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Abonos verdes, una solución para reducir el uso de herbicidas en las tierras

Galicia concentra la mayor parte de la producción de maíz y raigrass de la conrisa cantábrica. Es la rotación de cultivos más habitual en las parcelas de muchas de las explotaciones lecheras gallegas pero esta exigencia productiva implica tener que usar productos químicos. Con el glifosato en entredicho, surgen otras alternativas más naturales pero poco usadas en la actualidad

Momento de gradar os nabos antes de sementar o millo na SAT Castro Buxía, no concello coruñés de Trazo

Momento de gradar os nabos antes de sementar o millo na SAT Castro Buxía, en Trazo

La mayoría de las explotaciones lecheras gallegas disponen de menos superficie agraria de la que precisarían para producir los forrajes necesarios para la alimentación de su ganado. Esto provoca un aprovechamiento máximo de la capacidad productiva de las tierras disponibles, con cultivos anuales en rotación de especies de alto aporte de materia seca, como maíz forrajero o raigrass.

Galicia concentra la mayor parte de la producción de maíz y raigrass de la cornisa cantrábrica. Siete de cada diez hectáreas sembradas con alguno de estos dos cultivos se encuentra en nuestra comunidad. Pero esta alta exigencia productiva para las tierras lleva aparejada la necesidad de emplear herbicidas de manera sistemática para sacar adelante las cosechas.

Con el glifosato en entredicho y el previsible aumento de las restricciones futuras a su utilización, surgen nuevas alternativas a base de rotación de cultivos para el control de las malas hierbas. Son los llamados abonos verdes, cultivos de invierno destinados a roturar en primavera y que reducen la necesidad de herbicidas.

De momento estas soluciones son poco empleadas en Galicia, y menos en la ganadería intensiva de leche. La dificultad para incrementar la superficie agraria en paralelo al crecimiento del número de cabezas no permite descartar una de las cosechas como simple abono.

La escasa movilidad de tierras en Galicia queda patente si tenemos en cuenta que un tercio de las tierras que tenían las explotaciones lecheras que cerraron en nuestra comunidad en la última década no se incorporaron a las explotaciones que continuaron en activo. Una escasa transferencia de fincas que dificulta el crecimiento y redimensionamiento de las explotaciones al impedir el incremento parejo necesario de la superficie agraria útil y del número de cabezas.

«El valor nutricional de los cultivos forrajeros de invierno es muy interesante y aportan un tercio de la materia seca que se obtiene de la parcela» (Gonzalo Flores, CIAM)

Por eso la utilización de abonos verdes a gran escala en ganaderías de leche no es frecuente, como explica Gonzalo Flores Calvete, jefe del Departamento de Pastos y Cultivos del CIAM: «No es habitual hacer este tipo de rotaciones en Galicia. Dos de cada tres ganaderías de leche que echaron maíz van a poner ahora un cultivo forrajero de invierno, en la mayoría de los casos raigrass italiano y se están abriendo paso también las mezclas con trébol anual», dice. «En los otros casos, en aquellas fincas donde no se hace rotación, esto se debe muchas veces al hecho de que son fincas mojadas donde si empieza a llover no es posible entrar en ellas para trabajarlas», añade.

Considera además que «no es una práctica frecuente en Galicia emplear el cultivo de invierno como abono en verde porque la falta de base territorial es un problema para la mayoría de las explotaciones y los forrajes cuestan dinero», por lo que habitualmente «solo cuando la cosecha se estropea y el cultivo no se puede aprovechar es cuando se entierra para abonar».

«En Galicia las tierras son ricas en materia orgánica, con porcentajes del 4, 5 o 6% no precisan ese aporte extra que sí que sería necesario en Castilla, donde solo tienen un 1%», asegura Gonzalo

Gonzalo explica que desde el punto de vista agronómico fresar un cultivo de nabos antes de sembrar el maíz, por ejemplo, incrementa la materia orgánica del suelo, pero dice: «los suelos de Galicia ya son ricos en materia orgánica, con porcentajes del 4, 5 ó 6%, por lo que no es necesario hacer ese aporte». «En Castilla, con tierras que tienen solo un 1% de materia orgánica, sí que sería necesario hacerlo, pero aquí afortunadamente no tenemos ese problema», concluye.

Este especialista defiende además que «el valor nutricional de los cultivos de invierno es muy interesante» para las explotaciones lecheras. Indica que en las rotaciones maíz-raigrass «el maíz aporta 2/3 de la materia seca que se obtiene al año de la parcela mientras que la pradera aporta 1/3 a mayores». Como media, dice, se logran entre 12 y 13 toneladas de materia seca por hectárea de maíz con una producción en verde de 40.000 kilos por hectárea con el 30% de materia seca y 5 toneladas de materia seca por hectárea de raigrass, por lo que la producción anual de materia seca por hectárea se acerca a las 20 toneladas en este tipo de rotaciones.

Una práctica más frecuente en el sector de la huerta

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El empleo de cultivos de invierno como abonos verdes (fundamentalmente nabos pero también guisantes) forma parte del sistema tradicional de laboreo en Galicia. Era habitual emplear esta rotación en las tierras de las patatas, por ejemplo, donde las brassicas como los nabos, las berzas o las coles contribuyen la desinfectar la tierra de hongos, plagas y malas hierbas y las leguminosas como los guisantes, la veza o el trébol aportan una buena cantidad de nitrógeno. Su uso forma parte de las buenas prácticas en el campo sobre todo de la agricultura ecológica ante la imposibilidad del empleo de herbicidas.

