¿Es posible hacer vino sin realizar tratamientos contra mildiu y oídio?

La investigadora del Imida-Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario, Leonor Ruiz, muestra los últimos avances contra estas enfermedades del viñedo de mano de variedades resistentes, logradas con mejoras genéticas

¿Es posible hacer vino sin realizar tratamientos contra mildiu y oídio?

La investigadora Leonor Ruiz, del Imida, durante las jornadas vitivinícolas celebradas en Pantón.

El mildiu y el oídio son unas de las enfermedades que más quebraderos de cabeza traen a los viticultores gallegos hoy en día. Para combatirlas, en la viticultura tradicional se recurre a tratamientos fitosanitarios que pueden tener que repetirse según la incidencia.

Estas soluciones fitosanitarias terminan por afectar a la calidad del vino, además de generar un impacto en el medio ambiente y elevar los costes de producción e implicar un riesgo sanitario para los viticultores que están a diario expuestos a estos productos químicos. A ello se suma, tal y como apuntan desde el sector, que cada vez sea más complicado atajar la enfermedad por las limitaciones de productos y dosis actuales.

“En la naturaleza existen fuentes naturales de resistencia a mildiu y oídio en vides americanas y asiáticas”

Pero, ¿es posible producir vino sin realizar tratamientos fitosanitarios contra estas enfermedades? Esta es la pregunta que se han planteado en el Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario, Imida, y ahora comienzan a tener los primeros resultados.

Este centro de investigación ha buscado la respuesta a través de la mejora genética de las castas para lograr así variedades con mayor resistencia a estas enfermedades. “Afortunadamente existen fuentes naturales de resistencia a estas enfermedades en la propia naturaleza, tanto en vides americanas como asiáticas”, explica Leonor Ruiz García, investigadora del Imida, que participó recientemente en las jornadas celebradas en Pantón (Lugo) sobre los retos que supone el cambio climático y estas enfermedades a la viticultura.

Variedades resistentes

En estas variedades americanas y asiáticas con resistencia al mildiu y oídio, la comunidad científica, a través de programas de mejora genética desarrollados, sobre todo, en Alemania, ha conseguido identificar los genes responsables de la resistencia a estas enfermedades. Se ha logrado concretar también marcadores moleculares, secuencias de ADN que están próximas a estos genes, y que facilitan su identificación.

Buscan lograr una planta que contenga al menos dos genes resistentes al mildiu y otros dos al oídio

Estos avances proporcionan que se acorte el proceso y lograr resultados más pronto, como detalla la experta. “Haber identificado los genes y estos marcadores nos permite no tener que esperar a ver los resultados en campo, sino que podemos tomar una hoja de las variedades germinadas y comprobar si han heredado los genes de resistencia, de manera que pasamos a campo solo aquellas que han heredado los genes que confieren la resistencia”, explica la investigadora.

La investigación del Imida se ha centrado en realizar cruzamientos dirigidos de algunas de estas variedades resistentes con castas utilizadas en la viticultura española. Se han decantado por utilizar como variedad madre Monastrell, una de las clásicas variedades de zonas del sur de España como Alicante, Yecla o Jumilla.

Han realizado cruces de Monastrell con variedades resistentes como Regent, Kishmish vatkana, Vitis romanetii y Solaris

El objetivo de sus cruzamientos es lograr una planta que contenga, al menos, dos genes resistentes al mildiu y otros dos al oídio, para ello han empleado distintas variedades que puedan aportárselo. “Cuando se inicia un programa de mejora de este tipo no basta con introducir un gen de resistencia sino que cuántos más genes se introduzcan mejor, porque eso nos asegura que la resistencia sea más duradera y estable a lo largo del tiempo. Pero eso, va a implicar mayores plazos”, explica Ruiz.

Una de las variedades que aporta esta resistencia a las enfermedades es la Regent, una de las más cultivadas en Alemania, y que cuenta con genes resistentes tanto para oídio como para mildiu. Además han trabajado con Kishmish vatkana y Vitis romanetti ambas variedades resistente al oídio, así como con la Solaris, utilizada en países nórdicos y que presenta resistencia al mildiu.

Primeras plantas resistentes

Aunque, como reconoce la investigadora, lo ideal habría sido empezar con los cruces al mismo tiempo, se ajustaron a su disponibilidad y comenzaron realizando cruces con Regent. De los primeros cruzamientos lograron 1.200 híbridos pero de ellos solo 192 plantas tenían los genes resistentes a oídio y mildiu.

Han obtenido 14 plantas con tres genes de resistencia, uno contra mildiu y dos contra oídio

De ahí comenzaron a cruzar con Kishmish vatkana, para seguir sumando genes resistentes. En 2017 obtuvieron ya 650 semillas que plantaron. Sin embargo, una vez que germinaron y pudieron realizar las pruebas, solo 14 plantas habían heredado los tres genes que se esperaba, uno de resistencia a mildiu y dos contra el oídio.

