(I) ¿A dónde han ido a parar más de 150.000 hectáreas de tierras productivas en Galicia en las últimas décadas?

En los últimos 30 años Galicia perdió un 20% de su superficie agraria útil y tiene en este momento cerca de 900.000 hectáreas a matorral, mientras la falta de tierra es uno de los mayores problemas para las explotaciones que siguen en activo

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Vista do concello do Páramo, con concentracións parcelarias pendentes desde fai décadas

Vista del municipio de O Páramo, con concentraciones parcelarias pendientes desde hay décadas

¿Cuánta superficie agraria hay en Galicia? ¿Cómo fue su evolución en los últimos años? ¿Cuántas tierras productivas se han ido perdiendo a medida que iban desapareciendo las explotaciones que las mantenían? ¿En qué situación se encuentran esas fincas? ¿Cuántas de ellas cambiaron de uso y pasaron a ser monte? En total, ¿cuánta superficie abandonada hay hoy en Galicia? ¿Cuánta de esa superficie podría tener usos agrarios? ¿Qué habría que hacer para recuperarla y qué se ha hecho mal hasta ahora?

Son preguntas a las que trataremos de dar respuesta en los próximos días en una serie de artículos en los que, con la ayuda de expertos, analizaremos cuál es la situación actual de partida a la que se enfrenta la nueva Ley de Recuperación y Puesta en Valor de Tierras Agrarias que ultima la Xunta y que, según avanza la Consellería de Medio Rural, aunque sin concretar fechas concretas ni plazos para su aprobación, está a punto de iniciar su tramitación parlamentaria. Esta es la radiografía del uso de la tierra en Galicia, sus déficits y sus posibilidades.

Nuestra comunidad perdió en los últimos 30 años más de 150.000 hectáreas productivas, un 20% de su superficie agraria útil, y tiene en este momento cerca de 900.000 hectáreas a matorral, una parte de ellas con una muy buena aptitud productiva, cuando paradógicamente muchas de las explotaciones que siguen en activo tienen precisamente en la escasez de tierra disponible uno de los principales frenos a su actividad.

La superficie agrícola utilizada actualmente en Galicia estaría algo por debajo de las 700.000 hectáreas, lo que representa menos de una cuarta parte del territorio total de la comunidad

Con el 6% del total de la superficie rústica del Estado, Galicia concentra el 28% del número total de fincas existentes en España. Nuestra comunidad tiene 11 millones de parcelas rústicas pertenecientes a 1,6 millones de propietarios, lo que quiere decir que dos de cada tres gallegos poseen cuando menos una finca rústica, que cada propietario en nuestra comunidad cuenta de promedio con 6,6 parcelas y que la parcela media no llega a los 2.500 metros cuadrados de superficie.

La persistencia de estos graves déficits estructurales (escasa superficie útil por explotación y reducido tamaño de las parcelas) limita el crecimiento del sector agrario gallego. Si bien se ha producido en las últimas décadas una restructuración del sector a consecuencia de la desaparición de dos de cada tres explotaciones en los últimos 30 años, la situación de la tierra no ha mudado sustancialmente (más allá del incremento producido en la superficie por explotación, motivado en gran medida por el efecto estadístico de la notable reducción en el número de explotaciones) y las reticencias tradicionales a figuras como el alquiler o las dificultades para la movilidad de la tierra, muchas de ellas de carácter cultural o motivadas por una legislación permisiva, hacen que una parte de las hectáreas de las explotaciones que cierran no se transfieran a las que siguen en activo, pasando a situación de abandono o a forestación.

grafico evolución SAU en Galicia copia

Falta de datos fiables actualizados

En el caso de las explotaciones más profesionalizadas o que reciben fondos de la PAC existen datos fiables y actualizados vinculados a las declaraciones obligatorias necesarias para tener derecho a estas ayudas y herramientas como el Sistema de Información Geográfica de Identificación de Parcelas Agrícolas (SIGPAC) aportan datos sobre los usos en las distintas parcelas. El problema surge a la hora de contabilizar la totalidad de la superficie agraria.

