(II) La polarización en el uso de la tierra: intensificación en unas zonas y abandono en otras

La pérdida de superficie agraria en las últimas décadas ha sido desigual en el conjunto de Galicia, manteniéndose el uso agroganadero en zonas de alta concentración de explotaciones lecheras mientras en el resto de la comunidad la falta de demanda incentivó el abandono. La intensificación de la producción llevó a que el 40% de la leche producida de España se concentre en el 8% del territorio gallego

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Obras de ampliación dunha explotación na parroquia de Álvare (A Pastoriza) unha das de maior produción de leite de Galicia

Obras de ampliación de una explotación en la parroquia de Álvare (A Pastoriza) una de las de mayor producción de leche de Galicia

La parroquia de Álvare, en A Pastoriza, es un lugar especializado en la producción de leche. Tanto que las dos docenas de explotaciones que hay en la parroquia no dejan de crecer día a día y producen entre ella solas más leche que muchas comunidades autónomas del Estado.

También rivalizan por la tierra. En Álvare no queda un metro de tierra sin labrar y los pies de eucalipto están en clara desventaja frente a los de maíz. Igual que acontece en otras zonas de Galicia, las explotaciones precisan tierra, pero hay poca disponible.

Es una situación que también se da en otros ayuntamientos de A Terra Chá y en otras comarcas de Galicia, como Xallas, Ordes o el Deza, mientras en amplias zonas de nuestra comunidad las fincas quedan abandonadas por no haber quien las trabaje.

Es la cara y la cruz de la moneda de la evolución de la superficie agraria en Galicia en las últimas décadas, una disparidad que se sigue acrecentando. Quico Ónega, del Laboratorio del Territorio (Laborate) de la Universidad de Santiago, indica que lo que se produjo fue «una regresión continua en términos agregados de la SAU en Galicia con aguante en algún ayuntamiento vinculado la explotación lechera y en menor medida en algún otro con ganadería de carne».

Concentración de la producción agroganadera en Galicia

«La evolución desigual de la superficie agraria en todo Galicia en los últimos 30 años es un factor relevante, porque se va polarizando la explotación de la tierra», añade. «Se pierde SAU y ese proceso no se frenó aún mientras la producción tiende a concentrarse en zonas concretas. A pesar de que los ayuntamientos con más producción lechera fueron capaces de mantener su superficie agraria y en algún otro, como por ejemplo en Cervantes y algún lugar puntual de Ourense, se están dando procesos de recuperación paulatina con expansión de la ganadería de carne, hay otras zonas donde el descenso fue mucho más acusado», explica.

«El periodo posterior a la entrada de España en la Comunidad Económica Europea fue un periodo muy dinámico en el que las principales tendencias de cambio se distribuyeron de manera desigual por el territorio», afirmaban también Eduardo Corbelle y Rafael Creciente en el artículo Urbanización, Forestación y Abandono. Cambios recientes en el paisaje de Galicia, 1985-2005, publicado en el año 2014 en la Revista Galega de Economía.

El abandono ha sido desigual: la costa se urbanizó y se forestó, la montaña quedó sin actividad y el centro de Galicia se especializó e intensificó la produción de leche

El análisis hecho en este trabajo a nivel parroquial sugiere una tendencia a la diferenciación y a la especialización entre diferentes zonas: las áreas costeras aparecen caracterizadas por el dominio de la forestación y de la urbanización, las áreas de montaña por el dominio de las cubiertas naturales, que aumentan a consecuencia de la falta de actividad humana, «y se distingue claramente un área intermedia en la que la actividad agrícola y ganadera no solo se mantiene sino que, incluso, se incrementa», aseguran.

«El corolario es obvio y sugiere que no es necesaria –ni probablemente deseable– la aplicación de las mismas políticas (de desarrollo rural pero también de ordenación del territorio o de planeamiento urbanístico) en todo el te- rritorio de Galicia», concluyen.

Aumento de la SAU en zonas lecheras

Los distintos expertos afirman que los ayuntamientos del núcleo duro de la producción de leche en Galicia mantuvieron o incluso aumentaron (por la vía de roturar fincas de monte) la superficie agraria en los últimos años al tiempo que se perdía a pasos agigantados en el resto del territorio.

