De los carros a los Barreiros, un recorrido por la historia del agro

El recién inaugurado Museo del campo y la mecanización, en Silleda, ofrece un repaso por la evolución agraria y ganadera de Galicia. Conocemos más sobre este proyecto de la mano de su director

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De los carros a los Barreiros, un recorrido por la historia del agro

Manuel Iglesias, director del Museo del campo y la mecanización, con algunos de los tractores de la sala Barreiros.

El Museo del campo y la mecanización acaba de abrir sus puertas en uno de los edificios del recinto ferial de la Semana Verde, en Silleda (Pontevedra). En poco más de 4.000 metros cuadrados, repartidos en 12 salas, ofrece al visitante un recorrido por la evolución de la agricultura y la ganadería con la mirada puesta en Galicia.

«Intentamos reflejar la transformación del campo a lo largo de las distintas épocas para que el visitante comprenda que el campo no es estático, día a día evoluciona. Se puede ver cómo se fueron dando importantes avances en períodos cortos así como pequeñas evoluciones en grandes espacios de tiempo», concreta Manuel Iglesias, director del museo y uno de sus impulsores, en el marco de una Fundación que lleva por nombre Fundación Campo Galego.

«Intentamos reflejar la transformación del campo para que el visitante comprenda que el campo no es estático, día a día evoluciona», Manuel Iglesias, director del museo

El visitante realiza un recorrido desde la prehistoria hasta la mecanización del campo con piezas presentes en el campo aun a finales del siglo pasado. Reproducciones y piezas originales muestran la evolución de la agricultura deteniéndose en sectores claves para Galicia como el lácteo o la viticultura, así como con salas específicas para la maquinaria agrícola, los carros o los tractores Barreiros.

«Contamos tanto con piezas originales, llegadas desde distintos puntos de toda Galicia, como con reproducciones realizadas expresamente basadas en la documentación que se tiene de las distintas épocas», concreta Iglesias.

El campo en 12 espacios

Los primeros homínidos son el punto de arranque de este repaso de la relación del ser humano con la tierra. Las salas iniciales las conforman reproducciones de herramientas rudimentarias empleadas para actividades como la caza durante la prehistoria.

Transformaciones claves, como el manejo del fuego, dan paso a las primeras muestras de trabajo de la tierra. Aparecen arados, empleados por los humanos y también tirados por tracción animal, así como herramientas que incorporan el hierro para labrar la tierra. Una pequeña muestra de monedas da cuenta también del inicio y la evolución del comercio.

La sala de viticultura cuenta con prensas, alambiques e incluso un huso de un antiguo lagar.

Leche
La leche es uno de los ejes con entidad propia dentro del museo, con una sala donde comparten espacio aperos empleados tanto para la comercialización en épocas pasadas, con las lecheras; así como para su transformación en yogures, mantequilla o queso.

El museo dispone de salas específicas sobre sectores claves en Galicia como el lácteo o la viticultura

Las ordeñadoras, símbolo del salto a una producción más intensiva en el sector lácteo tienen también su espacio en la sala. Precisamente, una muestra que recopila distintos tipos de una de las piezas de las ordeñadoras, los pulsados, recuerda esa evolución más liviana que sufre el campo en el día a día.

Viticultura
La viticultura es otra de las salas temáticas del museo, que cuenta con barriles y prensas para la elaboración del vino así como alambiques o partes de antiguos lagares. «Nuestra intención es continuar incorporando piezas y que el museo siga creciendo y evolucionando. Así es que estamos trabajando ya en la recuperación y restauración de otras piezas, así como de representaciones a escala de algunas de las que tenemos en el museo, como el lagar del que forma parte el huso que tenemos en la sala dedicada al vino, que por espacio era inviable exponer aquí», concreta Iglesias.

Aperos y maquinaria empleada en el cultivo de cereales y forrajes.

Cereales
El cultivo de cereales y forrajes para el ganado da lugar a la sala más amplia del museo, en la que se aprecia la evolución de los aperos empleados para labores como la siembra, la siega y la cosecha del trigo, el centeno o el maíz. Desde rastrillos de madera u hoces hasta segadoras tiradas por caballos comparten espacio con algunos de los primeros modelos de las populares segadoras Bertolini o malladoras del grano, ya con motor.

