“En España cultivamos vid desde hace más de 4.000 años y fuimos los primeros en globalizar el vino”

Entrevista a Miguel López Estebaranz, autor de “España y Portugal, el mayor viñedo del mundo”. Destaca que la vid se cultiva en la Península Ibérica desde hace unos 4.000 años o que el ayuntamiento de Ribadavia ya dictó en 1594 las primeras leyes de protección de una indicación geográfica en España

“En España cultivamos vid desde hace más de 4.000 años y fuimos los primeros en globalizar el vino”

Miguel López Estebaranz, fundador de la editorial DIAITA, acaba de publicar “España y Portugal, el mayor viñedo del mundo”. Foto: Rosa Rodríguez

La Península Ibérica es una de las cunas de la vid a nivel mundial. No en vano en el yacimiento de Atapuerca ya se encontraron restos de pólenes de vid silvestre de hasta 780.000 años de antigüedad.

Para conocer la riquísima historia vitivinícola de España y Portugal, los primeros países en globalizar el comercio de vinos, Miguel López Estebaranz, fundador de la editorial DIAITA, acaba de publicar “España y Portugal, el mayor viñedo del mundo”, una obra ilustrada por Óscar Giménez.

¿Qué os llevó a poner en valor la importancia del sector vitivinícola ibérico a través de “España y Portugal, el mayor viñedo del mundo”?
Conocíamos la gran transformación en la calidad del vino en España y Portugal de las últimas décadas y no entendíamos por qué no estaba teniendo una mayor repercusión en el fortalecimiento económico del propio sector, sobretodo, en el caso de España.

Llegamos a la conclusión de que existía un déficit importante de conocimiento. Y nos pusimos a trabajar. Queríamos terminar de comprender el territorio para poder contar su historia de una manera original y estratégica. Sabíamos que si queremos recuperar y ampliar la cultura del vino, teníamos que lograr obras atractivas para un público lo más amplio posible y empezar con una obra de síntesis nos parecía bastante recomendable.

El resultado ya lo conocéis. Una publicación holística y visual con un enfoque literario que rinde homenaje, en general, a la cultura de la península y de sus archipiélagos, y, de manera especial, a los principales actores del ‘milagro del vino español y portugués’: las mejores bodegas, aquellas capaces de elaborar grandes vinos, y las denominaciones de origen. Pero la obra, además, pone en valor de forma integral la historia y geografía vitivinícola de una región del mundo privilegiada que, de nuevo, brilla con luz propia.

“En España la vid se lleva cultivando desde hace unos 4.000 años”

¿Se podría decir que el viñedo ibérico es uno de los más antiguos del mundo? ¿Desde cuándo hay registros?
El origen u orígenes de la vitivinicultura son aún inciertos, porque se amplían con cada nuevo hallazgo. Lo descifrado hasta la fecha: 8000 años de historia mundial del vino y 4000 en la península ibérica. Así, mientras las semillas de vid cultivada más antiguas de España y Portugal -las halladas en los valles del río Tajo y del Sado- datan del 2000 a.C., las más antiguas del mundo -las de Shulaveri Gora, en Georgia- corresponden al 6000 a.C.

No obstante, la vid silvestre (Vitis vinífera L. silvestre) ha tenido siempre en la península ibérica uno de sus mejores refugios y no es descartable que la vitivinicultura empezara aquí mucho antes de lo que hoy sabemos. En Atapuerca (Burgos), por ejemplo, se han encontrado pólenes de vid silvestre de hasta 780.000 años de antigüedad. En consecuencia, la horquilla de tiempo para nuevos descubrimientos es enorme. ¿Por qué no alentarlos? Lo que creemos, y sabemos desde determinada fecha, es que los habitantes locales seleccionaron la vid entre las distintas lianas por sus ricas uvas para el consumo directo, la vinificación y el cultivo. Y a lo largo de los siglos las cruzaron con variedades fenicias, griegas y romanas, obteniendo muchas de las variedades actuales de Vitis vinífera L. sativa (vid cultivada).

“En Atapuerca se han encontrado pólenes de vid silvestre de hasta 780.000 años de antigüedad”

¿Cuáles son los antecedentes de las denominaciones de origen actuales?
Las Ordenanzas Municipales de Ribadavia de 1594 están reconocidas por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual como las primeras leyes de protección de una indicación geográfica en el derecho español.

Pero me atrevo a afirmar que las de Ribadavia no es un caso aislado. Si investigásemos los antecedentes de cualquier denominación relevante en cuanto a la calidad de sus vinos y viajáramos al periodo o periodos de mayor esplendor, nos encontraríamos con toda probabilidad con algún tipo de regulación que, con el objeto de evitar fraudes, delimitaría determinadas zonas de producción, protegiendo los intereses tanto de los productores como de los consumidores.

Regresando a la legalidad vigente, en la publicación “España y Portugal, el mayor viñedo del mundo” incluimos también el año de aprobación de las 124 denominaciones de origen actuales. La denominación Porto-Douro, creada en 1756 a partir de la de la Companhia Geral da Agricultura das Vinhas do Alto Douro, es la más antigua, no sólo de España y Portugal, sino del mundo.