Aunque no es frecuente en el sector de la ganadería, la práctica del abonado en verde es habitual encontrarla en productores de huerta. Javier Miranda echó este año 17 hectáreas de patata y 34 de haba en fincas situadas en Pacio, en el ayuntamiento de Castro de Rei y San Martín de Ferreiros, en Pol. En una parte de ellas echa repollo en invierno pero en el resto hace rotación de cultivo para abonado. «Uso las patatas para renovar las fincas y luego echo abono verde de cereal en invierno: veza con trigo, guisante, etc. En la primavera siguiente abonamos con purín de explotaciones de la zona, encalamos y enterramos. Hacemos esto en la mitad de las 52 hectáreas que manejamos», explica.

También en el Val de Lourenzá hay productores que usan este sistema, aunque en la mayoría de los casos emplean nabos, que siembran en el mes de octubre o comienzos de noviembre, después de recoger las habas. Logran por un lado que las fincas no queden vacías mientras no vuelven a preparar la tierra (habitualmente en el mes de marzo) para volver a echar las habas (en mayo) y por otra parte reducen la necesidad de estiércol para el abonado.

Hortícolas Javier Miranda hace abonado en verde con cereal (veza con trigo) en la mitad de las 52 hectáreas que trabajan

La cooperativa Terras da Mariña pretende de hecho este año que sus asociados (16 productores de toda la comarca) siembren nabos de la IXP Grelos de Galicia cuando recojan las habas con la finalidad de favorecer la rotación de cultivos en las tierras y diversificar los ingresos con una producción diferente en invierno. Tras la recogida de los grelos el resto de la planta sería fresado para abonar la tierra en la que se volverían a echar habas.

Una de cada 5 tierras de maíz queda vacía 

taboa rotacion de cultivosLos datos del Informe de estructuras y sistemas de alimentación de las explotaciones lecheras de Galicia, cornisa cantábrica y Navarra, elaborado por el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA) con la participación y colaboración del INGACAL-CIAM de Galicia, SERIDA de Asturias, CIFA de Cantabria, NEIKER del País Vasco e INTIA de Navarra, reflejan las prácticas más habituales en cuanto a la producción de forrajes en las ganaderías de leche. Fue hecho mediante una encuesta completa en el año 2014 a un total de 461 explotaciones lecheras, 316 de ellas ubicadas en Galicia.

El porcentaje de explotaciones que declararon sembrar cultivos forrajeros anuales fue del 58,7% en el caso del maíz y del 52% para el raigrass italiano. Mucho menos frecuentes son las explotaciones que echan cereal de invierno (4,4%) u otros cultivos anuales (4,6%). En total, según estos datos, unas 9.700 explotaciones cultivarían maíz forrajero en el conjunto de la cornisa cantábrica sobre una superficie total de 87.100 ha y 8.600 cultivarían raigrass italiano en 64.200 ha. «El cultivo de raigrass italiano se incluye, por lo general, como cultivo de invierno en una rotación de dos cultivos por año con el maíz como cultivo de verano, pudiendo pues estimarse una superficie total de cultivos forrajeros anuales de algo menos de 100.000 ha para las explotaciones lecheras del área de estudio», concluye el informe.

Galicia acapara más del 70% de las hectáreas destinadas a maíz forrajero y raigrass italiano de la cornisa cantábrica

Estos cultivos se concentran en su mayor parte en Galicia, comunidad que tiene el 76,3% (66.400 ha) y el 70,8% (45.400 ha), respectivamente, de las superficies totales sembradas con maíz forrajero y raigrass italiano de la zona norte de la península.

El porcentaje de explotaciones que echan maíz en Galicia está en el 66,2%. Raigrass italiano lo echarían el 53,4%, cereal de invierno el 5,1% y otros cultivos el 2,7%. Según esos datos, un total de 7.872 explotaciones echarían maíz en Galicia, con una superficie total cultivada de este forraje de 66.494 hectáreas; 6.349 echarían raigrass italiano (45.489 hectáreas), 603 cereal de invierno (2.576 hectáreas) y 315 echarían otros cultivos, que ocuparían una superficie de 2.012 hectáreas.

En cuanto a las rotaciones de cultivos más frecuentes, más de la mitad de las explotaciones (52,6%) declararon echar en el mismo año maíz y raigrass italiano en las parcelas, seguido por los que hacen pradera (25,1%) y en menor proporción los que hacen rotación de maíz con cereal de invierno (6,3%), por ejemplo centeno para ensilar, y de maíz con otros cultivos (5,4%), que por lo general acostumbran ser mezclas con leguminosas forrajeras.

Sin embargo, un 19,1% de las explotaciones cultivaban maíz sin intercalar ningún otro cultivo. El 63% de las explotaciones que echan maíz declaran echar siempre en la misma parcela un cultivo de invierno y un 21,5% dicen que no lo hacen todos los años y que dependiendo de cuestiones como la climatología dejan fincas vacías entre siembra y siembra de maíz.

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