Recomendaciones de Paco Rego para el combate de las enfermedades fúngicas en viñedo

Francisco Rego Martínez, técnico jubilado de la Estación de Viticultura y Enología de Galicia y con más de 40 años de experiencia en el sector, hace un análisis de cómo afectaron las enfermedades fúngicas durante estos meses y consejos para afrontarlas mejor en el futuro

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Recomendaciones de Paco Rego para el combate de las enfermedades fúngicas en viñedo

Racimo con mildiu. Foto: Estación do Areeiro

“Año de hierba…..” Viejo refrán para comenzar este artículo sobre la incidencia del mildiu en esta primavera. Tal vez los ganaderos no opinen igual cuando hay abundancia de ella en las praderas, pero en las épocas en que aún no se ensilaba y había que secarla para tener heno en invierno, las lluvias excesivas e inoportunas no creo que fueran tampoco del su agrado.

Años complicados los hubo y los va a seguir habiendo. Son inesperados, de cadencia irregular. No se puede prever cual va a ser la climatología de un año, y mucho menos de los siguientes. Con las complicaciones del cambio climático, y con las variaciones a nivel local las incertidumbres aumentan.

Desde luego quien trajo para Europa, a finales del XIX, vides americanas portadoras del mildiu, la armó buena. Dos décadas antes otros habían hecho la hazaña de traer otras americanas contaminadas con el oidio, por eso en algunos sitios de la Ribeira Sacra le llaman “la peste vieja”. Poco después de llegar el mildeu se repitió la historia con la introducción de la philloxera y, para finalizarla, con la del black rot a principios del XX. Enfín, demostraciones de la inteligencia y racionalidad humanas.

¿Imagináis una viticultura libre de estas pestes americanas? Pues era lo que había antes de que las trajeran para Europa a partir del XIX. Aquí estaban la botrytis y la antracnosis, y alguna más, que de vez en cuando hacían de las suyas, pero en absoluto era lo mismo.

Sin salir de la viticultura, la circulación incontrolada de material trajo, procedente de otros países europeos, la flavescencia dorada para Cataluña, y lo que es peor para nosotros, para el Norte de Portugal, a las puertas de Melgaço según las últimas informaciones. Sólo le falta pasar el río Miño, si es que no lo hizo ya.

Virus, bacterias, hongos e insectos diversos han ido y venido con la circulación de los materiales vegetales. Hierbas invasoras en los estiércoles, etc. Por tanto, en cuanto la especie humana no evolucione (y esperemos que para mejor) estas cosas van a seguir aconteciendo.

Incidencia muy variable del mildiu en función de los estados fenólógicos, zonas y variedades

Volviendo a esta campaña, la entrada en vegetación fue perturbada por una climatología adversa, de lluvias frías primero. La consecuencia fue la aparición de manchas de botrytis, principalmente en hoja, y alguna que otra de black rot. Pero lo peor vino después, con la irrupción de lluvias más calientes, tan amigas del mildiu.

La marcha del ciclo vegetativo varía según las zonas y también según las variedades. Fue decisivo el estado en que se encontraban los racimos en los momentos en que se dieron las circunstancias más idóneas para los ataques. Así, hubo situaciones en que el mildiu “avisó”, o sea que comenzó por dar síntomas en hoja. Pero también otras en las que, siendo escaso o como mucho moderado el ataque a las hojas, por contra la afectación de los racimos fue masiva. Ataques que en muchos sitios coincidieron con los estados previos o en la misma purga, de gran sensibilidad. La purga en muchas zonas se retrasó y fue larga de más.

Así pues, las variaciones entre los estados fenológicos en que se encontraban los racimos en las vides, según que zonas y también según que variedades, determinaron que la incidencia del mildiu sobre ellos fuera muy variable. Por supuesto que los mesoclimas, que van cambiando desde la costa hasta las zonas interiores, son un factor decisivo. En viñas multivarietales no fue raro observar que el grado de ataque a los racimos cambia bastante según las variedades.

