«Empecé a sentirme valorado como ganadero cuando empezamos a comercializar nosotros la carne»

Luis Rodríguez tiene, junto con su mujer, Esther Torreira, una ganadería en Agolada en la que hace 8 años comenzó a encargarse del despiece y distribución de la carne. El trato directo con el consumidor es uno de los aspectos que más aprecia y lo motiva para seguir apostando por la crianza en ecológico, que reivindica

«Empecé a sentirme valorado como ganadero cuando empezamos a comercializar nosotros la carne»

Luis Rodríguez con algunas de las vacas limiás que tiene en la ganadería.

Chotoiba es la ganadería de vacuno de carne en ecológico que Luis Rodríguez y Esther Torreira tienen en la parroquia de As Trabancas, en Agolada (Pontevedra). Este nombre, que alude a la finca donde se asienta la ganadería, se fue haciendo un hueco en el mercado desde hace 8 años, pues la propia granja se encarga de comercializar la carne de los terneros de Rubia Gallega y Limiá que cría. «Empecé a sentirme valorado como ganadero cuando comenzamos a comercializar nosotros la carne», señala Luis.

«Encuentras que el cliente valora el esfuerzo que haces por ofrecer carne de calidad criada de una manera respetuosa»

Así, combinan las labores en la ganadería con el procesado y distribución de la carne por casi toda Galicia. «Antes atendiamos el ganado hasta que el carnicero venía a por los becerros y todo acababa ahí. Ahora encuentras que el cliente valora el esfuerzo que haces por ofrecer carne de calidad criada de una manera respetuosa», destaca el ganadero.

La venta directa, una opción de hacer rentable el ecológico

Empezaron a comercializar y procesar la carne tras un acuerdo con un carnicero de la zona, certificando en ecológico. «Los comienzos al amparo de este carnicero fueron muy bien y enseguida conseguimos darle salida a toda la carne que ibamos teniendo», recuerda Luis. En octubre hará dos años que optaron por disponer de su propia sala de despiece, situada en el centro de Agolada, donde entre los dos, y con la colaboración puntual de otra persona, preparan los pedidos.

Tienen una sala de despiece en el centro de Agolada donde preparan la carne.

El trabajo en Chotoita se reparte ahora en atender el ganado y realizar dos despieces al mes. Sacrifican los animales en el matadero de Vila de Cruces, que cuenta con la distinción para ecológico, y luego la carne permanece entre 10 o 15 días madurando. Luis y Esther suelen sacrificar 3 o 4 becerros cada vez, en función de la demanda, con 12 meses y alrededor de 190 kilos.

Tras el despiece, preparan lotes de 5 kilos con partes para asar, guisar, carne picada, costilletas y filetes. Incluyen un kilo de cada tipo de carne, que llega envasada al vacío y en una caja isotérmica al consumidor. Estos lotes los comercializan a 13 euros el kilo pero también tienen pedidos de despieces concretos, donde valoran la encarga y cuentan con una tarifa de precios.

Una vez a la semana se encargan del reparto de la zona de A Coruña y Lugo y otro día se centran en el sur de Galicia. También distribuyen fuera de Galicia, mediante un servicio de mensajería, a zonas como Madrid, Segovia o Cataluña. «En estas zonas es gente que nos conoce a través de familiares que nos compran en Galicia y que nos piden que les enviemos», explica Luis.

«La mayoría de los clientes están comprometidos con la ganadería ecológica o quieren comprar al productor»

Su clientela son tanto tiendas especializadas como particulares que optan por encargos directos. «La mayor parte de nuestros clientes están comprometidos con esta manera de entender la ganadería en ecológico, pero también hay quien lo hace porque quiere comprar a pequeños productores», reconoce Luis.

La comercialización directa de la carne fue una de las maneras que procuraron para conseguir que la producción en ecológico les resultase rentable. «Estar en ecológico comenzó a agobiarme porque producías en ecológico pero no había ventas en ecológico, incluso los precios que te ofrecían eran más bajos que en convencional», recuerda Esther.

La facilidad de parto y de crianza de los becerros hace que prefieran las vacas limiás.

En la granja reconocen que incluso barajaron dejar de producir en ecológico por los precios del pienso, «aunque nosotros queríamos seguir trabajando de este modo porque es nuestra manera de entender la ganadería y nuestra manera de pensar desde hace muchos años», matizan.

Luis y Esther llevan certificando en ecológico desde 2003. «Al comienzo del Craega, desde la administración no había ni información, decían que lo de producir en ecológico era cosa de hippies», recuerda Luis.

Cerrar el ciclo

Otra de las alternativas que valoraron en Chotoiba en los primeros tiempos en ecológico fue cerrar el ciclo de producción. Para eso comenzaron a producir sus propios cereales.

Durante años cultivaron maíz, trigo, centeno y mismo guisantes forrajeros en ecológico para elaborar su propio pienso. Adquirieron un molino en el que semanalmente se encargaban de moler los cereales. Pero desde hace 4 años dejaron de producir de este modo.

Llegaron a producir su propio cereal. Sembraron maíz, guisante, trigo y centeno y se encargaban de hacer ellos la mezcla

Lo que más desanimó a Luis e hizo que dejara de producir el pienso fue el escaso apoyo que recibió por parte de las entidades y administraciones. «Deberían de favorecer a los pequeños productores que optamos por cerrar el ciclo y, en vez de eso, parece que sólo buscan apoyar a los grandes y a los intereses económicos», critica. Ahora compra el pienso, como hacían al comienzo, y produce los forrajes de hierba seca y silo de hierba.

