Lagar do Cigur: vinos exclusivos de cosecheros de Valdeorras

La bodega Melillas e Fillos apuesta por unos vinos diferenciados dentro de la Denominación de Origen Valdeorras y que están cosechando reconocimientos en el resto de España: vinos con crianza en barrica de hasta 14 meses procedentes de cepas viejas en el tradicional sistema de vaso.

Lagar do Cigur: vinos exclusivos de cosecheros de Valdeorras

Marcos Prada cunha cepa centenaria no viñedo de A Lamela

Pasear por los viñedos de Adega Melillas e Fillos es como visitar un museo de como era la viticultura en Galicia hace más de medio siglo: cepas de 80 años de edad e incluso más, conducidas en el tradicional sistema de vaso y ubicadas en laderas pizarrosas sobre el valle de A Rúa. Las uvas de estas vides dan como fruto uno de los vinos más exclusivos y reconocidos de la Denominación de Origen Valdeorras.

La historia de esta bodega se remonta al año 2002 cuando Juan Luis Prada y María Ginzo, decidieron regresar con sus hijos, Marcos y Sonia, a su tierra natal después de 30 años emigrados en Suiza y recuperar los viñedos de la familia.

“Mi padre siempre tuvo la ilusión por hacer vino, dando continuidad a la tradición de mis abuelos. Fue haciéndose cargo de las Fincas de la familia y comprando otros viñedos que estaban quedando abandonados, así como una bodega antigua ubicada en A Coroa”, explica Marcos, el hijo que se incorporó la esta bodega familiar de cosecheros en el año 2010.

Tradición, calidad y diferenciación son los tres ejes de Adega Melillas -nombre que homenajea “O Melillas”, el abuelo paterno que hizo la mili en la ciudad norteafricana- e impregnan la actividad de esta bodega de principio a fin.

Una bodega espectacular excavada en la roca

Así, la bodega cuenta con una espectacular cueva excavada en la roca en el antiguo castro romano de A Coroa, sobre lel que se controla la vega de A Rúa. Hay documentos que la datan del siglo XVII; más adelante, en el siglo XIX aquí se elaboraban vinos que se exportaban a Estados Unidos. Y hace 15 años fue adquirida y restaurada por esta familia de cosecheros. En ella hoy envejecen a una temperatura casi constante en barricas de roble los vinos “Lagar do Cigur”, el nombre con el que la Adega Melillas e Fillos quiso homenajear a los antiguos pobladores de Valdeorras, los Cigurros. Merece la pena una visita guiada, en la que también se podrá contemplar la colección de maquinaria antigua como una de las primeras filtradoras, prensas o sulfatadoras de cobre.

Pero como cualquier buen vino, el secreto de Lagar do Cigur comienza en la viña: 17 fincas, sobre todo situadas en zona de ladera, que van desde los 3.500 metros cuadrados la más grande hasta varias de tan solo 300 metros. 3,5 hectáreas en total de las que logran obtener un promedio de 30.000 kilos de uva en los años buenos.

“Los rendimientos en vaso, en ladera y con cepas viejas son bastante menores pero las calidades suben mucho”

“Los rendimientos en ladera y con cepas viejas como estas, algunas de más de 80 años, son menores pero las calidades suben mucho: porque se concentran mucho más los polifenoles o los azúcares”, explica Marcos.

Las variedades que cultivan se reparten en un 20% de Godello, un 30% de Mencía y un 40% de Garnacha, una variedad hasta hace poco denostada por ser foránea, pero que en los últimos años está revalorizándose en Valdeorras por las propiedades que le aporta a los vinos. “La Garnacha si se deja madurar con más de 14 grados es una variedad excepcional que permite elaborar vinos impresionantes, complejos y con estructura”, destaca.

Lograda la buena uva en la viña, con el punto excelente de maduración, el siguiente paso es trasladar esas cualidades al vino. Elaboran dos jóvenes: Lagar do Cigur Godello, unas 6.000 botellas del monovarietal más representativo de Valdeorras, del que su nota de cata destaca “su color amarillo pajizo con reflejos verdosos, de buena intensidad, recuerdo de frutas maduras y con un fondo de carácter vegetal, un vino sabroso, armónico y equilibrado en boca, con un retrogusto fresco y elegante”.

El otro vino joven es “Lagar do Cigur Mencía”, del que vienen sacando al mercado unas 13.000 botellas en un año normal. Junto a la Mencía, también tiene una parte de uva Alicante y de la variedad Merenzao, logrando un vino de capa media, brillante, con buena intensidad y aromas a frutas rojas.

Pero la gran apuesta de Adega Melillas e Fillos para diferenciar sus vinos y quitarles el máximo valor son sus Lagar do Cigur Barrica y Lagar do Cigur Crianza, dos selecciones limitadas a aquellas vendimias de años excepcionales.

El primero, del que elaboran unas 7.000 botellas, es fruto de una esmerada selección de uvas tintas (Mencía. Tempranillo, Merenzao y Alicante) y de viñedos de cepas viejas. Durante 8 meses es madurado en barrica de roble, dando como resultado un vino “bien estructurado, potente pero fresco, ancho y placentero”.

El palmarés de este Lagar do Cigur Barrica testimonia su alta calidad: Bacchus de Oro 2015, Mezquita de Oro 2015, Arribe de Oro 2016, y distinguido múltiples veces por la Asociación de Sumilleres Gallaecia y por la Guía de Vinos y Destilados de Galicia de Luis Paadín.

Lagar do Cigur Crianza logró el Arribe de Oro 2017 compitiendo con los vinos más prestigiosos de la Ribera del Duero

Y estos meses salió por primera vez al mercado el Lagar do Cigur Crianza: 14 meses en barrica de roble francés y americano con uvas 100% de la variedad Garnacha. 3000 botellas para un nicho de amantes del vino que procede de los pagos de O Rial, Lamela y Pedrazais.

Esta primera serie se gestó en la vendimia del año 2013, a partir de uvas seleccionadas. “Es un vino muy complejo, con 15 grados, que después de una fermentación tradicional y de envejecer 14 meses en barrica, se pasa a depósito, y allí se le hace una clarificación y una estabilización suave para respetar su tipicidad. El último paso es un reposo de un mínimo de 6 meses en botella”, explica Marcos Prada.

Un vino potente, complejo, sabroso y largo que mereció este año el Arribe de Oro 2017, compitiendo en Salamanca con los vinos más prestigiosos de Ribera del Duero.

“Este crianza está teniendo muy buena acogida tanto en España como en Galicia, y causó una impresión muy positiva en Hong Kong, en una feria a la que acudimos hace unos meses con el apoyo del Consello Regulador”, destacan desde la bodega.

A adega en A Coroa

El futuro: mantener los estándares de calidad y sacar un Godello sobre lías

El mercado de los vinos de Adega Melillas e Fillos se reparte en un 40% en Galicia, otro 40% en Madrid y en el norte de España y un 20% para la exportación, un mercado en el que están incrementando su presencia.

Sobre el futuro de la bodega, Marcos Prada asegura que su objetivo es seguir siendo fieles a su filosofía: “No queremos aumentar cantidades, sino mantener las calidades y quizás ampliar gama en variedad blanca, con algún godello sobre lías”.

“Nuestra estrategia en un sector tan competitivo es hacer vinos de alta calidad, muy complejos y para unos nichos de mercado muy concretos que sepan apreciar el valor de nuestros productos”, concluye.

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