñedo.

A este respecto, la técnica de la Unidad de Sanidad Vegetal de la Estación de Avisos de Tarragona advierte de que “el problema es que desde la directiva de usos sostenibles se revisaron las materias activas y las más toxicas fueron cayendo, con lo que cada vez tenemos menos productos que lo mataban todo, si bien es cierto que cada Comunidad Autónoma puede realizar autorizaciones excepcionales para zonas o épocas concretas”.

Se pueden emplear tres tipos de fungicidas contra el oídio:

-Sistémicos: Penetran en el tejido vegetal de la vid, con movimiento desde la raíz hasta las ramas, a través del xilema.

-Penetrantes: Entran en el material vegetal foliar y de racimos y se expanden como una mancha de aceite por esa zona, pero no protegen las nuevas brotaciones.

-De contacto: Solo protegen lo que tocan.

Los sistémicos y penetrantes resisten el lavado por la lluvia, de forma que después de una hora de aplicarlos ya estaría protegida nuestra finca aunque lloviese. Los de contacto, con lluvias a partir de determinadas pluviometría, son lavados y habría que repetir tratamiento”, explica.

Un aspecto clave es alternar las materias activas para reducir la probabilidad de que se generen hongos de mildiu resistentes.

D) Azufre:

Es el producto químico tradicionalmente usado contra el oídio y que se sigue usando por su bajo coste y por su efecto preventivo y curativo muy importante. Se emplea desde hace más de 2.000 años y desde 1885 se generalizó su uso en viña.

A este respecto, María Luz Cabodevila recuerda que “el azufre es un producto de contacto, por lo que es muy importante el tamaño de las partículas, de forma que cuando más pequeñas mejor cobertura se logra en la zona a proteger o a erradicar de odio”.

El azufre tiene un efecto tanto por contacto como también efecto vapor, con más de 18 grados de temperatura ambiente, penetrando dentro del tejido vegetal, y generando un efecto que se mantiene durante 8 horas y con un punto álgido en la tercera hora.

Recomendaciones:

-A partir de 30 grados no utilizar el azufre, pues provocaría fitotoxicidad.

-Es importante no aplicarlo con hoja mojada de rocío, pues el azufre se quedaría aglomerado en bola y no se dispersaría.

-Una buena luminosidad aumenta el efecto vapor, mientras que el viento reduce su eficacia.

-Se recomienda tratar con azufre de madrugada o al atardecer.

-El azufre en polvo es más tóxico para el aplicador que el mojable.

-Aplicaciones de azufres espolvoreados a dosis muy altas provocan problemas de araña amarilla.

-Los azufres mojables se pueden mezclar con otros productos fitosanitarios, pero es necesario asesorarse para evitar incompatibilidades.

-En viticultura ecológica se recomienda un primer tratamiento con azufre mojable y los otros tres con espolvoreo. En floración no se recomienda mojable porque puede favorecer la caída de flor.

-En convencional se recomienda realizar dos primeros tratamientos con fungicida orgánico, porque aún no hemos llegado a 18 grados de temperatura en campo para conseguir el efecto vapor.

E) Momentos para el tratamiento:

Las estrategias de tratamiento se deben planificar a principios de campaña, no improvisar. En condiciones normales y variedades no especialmente sensibles los momentos de tratamiento serían cuatro:

-Inicio de brotación, con entre 10 y 15 centímetros de longitud de los brotes.

-Inicio de floración.

-Con uva tamaño grano con tamaño guisante.

-De forma optativa, en el inicio de envero. A partir de ahí uva tiene más de 8 grados brix y no sería necesario tratar, pues es resistente el oídio.

Además, se recomienda tratar fila por fila, pues de saltar una fila aumentaríamos el inóculo de oídio en la parcela.

F) Manejo para evitar resistencias:

-Alternar diversos tipos de fungicidas.

-Leer la etiqueta del producto.

-Respetar el número de aplicaciones máximo. Si aplicamos de más podemos generar resistencias.

-No reducir las dosis, aplicar las recomendadas. “Una de las causas más comunes de aparición de resistencias es utilizar productos a dosis más bajas de lo que aconseja el fabricante”, advierte.

-Asegurar buena aplicación y mojado.

-Maquinaria en buen estado.

image_print

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información