«Tenemos dificultades para ponerle datos reales la cuanta superficie agraria útil hay en Galicia. Parece mentira pero a día de hoy tenemos datos aproximados, pero fidedignos no hay», asegura Quico Ónega, del Laboratorio del Territorio (Laborate) da Universidad de Santiago. Concuerda con esta apreciación su compañero Eduardo Corbelle: «es difícil dar estimaciones muy precisas respeto de la superficie ocupada por un determinado uso o cubierta. La razón tiene que ver con diferencias metodológicas, de escala o de criterio entre las fuentes existentes. En mi opinión, las cifras que todos manejamos a día de hoy deberían tomarse con cierta prudencia, porque puede haber variaciones de varios miles o decenas de miles de hectáreas fácilmente atribuibles a estas diferencias metodológicas», afirma.

«Tenemos dificultades para ponerle datos reales a cuánta superficie agraria útil hay en Galicia. Parece mentira pero a día de hoy tenemos datos aproximados, pero fidedignos no hay», asegura Quico Ónega

Una de las bases de datos más empleadas, y que permite hacer una evolución histórica de las últimas décadas, es la Encuesta sobre la estructura de las explotaciones agrícolas, que publica el INE. Sin embargo, al tratarse de una encuesta está basada en las respuestas emitidas por agricultores y ganaderos, sin que exista comprobación exhaustiva de la veracidad de las respuestas. «Se encuesta a las explotaciones en sentido amplio, igual que en los censos agrarios que publica el IGE, pero son fuentes declarativas en las que la fiabilidad no es absoluta», indica Quico. El problema para hacer comparaciones históricas son también los cambios metodológicos hechos tanto en la Encuesta de Estructura como en el Censo Agrario a lo largo de los años, lo que provoca variaciones estadísticas en los resultados obtenidos.

Para salvar la subjetividad de las respuestas de las distintas encuestas en el Laborate trabajan con fuentes alternativas de tipo cartográfico. «El problema es que las metodologías para mapeos de coberturas vegetales en España y Europa no son de todo precisas porque utilizan como unidad mínima la hectárea, y en una hectárea en Galicia puede haber muchos usos», evidencia Quico.

¿Cuál es la superficie agraria total de Galicia?

Si echamos mano de la última Encuesta sobre la estructura de las explotaciones agrícolas publicada por el INE, con datos del 2016, la SAU en Galicia se situaría en 621.643 hectáreas, aunque para Quico este dato declarativo estaría varios miles de hectáreas por debajo de la realidad, algo que constataría el análisis comparativo con herramientas cartográficas.

En cualquiera caso, la superficie agrícola utilizada actualmente en Galicia se acercaría a algo menos de 700.000 hectáreas, según las magnitudes que manejan en el Laboratorio del Territorio. Esta es una estimación derivada del análisis del Sistema de Información de la Ocupación del Suelo de España (SIOSE) en su edición más reciente, de 2014. «En el momento actual, probablemente esta sea la mejor fuente para realizar la estimación», afirma Eduardo.

El 40% de la superficie de Galicia sería apta para el cultivo del maíz pero solo la mitad tendría una aptitud buena o muy buena para cultivos exigentes como este, según la caracterización productiva de los suelos de Galicia realizada por Díaz-Fierros en 1984

La superficie agraria útil representa aún no una cuarta parte a superficie total de Galicia, la mitad que en la UE, donde en numerosos países la superficie agraria llega a suponer en muchos casos el 50% del territorio. «El hecho de que la SAU actual ocupe menos de un tercio de la superficie total de Galicia tiene relación con la capacidad productiva de nuestros suelos, que tiende a ser menor de lo que normalmente pensamos», asegura este experto.

Pone como ejemplo el Mapa de Capacidad Productiva de los Suelos de Galicia, publicado por F. Díaz- Fierros y F. Gil en 1984, y que sigue siendo una referencia en la actualidad y que sugiere que solo el 40% de la superficie de Galicia sería apta para el cultivo de maíz. «Y de ese 40% solo la mitad tendría una aptitud buena o muy buena para ese cultivo», matiza Eduardo.

La aptitud productiva del suelo

grafico pendente dos solos en Galicia

El rendimiento que las explotaciones gallegas obtienen de la tierra disponible es elevado, incluso por encima de la aptitud productiva del suelo. La falta de superficie hace que muchas ganaderías intensivas siembren a maíz, por ejemplo, fincas con pendientes elevadas, en las que existe riesgo de pérdida de suelo por arrastre, o en las que el éxito del cultivo y el rendimiento final por hectárea está sometido en muchos casos a condicionantes climatológicos, con cosechas escasas en años secos. La falta de tierra hace también que se repita el cultivo año tras año en las mismas fincas, obligando a unas mayores necesidades de fertilización por el desgaste del suelo.

