La Evega es la primera estación de viticultura de España en calcular su huella de carbono

El centro dependiente de Medio Rural se compromete con el medio ambiente y elabora un plan de reducción de las emisiones y otro para hacer una restauración ecológica de la viña. La conselleira Ángeles Vázquez se reunió este miércoles con el director de la Evega y aprovechó para felicitarlo por esta innovación

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La Evega es la primera estación de viticultura de España en calcular su huella de carbono

La conselleira con Juan Casares, director de la Evega

La Estación de Viticultura y Enología de Galicia (Evega) acaba de inscribirse como organización en el registro nacional de la huella de carbono de la Oficina Española de él Cambio Climático, un organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, Pesca, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA). Se trata del primero centro enológico estatal que da este paso, lo que implica una serie de compromisos con el medio ambiente.

La conselleira del Medio Rural, Ángeles Vázquez, quiso felicitar a la Evega por este avance y se reunió este miércoles con su director, Juan Casares, al que le agradeció tanto el trabajo diario que desarrollan en el centro a favor del sector vitivinícola como esta innovación en concreto con la que la Evega es pionera. La titular autonómica señaló que “combinar la labor del campo con el respeto al medio ambiente tiene que ser una prioridad en esta consellería”.

Así, la Evega calculó la huella de carbono derivada de su funcionamiento cotidiano y elaboró un plan de reducción de sus emisiones. El valor para el año 2015 fue de 51,64 toneladas de dióxido de carbono equivalente, una cifra que coloca a la Evega en el nivel medio-alto de la tabla, aunque normal para un organismo de investigación y con las características estructurales del centro.

La huella del vino de la Evega es de 965 gramos de CO2 para el blanco y 911 para el tinto

Como muestra de su compromiso ambiental, el centro también estableció la huella de carbono del vino institucional que elabora, tanto blanco como tinto, y del que este año será la segunda cosecha. En este caso, las huellas de carbono obtenidas son muy bajas: 965 gramos de CO2 para el blanco y 911 para el tinto, e irán consignadas en la contraetiqueta de las botellas. Esto es debido a las especiales características del proceso productivo: producción muy controlada, bodega cerca del viñedo y maquinaria eficiente.

La huella de carbono es un indicador medioambiental que expresa la cantidad de gases con efecto invernadero emitidos a la atmósfera debido a la fabricación de un producto o derivado del funcionamiento de una organización. Por lo tanto, muestra la contribución de una organización o producto al problema del cambio climático a través de las emisiones derivadas de los procesos que desarrolla.

Compromiso medioambiental de la Evega

Desde la Estación de Viticultura y Enología de Galicia se entiende cómo obligatorio un compromiso ambiental. Por eso este centro ha proyectado desarrollar un plan de actuación ambiental basado en dos pilares. De una banda, el plan de reducción de las emisiones de CO2 de la estación para pasar al siguiente nivel del registro nacional, el de huella de carbono reducida. Este plan contempla la reducción de las emisiones en un 3% en tres años. Por otro lado, existe también un programa de restauración ecológica de ciertos puntos de interés en la finca As Searas, donde se localiza la viña de cuatro hectáreas del centro.

La Evega es uno de los centros de investigación, pero también de formación, que la Consellería de Medio Rural dispone para mejorar los recursos del campo. Desde los últimos años se vino impulsando la labor de la estación por el importante papel que desarrolla y las repercusiones que tiene para el sector vitivinícola gallego. De hecho, dispone, por ejemplo, de un banco de germoplasma con 67 variedades genéticas, de las que el 80% son autóctonas. Se trata de la más completa y antigua colección de variedades autóctonas de Galicia algo de gran importancia para custodiar el acervo genético, evitar la desaparición de las variedades autóctonas de uva y contribuir a la biodiversidad.

También destaca su trabajo formativo, con 26 actividades que llegaron a cerca de 2.000 personas entre los años 2014 y 2015, y la labor de asesoramiento con unas 900 acciones directas con profesionales del sector por distintas vías. Destacan la interpretación de resultados analíticos, las prospecciones de campo y las analíticas de identificación de variedades.

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