“Combatir la despoblación rural es de lo más eficiente para luchar contra el cambio climático”

La investigadora Marta Rivera Ferre aborda las claves del último informe del uso de la tierra y el cambio climático del IPCC, en el que ganadería y agricultura han tenido un peso destacado

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“Combatir la despoblación rural es de lo más eficiente para luchar contra el cambio climático”

A investigadora Marta Rivera Ferre fue una de las expertas que participó en la elaboración del informe del clima y los suelos.

El último informe sobre el uso de la tierra y el cambio climático elaborado por el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) de la ONU se ha fijado en el uso que se hace de los suelos. En este análisis, se ha puesto la vista en sectores como la agricultura y ganadería y su contribución al cambio climático. Abordamos las claves del informe con la investigadora española Marta Rivera Ferre, una de los 103 científicos de 52 países que han participado en este estudio.

– Los ganaderos han visto en este informe un ataque directo contra su medio de vida y les resulta complicado comprender que se incida en su culpabilidad en el calentamiento global, cuando hay otros sectores mucho más contaminantes como la industria, el transporte o la vivienda sobre los que no hay tanto revuelo mediático. ¿Cómo se entiende?
– Este no es el informe global que se elabora cada 6 o 7 años sobre el impacto de la actividad humana y de todos los sectores. Este estudio se ha centrado en el análisis del suelo y las actividades vinculadas a él, así como en seguridad alimentaria, por eso la agricultura y la ganadería tienen un peso importante ya que usan mayoritariamente el suelo.

-Frente a las industrias y a los carburantes fósiles, ¿es realmente significativa la contaminación de la agricultura y la ganadería?
– Entre el 21 y el 37% de las emisiones de efecto invernadero están vinculadas a los sistemas alimentarios, de ellas el 23% pertenecen a la agricultura, la ganadería y el cambio de usos del suelo destinados a fines agrarios. Para hacernos una idea, el 3,8% de las emisiones de gases de efecto invernadero en forma de CO2 por deforestación están relacionados a cambios del suelo relacionados con el cultivo de soja, para producción de forrajes; y palma de aceite, como biocombustible. Es un porcentaje bastante alto solo para dos cultivos a nivel mundial. Hay que pensar que países como Indonesia, debido precisamente a la deforestación para la producción de palma de aceite, se ha situado en el tercer puesto de emisión de gases de efecto invernadero a nivel mundial durante muchos años, pese a que no es un país industrializado.

“Hay margen para volver a modelos más tradicionales de producción agrícola y ganadera que capturen carbono”

Pero, esto nos dice también que hay margen para hacer ajustes que permitan un cambio de estos sistemas alimentarios para volver a esos modelos más tradicionales que permitían capturar carbono más que ser ellos emisores.

-Hay quienes ven en la agricultura y la ganadería la clave para combatir la desertización que ya se está haciendo notar o prevenir los incendios forestales, así como para fijar población en el rural ¿qué valoración tiene al respecto?
– Aunque pueda parecer que no está relacionado, combatir la despoblación rural es una de las formas más eficientes de luchar contra el cambio climático. Conseguir que la gente pueda vivir de la agricultura con prácticas agrarias sostenibles ayuda en gran medida a frenar la contaminación.

-¿Qué acciones debe contemplar el sector agro ganadero para contribuir a la reducción de las emisiones?
– Una de las cosas que se plantean en el informe es que se necesitan prácticas agrarias sostenibles, aquellas que están vinculadas a la agroecología y a los saberes tradicionales. En el informe se recoge que estas prácticas tradicionales aportan una serie de estrategias que favorecen la mitigación del cambio climático. Estas prácticas están basadas en la conservación y el incremento de la materia orgánica del suelo, ya que eso implica capturar carbono de la atmósfera. Prácticas como la rotación de cultivos o el acolchado del suelo permiten manejar los suelos de una forma sostenible en la que se mantiene la fertilidad de los suelos y se reduce la erosión al tiempo que se incrementa la productividad.

“Las administraciones tendrían que fomentar la ganadería extensiva que permite obtener proteína de calidad y gestionar el territorio”

-¿Qué sistema de manejo emite más gases contaminantes: las grandes granjas con ganado estabulado y alimentado con cereales o las pequeñas y medianas granjas que producen sus propios forrajes y que realizan pastoreo?
– Hay varios temas a tener en cuenta a la hora de analizar el peso de la cabaña ganadera ya que la ganadería es muy diversa. En el caso de la ganadería asociada a rumiantes, los distintos modelo de producción que existen (extensiva e intensiva) contribuyen de forma diferente al cambio climático. Precisamente la contribución al cambio climático puede venir por las emisiones de CO2, óxido nitroso y el metano. La ganadería industrial contribuye fundamentalmente a través del CO2 y del óxido nitroso, mientras que, la ganadería extensiva se centra en el metano. Cada uno de estos gases se comporta de diferente manera con respecto al cambio climático por lo que la contribución de un tipo de ganadería u otra es diferente. Así, el CO2 es un gas de efecto inverno de larga duración que está durante cientos de años en la atmósfera, al igual que el óxido nitroso, mientras que el metano está solo 10 años. Pero también hay que tener en cuenta que el potencial del calentamiento global del metano es 28 veces mayor que el del CO2, al igual que el óxido nitroso donde una unidad calienta casi 300 veces más que el CO2.

Así es que, la contribución de cada tipo de ganadería es aún un tema que debe ser tratado de forma diferencial. En el informe figura que la ganadería extensiva tiene una contribución más allá de la provisión de proteína animal sino que, además, tienen una serie de servicios ecosistémicos ya que es el medio de vida de millones de personas en el mundo, por lo que en la ecuación hay que tener en cuenta diferentes factores.

