«¿Cortar árboles es malo?, si se piensa eso hay que explicar cómo la madera resuelve problemas»

Los debates enquistados sobre eucaliptos, incendios o ‘limpieza’ del matorral construyen una imagen del monte en negativo, con dos mundos enfrentados, el sector forestal por un lado y una parte de la sociedad con preocupaciones ecologistas por el otro Analizamos con representantes del sector forestal y del ambiental como tender puentes entre monte y ecologismo

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«¿Cortar árboles es malo?, si se piensa eso hay que explicar cómo la madera resuelve problemas»

Cuando se le pregunta a los propietarios forestales si el eucalipto es malo, 9 de cada 10 contestan que no. La misma pregunta, formulada a un público mayoritariamente universitario que asistía a un debate científico sobre el eucalipto, deparó el resultado contrario. Más del 80% consideraba «malo» al eucalipto. Se trata de dos visiones del monte aparentemente irreconciliables, pero sobre las que es posible tejer unas bases comunes de entendimiento, según coinciden representantes del sector forestal y ambiental con los que hablamos.

«¿Cortar árboles es malo?. Si se piensa eso, es que existe un gran desconocimiento de lo que representa el mundo forestal. La madera resuelve problemas. Es una materia prima renovable que no es solo papel higiénico o tablas para muebles. A día de hoy, la madera está ayudando a luchar contra el cambio climático, pues las innovaciones tecnológicas permiten que la madera sustituya a materiales con una mayor huella de carbono y no renovables, como el acero, el aluminio o el plástico», expone Jacobo Feijoo, de la Asociación Sectorial Forestal Galega (Asefoga), un colectivo ligado a Unións Agrarias.

«En lugar de conocimiento sobre el sector forestal, hay una parte de la sociedad que conoce una caricatura del sector forestal» -concluye Feijoo-. «El mundo forestal se enmarca en la búsqueda de una economía circular, más sostenible, con independencia de que sea una actividad que precisa una ordenación».

«El sector forestal se siente incomprendido, con cierta razón, pero el problema no es sólo el eucalipto ni talar árboles, sino qué árboles y cómo» (Jesús de la Fuente, ingeniero de montes)

Desde el ámbito forestal y también del ambiental, Jesús de la Fuente, ingeniero de montes y presidente del colectivo A Rente do chan – Pladever (Pontecaldelas), analiza el dilema: «El sector forestal se siente incomprendido, con cierta razón, pero el problema no es sólo el eucalipto, que también, ni talar árboles, sino qué árboles y cómo los talamos», valora.

De la Fuente aboga en este artículo sobre el movimiento deseucaliptizador por un monte con mayor diversidad de especies y por prácticas como los regenerados naturales, con menos talas completas, que eliminan todo el arbolado de una finca. También se pronuncia a favor de repoblaciones mixtas de coníferas y frondosas caducifolias o del cuidado de los bosques de ribera, entre otras prácticas que pueden contribuir a una mayor biodiversidad y mejores paisajes.

«En Galicia se puede llegar a un consenso social sobre el monte, pero desde una planificación forestal hecha para la industria y para el conjunto de la sociedad. La sociedad tiene que entender que la madera es un recurso y el sector forestal mejorar los servicios ambientales que le presta al conjunto de la sociedad», subraya Jesús de la Fuente.

«Incluso en los eucaliptales puede ser posible buscar puntos de encuentro. Por ejemplo, una alternativa es que en lugar de hacer talas completas de las plantaciones cada 12-15 años para papel, dejando las fincas sin nada, se mantengan en el monte una parte de los eucaliptos, a turnos de 30-50 años, para madera de sierra, con lo cual además se le estará proporcionando materia prima a los aserraderos en un futuro», apunta.

«Desde fuera del sector forestal, en ocasiones se mira al monte igual que los jubilados miran una obra tras la valla, con derecho a criticar pero sin implicarse» (Juan Picos, Escuela de Ingeniería Forestal de Pontevedra)

El director de la Escuela de Ingeniería Forestal de Pontevedra, Juan Picos, comparte, con matices, esa idea de que el sector forestal tiene que adaptarse a las demandas sociales. «El futuro del sector forestal pasa por su mejora y por su adaptación a las demandas de los consumidores. El mundo urbano valora lo que no tiene, un ocio, un paisaje, y precisaremos trabajar con esa perspectiva», reconoce.

La otra parte del análisis de Picos se dirige el mundo urbano, «que debe implicarse en el apoyo al rural». «En lugar de decirle al propietario lo que tiene que hacer en sus tierras, con sus medios y con sus dinero, el mundo económico y las instituciones públicas tienen que implicarse con mecanismos de apoyo, bien sea de mecenazgo, de acuerdos de custodia del territorio u otros. Hay que superar la pasividad que hay a veces desde fuera del ámbito forestal, a modo de jubilados que miran una obra y que se creen con pleno derecho a criticar, con independencia de que la obra a veces no esté todo lo bien que debiese».