El año pasado comenzaron también otro programa de cruzamiento de las plantas que tenían en producción de Monastrell x Regent con V. romanetii. “El interés de cruzar con Vitis romanetii es que el gen contra el oídio es dominante en esta planta lo que nos va a facilitar que luego se transmita a las siguientes”, justifica la experta.

Variedades que convenzan

A la hora de realizar estos cruces, que tienen como objetivo principal buscar variedades resistentes a estas enfermedades, entran también en juego otros factores. Además de la gran variabilidad que presentan las nuevas plantas obtenidas, otras limitaciones vienen por la aceptación que estas variedades tengan dentro del sector. Así, es el caso por ejemplo de la Vitis romanetii, donde la experta tiene recelos de que esta variedad sea respaldada, pese a los resultados de resistencia que pueda ofrecer.

Este ha sido también uno de los motivos que los ha llevado a comenzar a trabajar con Regent ya que “a pesar de proceder del cruce de viníferas por vides americanas ya es una variedad que se reconoce como Vitis vinifera, ya que cada vez que se van haciendo cruzamientos la proporción de vid americana es cada vez menor y va quedando relegada. El objetivo es llegar a quedarnos sólo con los genes que nos interesan de la vid americana y que el resto de información genética sea el de nuestra variedad tradicional. Esto se logra cruzando sucesivamente por la variedad tradicional, consiguiendo así mantener la tipicidad y calidad de nuestros vinos”, concreta la experta.

El proyecto se encuentra ahora pendiente de iniciar también los cruces con Solaris y de comprobar los resultados en campo y verificar si estas nuevas plantas son realmente más tolerantes y no acusan los efectos de estos hongos. También comienza una etapa en la que testar las características de estas nuevas plantas. “Además de ser ejemplares resistentes buscamos plantas de calidad. Es un proceso muy largo pero que merece la pena”, concluye la investigadora.

La situación en otros países

Mientras, en otros países llevan años ya utilizando estas variedades con una mayor resistencia a mildiu y oídio. Es el caso de países como Alemania, Austria o Suiza donde entre 2007 y 2010 han autorizado la utilización de variedades resistentes como la Regent o Solaris. También Italia dio el paso en 2013 para admitir estas vides con mayor resistencia, al igual que Francia o Reino Unido.

Con estos cruces no se eliminan por completo los tratamientos fitosanitarios, pero, en Alemania se han reducido en un 80%

La utilización de estas variedades tampoco ha supuesto la eliminación total de los tratamientos fitosanitarios sino que se ha reducido notablemente el número de aplicaciones necesarias. “Estas variedades resistentes no implican que se vaya a eliminar al 100% la incidencia de estos hongos, ya que eso dependerá también de las condiciones climatológicas, pero se está logrando que su incidencia sea menor y sean necesarios muchos menos tratamientos. Se ha reducido el número de tratamientos en un 80% en la mayoría de los casos. Dependiendo cómo sea la climatología se ha llegado a que no sea necesario ningún tratamiento”, ratifica la investigadora. De este modo, en el caso de países como Alemania han logrado cosechas con apenas 3 tratamientos.

Nuevas variedades frente al cambio climático

La investigación de variedades resistentes a estas enfermedades ha sido la segunda parte de un proyecto de investigación que el Imida inició hace ya más de 20 años sobre variedades que se adaptasen mejor frente a la nueva climatología que el calentamiento global está ocasionando y que afecta directamente a la viticultura.

También aquí han utilizado como variedad madre la Monastrell que han cruzado con Cabernet sauvignon, Syrah, Tempranillo, Barbera y Verdejo. Su objetivo en este proyecto era obtener variedades con las que lograr una maduración más tardía, menos alcohol, incrementar la acidez y una mayor tolerancia a la sequía.

Lograron 10 nuevas variedades de vinos tintos y 3 blancos después de cruzar Monastrell con Cabernet sauvignon, Syrah, Tempranillo, Barbera e Verdejo

Tras contar con casi 1.600 cruces analizados, han ido realizando una selección hasta quedarse con 10 variedades de vinos tintos y 3 blancos, ya que aunque todas las variedades que se usaron en un principio son tintas, al cruzarlas también han ido surgiendo plantas de uvas blancas. En este momento, 6 de ellas se encuentran en pleno proceso de registro de estas variedades tanto a nivel nacional como internacional.

La pregunta que queda ahora en el aire es si en España se podrán utilizar estas variedades resistentes. Es preciso un trabajo de información y transferencia que necesita de la implicación tanto de los investigadores como del sector vitivinícola, bodegueros, consejos reguladores de las distintas denominaciones de origen y de la administración, como se apuntó en la jornada.

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