«La cabaña ganadera se concentra en cada vez menos ayuntamientos y hoy el 80% de las vacas de leche de Galicia se concentra en 20 ayuntamientos, cuando en Galicia hay 314», argumenta Quico. Corbelle y Creciente identificaban como “zonas de ganadería moderna” estos lugares donde la tierra mantuvo su uso agrario predominante. «Esta es la verdadera reserva agrícola de Galicia, pero aun así en ella también se incrementa la superficie ocupada por plantaciones de arbolado, por lo que es plausible suponer que estas últimas supusieron una fuerte competencia y, por lo tanto, hasta cierto punto un obstáculo para la movilidad y la reestructuración del sector agrícola y ganadero», afirman.

La producción de leche de Galicia en el año 1995, con 70.000 explotaciones, era de 1,5 millones de toneladas. Hoy las 7.400 que quedan en activo producen 2,7 millones de toneladas

La producción de leche en Galicia no ha dejado de crecer a pesar de la desaparición acelerada de explotaciones (en el año 1995, con 70.000 explotaciones, nuestra comunidad producía 1,5 millones de toneladas; hoy las 7.400 que quedan en activo producen 2,7 millones de toneladas) y tras la desaparición de las cuotas lácteas en el año 2015 incluso se disparó, con un incremento del 12% en tres años.

Con todo, esta producción está concentrada cada vez más en un menor número de zonas del territorio. Los 20 ayuntamientos mayores productores de leche en Galicia (por esta orden: Mazaricos, A Pastoriza, Lalín, Castro de Rei, Santa Comba, Frades, Sarria, Arzúa, Cospeito, Chantada, Pol, Guntín, Mesía, Trazo, Rodeiro, Lugo, Silleda, Taboada, Guitiriz y Tordoia) suman 1’3 millones de toneladas, prácticamente la mitad de la producción de leche de Galicia. Tras la desaparición de las cuotas lácteas estos 20 ayuntamientos aumentaron un 25% su producción de leche, el doble que el conjunto de Galicia.

Intensificación y dependencia 

Produción de millo nunha explotación da comarca de Sarria

Produción de maíz en una explotación de la comarca de Sarria

«La producción de leche se fue comprimiendo en una zona cada vez menor del territorio y hoy en 220.000 hectáreas de SAU, que equivalen al 8% del territorio gallego, está el 40% de la producción de leche de España», evidencia el profesor de Estructura Económica de la USC e impulsor del Banco de Terras Edelmiro López, que identificaba ya en su tesis doctoral en el año 1995 esta tendencia a la concentración productiva y las dificultades existentes para la movilidad de la tierra en nuestra comunidad.

Las explotaciones de leche gallegas disponen de un promedio de unas 20 hectáreas de superficie agraria, la mitad de lo que maneja de media una granja lechera en el resto de Europa. Y esa imposibilidad de incrementar la superficie agraria en paralelo al número de cabezas de ganado llevó a la intensificación del sector lácteo gallego acentuando su dependencia de factores externos como los incrementos de precios de los cereales a nivel internacional.

«Las explotaciones tuvieron que aumentar su escala de producción porque el margen por unidad, es decir, por vaca y por litro de leche, se fue haciendo menor. Esto te lleva la una inercia en la que te vas especializando en el trabajo ganadero y relegando el trabajo agrario. Ese modelo funciona bien cuando tienes garantizados los insumos necesarios, como el pienso o los forrajes, a precios bajos y estables pero es problemático en momentos de subidas o desajustes», asegura Edelmiro.

La producción de leche se fue comprimiendo en una zona cada vez menor del territorio y hoy en 220.000 hectáreas de SAU, que equivalen al 8% del territorio gallego, está el 40% de la producción de leche de España

Hoy se produce más leche por granja en Galicia debido al incremento de su tamaño y a la mejora de la eficiencia productiva pero con menos superficie (350.000 hectáreas en el año 1989 frente a las 220.000 del año 2016) lo que hace que la dependencia de concentrados o de la adquisición de forrajes u otros elementos de la ración aumente. «Solo una quinta parte de la superficie en Galicia está destinada a cultivos y pastos cuando en Europa es el doble», indica.