Relevo generacional
Desde la Asociación Forestal de Galicia, su director, Francisco Dans, incide en la importancia de impulsar el relevo generacional en la gestión del monte. «El futuro del monte es cosa de las personas jóvenes y para implicar a las nuevas generaciones, una cosa importante es que cuando se invierta en el monte, haya posibilidad de sacarle beneficio. Esa es la manera de evitar el abandono, que es un asunto que nos debe preocupar. tenemos que potenciar montes con futuro», destaca.

«El futuro del monte es cosa de los jóvenes. Para implicarlos, es importante que cuando inviertan, haya posibilidad de un beneficio. Eso reducirá el abandono» (Francisco Dans, Asociación Forestal de Galicia)

Como ejemplo del dinamismo del sector forestal, Dans señala las comarcas de Ortegal, Mariñas coruñesas y Mariña lucense. «En un terreno marcado por el minifundio, los propietarios se organizaron en asociaciones locales -las Promas- y destacan por su cuidado del monte y por una cadena de la madera muy dinámica», destaca.

«En zonas con mayor peso de las comunidades de montes, como Pontevedra, también hay que incidir en la importancia que las propias comunidades le dan al mantenimiento del patrimonio y al valor social y cultural de los montes. Los mayores riesgos, desde una óptica forestal, están en comarcas despobladas del interior de Lugo y Ourense, donde no habrá un relevo generacional en el monte» -advierte-. «En esas comarcas será preciso buscar alternativas de gestión y potenciar proyectos que puedan acometer ganaderos o emprendedores», apunta.

La movilización de tierras abandonadas es uno de los retos en los que Juan Picos cree que se puede buscar la implicación de la sociedad urbana. «Es una oportunidad para probar en la práctica otros posibles modelos y que se comprendan los problemas que existen en el día a día en el rural por el minifundio, la orografía y otras circunstancias», señala Picos.

Crisis del coronavirus
La actual crisis es desde la óptica de Picos una oportunidad para implicar a la sociedad en el sector primario. «Sabemos que en Galicia somos una potencia agrícola y ganadera, con una industria asociada, que cobra gran relevancia en una situación como la actual, pues nos garantiza una seguridad de abastecimiento alimentario sin complicaciones. En el ámbito forestal, somos también una potencia, pero quizás la sociedad perciba menos la importancia de eso», opina.

«Producimos madera en cantidad y calidad, somos la envidia de Europa, pero falta equilibrio. Las plantaciones de eucalipto parecen campos de maíz» (Xosé Santos, Amigos da Terra)

Es un punto de vista con el que coincide Xosé Santos, activista de diversos colectivos ambientalistas, como Amigos da Terra. «Tenemos la suerte de ser un país con una tierra que produce madera en cantidad y calidad. Somos la envidia de Europa, el sitio con mayores crecimientos del continente en todo tipo de especies por el clima templado, unido a lluvias y a una tierra fértil. Es una circunstancia que no sabemos valorar ni aprovechar», cuestiona.

Santos recuerda que Galicia tiene más de la mitad de las talas de España, pero genera una pequeña parte de todo el valor añadido de la cadena de la madera a nivel español, lo que desde su perspectiva evidencia la posibilidad de mejores aprovechamientos industriales.

Su postura apunta a la necesidad de mejorar la cadena forestal desde un punto de vista tanto económico como ambiental. «Economía, sostenibilidad y cuidado del medioambiente son posibles e imprescindibles» -sostiene, parafraseando a una premio Nóbel-. «El cuidado ambiental debe pasar por un equilibrio que no existe. Hoy en día las plantaciones de eucalipto se gestionan como una plantación de maíz, con lo cual presentan una baja biodiversidad», mantiene. «Cuando los turistas llegan a Galicia por el Camino de Santiago, lo que valoran de nosotros es el cuidado de los paisajes tradicionales, los mosaicos de sotos, carballeiras, congostras y prados. Si vamos a otros países, hay una preocupación por la conservación de su patrimonio que aquí no tenemos» -cuestiona-. «Nos falta cultura forestal».

La educación es la vía por la que entiende Santos que habrá que corregir las cosas en medio plazo. Él está implicado en actividades ambientales con niños en las escuelas, en la idea de que conozcan más su entorno y aprendan a apreciarlo. «No se valora lo que no se conoce. En las actividades con los niños, explicamos todo lo que viene del monte, desde el papel higiénico a la madera, a los frutos secos, la miel, las medicinas o a toda una serie de servicios a los que también hay que darle valor, como el aire limpio, el agua, el ocio o el paisaje», concluye.

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