Medidas de control contra el mildiu, oídio, botritis y blackrot

Estuvimos hablando de los ataques, y ahora vamos a tratar del control. Hay viñas arruinadas por este ataque y otras en las que la afectación de hojas y racimos, existiendo, es mínima. Incluso se puede apreciar este contraste en viñas colindantes. Trataremos de analizar los porqués.

Una viña bien diseñada, con una geometria de plantación bien pensada, complementada con manejos idóneos, con el objetivo de que las plantas se desarrollen con un vigor moderado, y por tanto, desarrollen paredes foliares estrechas y poco densas, no por esto va a tener patente de corso contra el mildiu y otras enfermedades.

“Las plantaciones con paredes foliares estrechas y poco densas son más aptas para los tratamientos antifúngicos”

Lo que sí va a pasar – y mejor aún si la viña está situada en una cuesta bien ventilada-, es que las plantaciones de vigor contenido, y por tanto con paredes foliares permeables al aire, las humedades acumuladas por causa de la lluvia se disiparán antes una vez que escampe. Por tanto, aplicar tratamientos será más fácil, con mayor garantía de que el caldo fungicida moje el cien por cien de la vegetación. Por muy bueno que sea el equipo de pulverización, si las paredes foliares son muy anchas y espesas, va a ser difícil conseguir que el caldo cubra todo, especialmente la masa interior de la vid. En este sentido, hace falta recalcar que, con las variaciones debidas a las zonas y también a los ciclos de cada variedad, la vegetación en general estaba bastante desarrollada a la altura de los ataques.

Por tanto, aunque exista un buen diseño y se tenga un buen plan de manejo, hay años en los que la climatología complica la atención a las viñas. En este año se dispararon la vegetación y la hierba. Y días templados y húmedos contribuyeron conjuntamente a que el ciclo del mildiu se acelerara. En este sentido, las aceleraciones de la expansión vegetativa simultánea con la de los ciclos del mildiu obligaron a acortar los períodos entre tratamientos.

En lo relativo a los fungicidas, bien seguro que hay diferencias de efectividad entre ellos. Uno que estuvo entre los más eficientes en años atrás hoy puede no serlo por haber surgido resistencias. Y a los que están funcionando mejor a día de hoy es posible que les vaya a pasar lo mismo dentro de unos años.

Por otra parte, en condiciones extremas en las que casi que no para de llover, con la vegetación continuamente mojada, que yo sepa no existe ningún mildicida que consiga un índice de ataque cero.

Además, es imprescindible asesorarse sobre que combinados de materias activas actúan mejor en cada momento. Tan importante como lo anterior es la logística de cada explotación. Dicho de otra manera, con que medios humanos y materiales se cuenta para hacer un plan de combate rápido y efectivo.

Ya comenté en ocasiones anteriores que la viticultura, especialmente en las comarcas interiores de Galicia, es sostenida por gente mayor que hace lo que puede, que ya es mucho, pero que en condiciones extremas como las de este año precisarían de llamar a algún vecino o jornalero para hacer los tratamientos con rapidez. Lo que pasa es que los vecinos tienen todos la misma apurada y las empresas de servicios, si es que hay alguna en la zona, no dan abasto cuando surge el problema. Los hijos, por residir fuera o por tener otros oficios, malamente pueden echar una mano como no sea en los fines de semana, siempre que coincida con una escampada.

Una explotación puede ser relativamente grande y ser bien atendida por disponer de personal y de maquinaria suficientes como para tratar toda la superficie en muy pocas horas. Puede pasar también que siendo de menor superficie, tenga gente suficiente para irla atendiendo cuando las circunstancias son normales, pero que no si vienen adversas, como en el caso de estos ataques de mildiu. Dependerá entonces de la ayuda externa.

Pongo un ejemplo. En un mismo período de escampe, tratando con un tractor con atomizador incorporado se cobre un determinado nº de m2/hora. Con una manga de carretilla bastante menos y si hay que andar con una máquina a espaldas ya ni se compara. Cualquiera de estos aparatos puede realizar un buen trabajo, siempre que se dé hecho. Cada cual tendrá que arreglarse como pueda.