Es algo que se constata en las declaraciones para el cobro de ayudas de la PAC. Según los datos aportados por Eurostat en el 2010, el 60% de la SAU estaría sometida en Galicia a sistemas productivos de alta intensidad, y el restante 40% de la superficie se repartiría la partes iguales entre media y baja intensidad productiva.

Los terrenos con pendiente inferior al 12% son de vocación y uso agrícola preferente y más de un millón de hectáreas en Galicia se encontrarían por debajo de ese nivel, a partir del cual hay mayor riesgo de erosión

Más de la mitad del territorio gallego se encuentra por encima de los 400 metros de altitud y el 63% de la Superficie Agraria Útil de nuestra comunidad estaría clasificada como zona desfavorecida, según los criterios aplicados por el MAGRAMA para el establecimiento del Plan de Desarrollo Rural 2014-2020.

La pendiente media del territorio gallego es casi del 20%, umbral de pendiente crítica que según los expertos señala el inicio del arrastre del suelo, en función de sus características, toda vez que el inicio de la erosión del terreno suele comenzar a partir del 12% de pendiente, dependiendo del tipo de suelo. Los terrenos con pendiente inferior a 12% son, pues, de vocación y uso agrícola preferente y más de un millón de hectáreas en Galicia se encontrarían por debajo del nivel de pendiente del 10%.

El periodo de mayor pérdida de SAU se dio de 1985 a 2005

Si echamos mano de los datos oficiales del Ministerio de Agricultura, los correspondientes con la Encuesta sobre la estructura de las explotaciones agrícolas realizada por el INE, en los últimos 30 años Galicia habría perdido un total de 88.643 hectáreas de superficie agraria, lo que equivaldría al 12,5% de la SAU existente en 1987. Sin embargo, la mayoría de expertos consultados consideran que esta cifra se queda muy corta y que la pérdida de tierra de uso agrícola en este periodo sería muy superior, con cifras que doblarían las de las estadísticas oficiales. «La Encuesta de estructura de las explotaciones minusvalora la pérdida de SAU producida en Galicia», afirma Quico Ónega.

Concuerda con él Eduardo Corbelle: «los censos agrarios no son una fuente fiable para la estimación de superficies ni en lo relativo a las cantidades totales ni en lo tocante a las tendencias que siguen. El censo del año 1989 estimaba un total de 657.038 ha de superficie agrícola (suma de tierras labradas y tierras para pastos permanentes), mientras que los datos publicados correspondientes al censo del año 2009 estimaban un total de 647.599 ha. Se trata de una variación neta muy reducida (el 1,4% de la superficie agrícola del año 1989) comparada con la obtenida del análisis cartográfica de los mapas de uso del suelo (el 15,7% de la superficie agrícola en el período 1985-2005)».

De la comparativa de los Mapas de cultivos y aprovechamientos publicados por el Ministerio de Agricultura, la pérdida de SAU en el periodo de 1985 a 2015 sería de entre 160.000 y 185.000 hectáreas

Aún con las variaciones estadísticas que pueda haber en función de las fuentes utilizadas, lo que parece claro es que en Galicia se produjo en las últimas décadas una pérdida de superficie agraria que fue constante. Con todo, el periodo de mayor regresión de la SAU coincide con el periodo posterior a la entrada en la Comunidad Económica Europea y el establecimiento de las cuotas lácteas.

«El período posterior a la entrada de España en la CEE significó para Galicia la continuación y ahondamiento de la transformación del paisaje que había comenzado en décadas anteriores. La característica que resume este período es fundamentalmente la expansión de la superficie arbolada y la merma de la superficie dedicada al uso agrícola o ganadero» afirmaban Eduardo Corbelle y Rafael Crecente en el artículo Urbanización, Forestación y Abandono. Cambios recientes en el paisaje de Galicia, 1985-2005, publicado en el año 2014 en la Revista Gallega de Economía, y que, de la comparativa de los Mapas de cultivos y aprovechamientos publicados por el Ministerio de Agricultura, estimaba en 145.000 hectáreas la superficie agraria útil perdida en las dos décadas posteriores a la entrada en la CEE.

No existen datos posteriores conseguidos por este mismo sistema de comparar mapas de usos de la tierra, pero Eduardo indica que «sabemos que la superficie agraria continuó bajando en estos últimos años y que entre los años 2005 y 2014 probablemente se perdió entre el 2 y el 5% de la SAU existente en 2005». Eso supondría la pérdida de entre 15.000 y 40.000 hectáreas a mayores de las perdidas en el periodo anterior, por lo que el descenso total acumulado desde 1985 a 2015 sería de entre 160.000 y 185.000 hectáreas.