-¿La reducción de la cabaña ganadera puede contribuir a aliviar el problema del cambio climático?
– La cabaña ganadera es a día de hoy muy elevada. Realmente el número de animales a nivel mundial ha crecido de forma alarmante, sobre todo en lo que a pollo y cerdo se refiere, ya que el 77% de la carne que se consume a nivel mundial es de este tipo mientras que el 22% es de vacuno. Nosotros en España teníamos una importante cabaña ganadera de ovino y caprino que permitía utilizar recursos marginales en territorios donde es imposible cultivar, lo que supone una ganancia tanto para el ecosistema como para la producción de alimento para el ser humano. Sin embargo, esta ganadería se ha ido reduciendo, motivada por factores como el estancamiento de los precios, frente a otros sistemas más intensivos. Pero, bajo mi punto de vista, esta ganadería extensiva es la que habría que fomentar desde la administración pública ya que es la que permite obtener una proteína de buena calidad, a la vez que está realmente gestionando el territorio y contribuyendo a la reducción de incendios, además de mantener una genética animal vinculada al territorio, mediante las razas autóctonas.

– Dentro del sector ganadero, ¿hay diferencias entre los niveles de emisiones de la cabaña de vacuno comparada con el porcino y la avicultura cuya producción es principalmente intensiva y con alimentación importada?
– La principal diferencia es que las emisiones del vacuno son en forma de metano mientras que el pollo y el cerdo es de óxido nitroso. Es cierto que el volumen de emisiones es importante pero, al final, lo realmente importante es saber qué objetivo y necesidad tiene una sociedad concreta. Así, a la hora de medir las emisiones de gases de efecto invernadero se miden en base a una metodología llamada análisis de ciclo de vida, en la que se analizan todos los factores, desde las emisiones indirectas, derivadas de la fabricación de piensos, a las directas procedentes de los animales. Estas mediciones pueden ofrecerse como kg/CO2 por kilo de carne o litro de leche producida, lo que siempre beneficia a la ganadería intensiva, ya que hay menos emisiones por kilogramo de carne o leche producida, dado que es una ganadería más productiva. Mientras, la ganadería extensiva se ve beneficiada por las métricas que valoran el uso de recursos. Así, es muy importante conocer la necesidad real que tienen las sociedades para valorar el efecto que tiene la ganadería.

“Reducir las emisiones es un tema muy importante pero también se deben tener en cuenta las necesidades de la sociedad”

En el caso de España, tenemos un exceso de producción de proteína animal, no tenemos que centrarnos en un enfoque basado en la producción y en la productividad y tenemos un problema de deficiencia en nuestros ecosistemas con lo que debiéramos de utilizar un sistema de medición que valorase la calidad de nuestros ecosistemas. No puede utilizarse para todos el mismo sistema, ya que hay países con una inseguridad alimentaria derivada de una deficiencia de proteína, con sistemas con una baja productividad, donde es recomendable fijarse en las emisiones por proteína producida. Reducir las emisiones es un tema muy importante pero también se deben tener en cuenta las necesidades de la sociedad. A nivel global el consumo de proteína animal crece de una forma alarmante ya que si todos los países del mundo consumiéramos lo que en Europa no tendríamos planeta suficiente para abastecer esta demanda. Por eso, es necesario que aquellos países en los que se consume mucha proteína animal se reduzca, sin embargo, en otros territorios es preciso incrementarla.

-En el caso del metano emitido por los rumiantes (vacas, ovejas, cabras…) varias investigaciones concluyen que su efecto contaminante es mucho menor del que se propaga, ya que el metano eructado por los rumiantes permanece en la atmósfera durante 10 años antes de convertirse en CO2 y ser absorbido de nuevo por las plantas, como maíz forrajero o praderas, que se cultivan para alimentar el ganado, estableciendo un ciclo continuo de equilibrio. ¿Qué opina al respecto?
– Esto no se ha tenido en cuenta en este informe, ya que es todavía bastante reciente y supongo que se incluirá en el próximo. Estas investigaciones lo que vienen a decir es que, si redujésemos a cero -aunque eso sea inviable- las emisiones ganaderas de rumiantes tendría un efecto inmediato en la reducción de la temperatura, ya que el metano es un gas con un potencial de calentamiento alto. Pero, no sería un efecto que se mantendría en el tiempo porque una parte importante de los efectos que estamos sintiendo ahora se derivan de los gases acumulados de CO2 y óxido nitroso, que duran cientos de años. Así, aunque se consiga un equilibrio en cuanto al metano, no deja de ser un aporte de metano que suma en una atmósfera que ya está saturada de gases de efecto invernadero, derivados de las combustiones fósiles.

-Desde el sector ven que este tipo de informaciones están generando un rechazo en la opinión pública hacia el consumo de carne, se plantea un cambio en el consumo, ¿basta un consumo más responsable o es preciso reducir la ingesta de proteína?
-Personalmente creo que es preciso reducir el consumo de carne por muchos motivos, tal como se recoge en el informe, no solo por motivos ambientales sino también relacionados con la salud. Nosotros en España estamos en torno a los 42 kilos de carne por persona al año, y aunque se está produciendo una reducción continuada del consumo de carne, la Organización Mundial de la Salud recomienda una ingesta de entorno a los 26 kilos por persona al año, por lo que aún hay margen para reducir. También es cierto que, el informe concluye que la dieta más eficiente en equilibrar la emisión de gases de efecto invernadero, atendiendo también a la salud, no es una dieta solo vegetariana, sino que recomienda una dieta equilibrada en la que hay un consumo moderado de carne.

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