“La clave es que la cadencia de los tratamientos sea más corta que la de los ciclos del mildiu”

Lo que está claro es que en el caso de surgir lluvias templadas y persistentes, hay que estar muy atentos a las predicciones. Ante la duda, hay que acortar la distancia entre tratamientos, que en la práctica va a pasar por aprovechar los pocos escampes que aparezcan. Si en estos intervalos secos no se consigue tratar todas las viñas y, como consecuencia, la cadencia de tratamientos va más separada que la de los ciclos del mildiu, entonces la batalla puede estar perdida. Peor si al mildiu le da por “enfilar” a los racimos. Es una de las razones que explican lo que comenté antes, en algunas viñas anexas y con las mismas variedades, unas con ataques moderados y otras perdidas.

Los aparatos de aplicación deberán tener todos sus componentes en perfecto estado para que los chorros salgan homogéneos y con la presión adecuada a los estados vegetativos. Deberán testarse antes de la entrada en vegetación.

Aun así y con independencia de cual sea la maquinaria de aplicación, tras cada tratamiento es recomendable revisar la vegetación para ver el grado y la uniformidad de la distribución de los chorros de caldo. Por muy bien que se limpie el equipo, las obturaciones pueden surgir en cualquier momento. Las hojas deberán estar mojadas por el derecho y por el revés. Humectación completa y uniforme pero sin exceso de goteo.

“Aunque sea un producto sistémico, hace falta mojar toda la vegetación de la vid”

No por utilizar un producto sistémico deja de ser necesario mojar toda la vegetación. La mayoría de los mildicidas combinan dos y a veces tres materias activas. Con acciones diferentes, todas contribuyen a controlar el mildiu. Por tanto es preciso mojar todo.

A algunos atomizadores de mochila se le pueden incorporar acoples en la punta de la tobera angulados para dirigir el chorro perpendicularmente a la vegetación. Según como estén dispuestas geométricamente las viñas, puede ser conveniente o no emplearlos.

En este momento los meteorólogos pronostican sol y buen tiempo, falta hacía. Estamos a comienzos de julio y estos días buenos alejan el peligro del mildiu. Se podría decir que el mal que tenía que hacer ya lo hizo. Para quien pudo hacer una protección razonable es así.

Pasada la purga, si los racimos están sanos cada vez están más lejos de ser afectados por nuevos ataque de mildiu. No pasa lo mismo con los que teniendo algo de afectación, esta aparentemente se inhibió por la acción de los fungicidas. O simplemente por cambiar el tiempo a seco y soleado. En estos casos el mildiu puede quedar larvado y volver a activarse cuando las condiciones lo propicien.

La importancia de estar atentos al oídio

Estos días he visto algún oídio en robles, guisantes, ciruelos y rosales. Son oídios distintos al de la vid. Aun así es recomendable estar atentos, comenzando por vigilar las viñas menos ventiladas y las que tengan plantadas variedades sensibles. Como en los tratamientos anti-mildiu se acostumbra a mezclar azufre mojable o cualquier otro anti-oídio, con tanta aplicación que se ha dado en las semanas pasadas no debería haber un gran problema. Pero cuidado, es precisa mucha observación y al mínimo síntoma tratar.

Conviene igualmente vigilar la evolución de las manchas de black-rot en hoja en las viñas en que tiene aparecido. Si los mildicidas con acción anti black rot no fueron quien de controlarlo, hay que tratar, principalmente se hay riesgo de contaminación de racimos.

Las manchas de botrytis aparecidas en hoja por lo general no tuvieron mayor incidencia. El problema es cuando la botrytis ataca a los racimos. Las viñas que sufren ataque de lobesia y otras polillas deberán ser tratadas o no en función de la magnitud. El tiempo de pre-vendimia no sabemos como va a ser, falta haría que fuera más complaciente para compensar el de esta primavera.

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