Urbanización, forestación y abandono

La pérdida de SAU en Galicia en las últimas décadas se debe la tres factores: la urbanización de tierras agrícolas, la forestación y el abandono. El trabajo comparativo de los Mapas de cultivos y aprovechamientos publicados por el Ministerio de Agricultura de Eduardo Corbelle y Rafa Crecente llega a la conclusión de que de 1985 a 2005 aumentaron la superficie urbanizada y la de arbolado y disminuyó la ocupada por la agricultura y la ganadería, al tiempo que grandes áreas del territorio quedaron abandonadas.

«En todo caso, el área total que dejó de ser objeto de aprovechamiento agrícola o ganadero parece haberse repartido prácticamente a partes iguales entre la que fue abandonada (y que fue cubierta por el matorral o por las formaciones de frondosas como parte de un proceso de revegetación espontánea) y la que mudó de uso a consecuencia de una decisión deliberada de sus propietarios (que la reforestaron para producir madera, o que decidieron construir en ella)», indican.

La caída de la SAU se reparte a partes iguales entre las tierras que fueron forestadas y urbanizadas y las que fueron abandonadas por ausencia de actividad

«El arbolado fue, en términos absolutos, el tipo de cubierta del suelo que más aumentó durante los veinte años analizados. En conjunto, la superficie clasificada como arbolado en los Mapas de cultivos y aprovechamientos pasó de 985.000 ha en el año 1985 a 1.254.297 ha en el 2005, estimaciones coherentes con los resultados del Inventario Forestal Nacional (IFN): el IFN2 estimaba 1.045.376 ha de monte arbolado y de monte arbolado de poca densidad en el año 1993, y el IFN3 en 1.405.452 ha en el año 2002», detallan.

En base al mapeo del territorio realizado durante el período estudiado (1985-2005) aseguran que «coexistió la revegetación espontánea y la forestación de tierras agrícolas de muy buena calidad (37.700 ha y 39.600 ha, respectivamente)». La compativa de las fuentes cartográficas de usos del suelo revelaría los siguientes datos para esas dos décadas: forestación de áreas de matorral y de superficie agrícola (235.000 y 158.000 ha, respectivamente), paso a matorral de áreas de arbolado productor de madera (131.000 ha), roturación de áreas de matorral para uso agrícola o ganadero (130.000 ha) y abandono a matorral de áreas de uso agrícola anterior (106.000 ha).

Unas 30.000 hectáreas de la mejor superficie agrícola se han perdido para siempre a consecuencia de procesos de expansión urbanística y construcción de infraestructuras

«Hay una parte muy importante de superficie agraria perdida en las últimas décadas no por abandono sino por expansión urbanística, construcción de infraestructuras o industrializada, que estaría perdida para siempre o cuando menos a medio o largo plazo, se trata en muchos casos de la mejor tierra productiva de Galicia y que ya es poco recuperable», asegura Quico.

«En total, aproximadamente 103.100 ha de tierra agrícola de buena calidad fueron ocupadas por otros usos, de las cuales 26.800 ha lo hicieron de una manera irreversible al ser ocupadas por cubiertas de tipo artificial», cuantifica el estudio de Eduardo Corbelle y Rafa Crecente.

La comparación con datos de la capacidad productiva del suelo revela que la urbanización y el mantenimiento del uso agrícola o ganadero tuvieron lugar principalmente en las tierras de mayor calidad productiva, mientras que la forestación se concentró en tierras de calidad intermedia y el abandono afectó a las de peores características.

«El análisis de correspondencias entre los cambios de uso y la clase de suelo en la que tuvieron lugar sugiere que tanto la superficie que se mantuvo con uso agrícola como la que era agrícola y fue ocupada por edicificaciones o cubiertas artificiales aparecen asociadas a los suelos de mejor calidad. Las áreas de expansión del uso agrícola (arrotea de áreas de matorral, frondosas o arbolado productor de madera) aparecen asociadas a suelos de calidad intermedia, al igual que la forestación de tierras agrícolas. El avance de áreas de matorral y frondosas aparece ligado a suelos de peor calidad y con riesgo de erosión, y en estos suelos también se concentran las plantaciones de arbolado que sustituyeron a las frondosas y al matorral», detallan.

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