Junto con los aperos, un horno, un molino de agua o una muestra de pequeños hórreos de las distintas zonas de Galicia complementan el repaso. «Estamos abiertos a que estas piezas puedan formar parte también de muestras itinerantes que muestren cómo era el trabajo en el campo. Buscamos que el museo sea dinámico y pueda llegar al mayor número de personas», apuntan desde la dirección.

Diversidad de carros
Al margen de los aperos y maquinaria con la que trabajar la tierra, el museo reservó un espacio para al carro. Una muestra de 20 carros llegados desde distintas zonas de Galicia dan cuenta de la diversidad de modelos y la riqueza patrimonial de estas piezas. Así, cuentan con carros procedentes de Sarria, A Fonsagrada, El Courel, Boimorto, Deza, Santiago, la montaña ourensana, el Ribeiro o la zona del bajo Miño y Salvaterra.

El museo cuenta con una sala con 20 carros llegados de toda Galicia.

En esta sala se incluyen diferentes modelos construidos sólo a base de madera o combinando esta con hierro, modelos adaptados a la distinta orografía o a los fines para los que se empleaban así como carros tirados por vacas, bueyes, caballos o burros. «Tenemos carros fuertes que se empleaban para el transporte de piedra o materiales pesados, así como otros más ligeros, pensados para las zonas de montaña o del Ribeiro, o carros empleados para el transporte de mercancías», explica Iglesias. Sin embargo, aun están trabajando en la catalogación de estos carros con el objetivo de ofrecer la mayor cantidad de información posible sobre cada uno de los modelos, puesto que a excepción de uno de los carros, que es una réplica, el resto fueron todos utilizados en el campo.

Cuentan con 16 tractores de los modelos fabricados por la firma gallega Barreiros durante los 20 años que se comercializaron

Uno de los espacios singulares del museo es la sala Barreiros, que cuenta con 16 tractores de los modelos que la firma gallega Barreiros comercializó durante 20 años. Esta muestra, segundo apuntan desde la dirección, hace del museo el único con una colección de estas características en España.

Además, la totalidad de estos tractores fueron restaurados y se encuentran en perfecto funcionamiento. «Estos tractores vienen de estar rodando en distintas rutas clásicas y algunos de ellos incluso participaron en el homenaje que se le hizo a Barreiros este año en el circuito del Jarama», concreta el director del museo.

La colaboración directa con la familia del ourensano Eduardo Barreiros hizo que su hija Mari Luz participase en la inauguración del museo el pasado 24 de octubre, precisamente el día en el que se cumplían 100 años del nacimiento del fundador de la firma.

El museo tiene 16 tractores Barreiros, que lo convierte en el único de España con una colección de este tipo.

«Quisimos hacer un reconocimiento a uno de los empresarios que contribuyó al desarrollo del campo gallego como fue Eduardo Barreiros y recoger parte de su legado», concreta Iglesias muy vinculado a la recuperación de buena parte de estos tractores. «En los años 60 era realmente muy dificultoso poder tener un tractor, y la aparición de Barreiros, primero con convenios con la alemana Hanomag y posteriormente con Chrysler, posibilitó tener tractores fuertes y asequibles económicamente que contribuyeron a la industrialización del campo gallego», detalla Iglesias.

El museo cuenta también con dos salas pensadas para exposiciones temporales de firmas que estén relacionadas con el campo con el objetivo de dar también cuenta del presente del campo gallego. En estos momentos, dos empresas de la comarca del Deza, ocupan estos dos espacios: Nutrimentos Deza (Nudesa), especializada en la elaboración de piensos para el ganado así como en la cría de vacuno y porcino; y Embutidos Lalinense, centrada en la elaboración de productos cárnicos de cerdo.

Un trabajo intenso en menos de 3 años

La apertura del museo supuso la culminación a 3 años de trabajo alrededor de este proyecto que había surgido hace ya años de mano de parte de los hoy patrones de la Fundación do Campo Galego. Precisamente la Fundación fue clave para que el museo se materializara y es la herramienta para seguir trabajando en la puesta en valor del campo gallego por medio de diferentes iniciativas de divulgación.

La Fundación integra a entidades como el Ayuntamiento de Silleda, la Fundación Jorge Jove, Abanca o la Asociación Gallega de Amigos de la Maquinaria Agrícola Clásica (Agamac), colectivo que integra a más de 90 socios y donde comenzó a gestarse la idea del museo.

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