Por eso considera que uno de los objetivos que debería perseguir la nueva Ley de movilidad de tierras que está elaborando la Xunta tiene que ser el de «aumentar las producciones de bienes agrarios en los que somos deficitarios y que ahora compramos fuera», tanto destinados la alimentación humana (cereales y productos hortofrutícolas) como a alimentación del ganado (cereales y forrajes), de manera que sea posible «sustituir alimentos para el ganado que ahora tenemos que importar por alimentos producidos en la propia explotación», lo que generaría, dice, un doble beneficio: «ahorro económico a las ganaderías y ahorro de dinero público en apagar fuegos en verano», concluye.

Casi un tercio de las tierras de las explotaciones que cierran no se incorpora a las que continúan en activo

A la fragmentación de la propiedad (que hace que sea poco rentable trabajar muchas fincas por su pequeño tamaño y su dispersión) se añade la escasa movilidad de tierras en Galicia, lo que dificulta el crecimiento y redimensionamiento de las explotaciones que continúan en activo al impedir el incremento parejo de las cabezas de ganado y de la superficie agraria útil de la que disponen.

Edelmiro López advertía ya de esta situación en el año 2000 en un estudio titulado El sector agrario gallego a las puertas del siglo XXI: balance de  sus transformaciones recientes, publicado en la Revista Galega de Economía, en el que analizaba el periodo 1986-2000: «Del análisis de la transferencia de las tierras liberadas por esas unidades desaparecidas a las que continúan en activo los datos sugieren que se mantuvieron en esencia las pautas observadas en las décadas precedentes, es decir que la mayor parte de esas tierras no fueron vendidas ni cedidas en arrendamiento a otros agricultores, sino que quedaron desmovilizadas para la producción agraria».

Esta situación no ha variado sustancialmente y continúa dándose a día de hoy en niveles importantes. De la poca transferencia de tierras que se produce en nuestra comunidad actualmente da testimonio un dato que aporta el profesor Francisco Sineiro, según el cual un 29% de las tierras que tenían las explotaciones lecheras que cerraron en Galicia en la última década no se incorporaron a las explotaciones que continuaron en activo.

Analizando los datos de la Encuesta sobre la estructura de las explotaciones agrícolas, que publica el INE, del año 2007 a 2016 la superficie utilizada por las explotaciones lecheras habría descendido desde 303.000 hectáreas a 215.000. «Serían 88.000 hectáreas menos destinadas a la producción de leche en 10 años», evidencia Sineiro, que pone de manifiesto que «no se trata tan sólo de disponibilidad, sino también de tamaño de las parcelas, porque a veces aunque haya fincas disponibles no se pueden incorporar si están lejos o si son pequeñas», razona.

La tierra fue el gran factor limitante para las explotaciones en el pasado y aún lo será más en el futuro dadas las nuevas limitaciones ambientales fijadas por la UE y los nuevos condicionantes para acceder a las ayudas de la PAC

Esta falta de superficie aprovechable es un freno a la mejora de la productividad de las explotaciones e incluso supone un riesgo para su viabilidad futura. «La tierra fue el gran factor limitante para las explotaciones en el pasado y aún lo será más en el futuro dadas las nuevas limitaciones ambientales fijadas por la UE y los nuevos condicionantes para acceder a las ayudas de la PAC», asegura.

La resistencia de muchos propietarios a vender o ceder el uso de sus terrenos es un problema de idiosincrasia de Galicia que hace falta cambiar y que se puede estimular mediante medidas fiscales y haciendo cumplir la legislación sobre usos de la tierra. «El mercado de tierras no se arregla por sí solo, hacen falta políticas públicas», defiende Sineiro, que añade que «la responsabilidad de mantener los usos agrarios de la tierra es tanto de la Xunta como de los Ayuntamientos a través de los Planes Generales de Ordenación Municipal». «En muchos sitios vemos como se hicieron urbanizaciones o polígonos industriales en tierras agrarias de alto valor, incluso fueron hechas infraestructuras de este tipo en fincas que habían entrado en concentraciones parcelarias», indica.

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