Pese a eso, en Chotoiba siempre apostaron por diferenciarse y probar cosas nuevas. Así, también optaron por producir purines ecológicos a base de ortigas para emplear en el abonado de los campos junto con el abono de los terneros. «Es muy laborioso y al tener que aplicarlo con una sulfatadora la gente ya piensa que empleas algo químico aunque nosotros tengamos la conciencia tranquila», explica el ganadero.

Las vacas limiás las tiene siempre en una parcela de unas 23 hectáreas donde permanecen también los terneros y el toro.

Cambiar las Rubias por las Limiás

Luis y Esther cuentan con un rebaño de unos 140 animales, unas 87 vacas y entre 40 o 50 terneros de distintas edades. Comenzaron con Rubia Gallega y hace 6 años llegaron las Limiás, procedentes de una ganadería de Samos que cerraba.

Trajeron un lote de 26 animales en el que también se incluía un buey, que aún continúa en la ganadería. «Sigue teniendo muy buenas formas y aquí sigue aunque traje otro de Fontefiz con la intención de cambiarlo, pero por ahora tenemos los dos de sementales», indica el ganadero. Es un ejemplo de la filosofía que impera en Chotoiba, donde no todo se basa en la productividad y la rentabilidad económica.

Los problemas en el parto y de los novillos de Rubia Gallega motivan que Luis decida apostar cada vez más por la Limiá

Los primeros tiempos de las vacas limiás en la ganadería resultaron complicados. En los primeros días les escaparon 3 vacas y una de ellas tardaron más de 20 días en conseguir recuperarla. «La teníamos localizada pero no quería saber nada de tratar con gente. Después me enteré de que habían sufrido maltrato en el traslado y comprendí su reacción», comenta.

En estos años, Luis se hizo cada vez más partidario de la crianza de la vaca Limiá hasta el punto de comenzar a reducir el número de rubias, aunque siguen a ser mayoría en el rebaño.

El ganadero apunta a los problemas en los partos y a las dificultades de los terneros cuando nacen como puntos débiles de la Rubia frente a la Limiá. Así, ya no tiene toro de Rubia Gallega aunque sigue inseminando algunas vacas con sementales de esta raza. «Busco algo de satisfacción con el trabajo y no encontrar problemas todos los días. Se trata de procurar un bienestar tanto para los animales como para mí», reivindica el ganadero.

La mayoría del rebaño es de Rubia Gallega.

Aunque el rendimiento de los terneros de Limiá es inferior a los de Rubia Gallega, para Luis le compensa. «Los de Limiá acabados de nacer ya los tienes mamando y a los otros les cuesta más comenzar a mamar y suelen tener más problemas en la crianza», apunta.

«Quisieron mejorar tanto la morfología que la Rubia Gallega perdió su instinto de madre y su esencia. Ya no queda nada de aquella vaca que antes trabajaba, sacaba terneros y daba leche», prepocha el ganadero. A eso se suma que también estén teniendo más problemas en verano con la mosca, provocándoles mamitis.

De los primeros en emplear fincas del Banco de Tierras

Luis es partidario de que el ganado pase el mayor tiempo posible fuera, en el pasto pero todas las mañanas, con la ayuda de un operario, revisa el ganado y agrupa los terneros rubios que están con las madres para darle hierba seca y cereal. Sólo le da pienso a los terneros o, en casos, muy puntuales a determinadas vacas.

Los terneros salen en busca de las madres para mamar, hasta que los destetan a los 8 meses.

Por la tarde, vuelve a juntar los terneros con las madres, para que pasen buena parte del día y la noche con ellas. «En verano preferimos tenerlos recogidos en las horas centrales del día y le abrimos más por la fresca, el resto del año pasan casi todo el día con las madres», explica.

Tienen el ganado repartido en tres lotes, por una parte las rubias en gestación, por otra las vacas con terneros y otro grupo con las limiás, que tiene siempre en una misma parcela de unas 23 hectáreas. «Como me escaparon al principio prefiero tenerlas aquí porque están bien y no tengo que andarlas cambiando», indica el ganadero.

Los otros dos lotes van rotando por las distintas fincas. Cuentan con unas 45 hectáreas en propiedad a las que se suman otras 18 del Banco de Tierras. «Fuimos de los primeros en alquilar al Banco de Tierras. Al principio había una gran desinformación que hizo que hubiera mucha desconfianza por parte de los vecinos», recuerda.

Pasaron de pagar alrededor de 30 euros por hectárea en los primeros años a más de 200 en la actualidad en el Banco de Tierras

Luis también recrimina el incremento de las tarifas que experimentaron en los últimos años. Ahora están pagando más de 200 euros por hectárea frente a los alrededor de 30 euros de alquiler que abonaron en los primeros años. «Cogimos las fincas totalmente abandonadas, llenas de matorrales y tuvimos que prepararlas y ahora nos ponen estos alquileres. Quieren que seamos europeos pero estos precios superan a los del resto de Europa. En otros países como Francia hay otra organización del territorio y los ganaderos no tienen estas limitaciones», protesta el ganadero.

En esta zona también están teniendo una importante incidencia del lobo sobre la ganadería. «Hay algo más de un año estuvimos 4 o 5 meses teniendo ataques del lobo casi todos los meses», comenta.

En la mayoría de las incursiones del lobo, las bajas son de terneros pero también llegaron a matarle una vaca limiá que atacaron durante lo parto. «Yo no estoy en contra del lobo en el monte pero sí de quien quiere tenerlo y que se alimente comiéndonos el ganado», reivindica al tiempo que aboga por emplear comederos selectivos en el monte.

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Una idea sobre “«Empecé a sentirme valorado como ganadero cuando empezamos a comercializar nosotros la carne»

  1. Maribel Mendoza

    me gustaría probar la carne de vuestra ganadería y saber los precios yo vivo en en Alovera al lado de Guadalajara en y Madrid

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