 “Las Ordenanzas Municipales de Ribadavia de 1594 son las primeras leyes de protección de una indicación geográfica en España”

¿Cómo ha evolucionado el vino español y portugués a lo largo de la historia?
La vitivinicultura en el mayor viñedo del mundo bien merece mil libros más, porque su geografía e historia están cuajadas de buenos vinos. Si la vitivinicultura nace celtíbera, lo cierto es que son los fenicios y los griegos los primeros en convertir a los vinos peninsulares en productos estrella del Mediterráneo. Los de Ampurias (Emporiae), Rosas (Rhode), Ibiza (Ibošim), Málaga (Malaca), Cádiz (Gadir), Huelva (Onoba), Setúbal, Lisboa (Olissipo) o Figueira da Foz (Santa Olaia) son símbolos de distinción. Más tarde, cartagineses y romanos son los responsables de la democratización del vino. La expansión a gran escala del viñedo hace que cada cual tenga su emina. Y si en La República los itálicos son los preferidos, desde los inicios del Imperio los de Hispania dominarán el mercado. Los de Baleares, Cádiz, Calatayud, Douro, Maresme, Sagunto o Tarragona, entre otros, son muy apreciados.

El vino es una necesidad y lo continúa siendo tras la caída del Imperio. Los códigos de Eurico y de Recesvinto asumen la cultura y el derecho romano relativos al vino y la iglesia, depositaria del conocimiento, además de atesorar vidueños, prescribe dietas con un mayor o menor número de copas de vino.

“Españoles y portugueses son los responsables de la globalización de la vitivinicultura”

En Las Tres Culturas, ya sea por necesidad o por placer, el vino corre generoso en tabernas y hogares de una sociedad compleja. Y en la Era de los Descubrimientos, españoles y portugueses son los responsables de la globalización de la vitivinicultura. Una época dorada para los vinos de Alicante, Jerez, Ribadavia, Oporto, Canarias y Madeira. Tras la cual, llega La Ilustración. ¿El progreso? Por desgracia, no. El proteccionismo, las guerras y el hambre no favorecen. Aun así, continúa el desarrollo de Porto-Douro y Madeira gracias al Tratado de los paños y los vinos y las misiones españolas en California alumbran los inicios de la vitivinicultura californiana de hoy.

En el Romanticismo, la pasión y la ciencia entran en juego. La modernidad ha llegado y una nueva época dorada para algunas denominaciones también. Jerez revoluciona con ‘criaderas y soleras’, Rioja prospera, Penedès pone sus cimientos y Madeira, Pico y Porto viven en el esplendor. Pero el tiempo pasa y la Belle Époque toca a la puerta y se torna en pesadilla. La filoxera destruye 1.200.000 hectáreas de viñedos en España y más de 100.000 en Portugal. Y, aunque la cooperación logra dibujar un nuevo mapa del vino, lo peor está por llegar. La Guerra Civil y la posguerra sumen a España en la miseria y condenan a no pocos viñedos. En Portugal el vino mantiene su importancia, pero la calidad media, como en España, es baja. Todo está por hacer.

Por fortuna, La Revolución de los Claveles y La Transición española inician la penúltima revolución: la de la calidad. Portugueses y españoles avanzan hacia la diferencia y la excelencia en el vino. Una revolución ecológica, tecnológica y enoturística les permite conquistar y reconquistar nuevos y viejos terruños y estilos de vino. ¿El inicio de una nueva época dorada? Desde luego que sí, porque tras décadas de una silenciosa revolución se elaboran grandísimos vinos en toda su geografía. Así que no nos confunda el precio y disfrutemos del extraordinario momento y valor de los vinos españoles y portugueses.

Mapa das Denominacións de Orixe vitivinícolas de España e Portugal. Foto: DIAITA

Mapa de las Denominaciones de Origen vitivinícolas y las mejores bodegas de España y Portugal.  

¿Qué similitudes y diferencias habéis detectado entre el vino en España y Portugal?
Más allá de que cada vino portugués, como cada vino español, refleje una naturaleza particular, ambos países comparten geografías: la península ibérica y la Macaronesia. Características geológicas, climáticas e hidrografías comunes y en consecuencia, similitudes.

“En Portugal el medio rural y el vino siempre han sido una prioridad. En España, no tanto”

Pero al mismo tiempo, una gran diversidad interior, con muchas diferencias también. Aunque las más importantes sean las institucionales y las culturales. En Portugal el medio rural y el vino siempre han sido una prioridad. En España, no tanto. Mientras los portugueses, independientemente de la marcha de su economía, han mantenido consumos de vino altos, en España se produjo un descenso ininterrumpido hasta los 20 litros per cápita y año de la actualidad, muy por debajo del resto de países productores. El vino en España y en Portugal no debería ser nunca una cuestión susceptible a modas, sino una seña de identidad, bien arraigada y preservada, de nuestra cultura ibérica y de nuestra dieta mediterránea. La realidad es que en España se ha perdido una parte muy significativa de la cultura del vino y aunque cueste, lo inteligente sería recuperarla.

¿Cómo valora la riqueza de variedades autóctonas de vid de la península ibérica?
La península ibérica, junto a la itálica y al Cáucaso Sur –Georgia, Armenia y Azerbaiyán- son las regiones naturales del mundo con una mayor diversidad genética de la vid. Más de 500 variedades distintas atesoran España y Portugal. La inmensa mayoría son autóctonas, una parte compartidas y otra menor de variedades foráneas. Portugal ha preservado mejor su riqueza y la tiene más repartida. En la quinta parte del viñedo ibérico, 344 variedades frente a las 175 plantadas en España, donde además las 7 principales acaparan el 70 % de la superficie del viñedo.

Tempranillo, Bobal, Monastrell, Garnachas, Amarela, Castelao, Mencía, Tourigas, Graciano, Juan García, Prieto Picudo, Rufete, Cariñena, Cabernets, Merlot, Syrah y Listanes son las variedades tintas más conocidas y reconocidas en España y Portugal. Airén, Arinto, Cayetana, Viura, Moscateles, Palominos, Albariño, Godello, Loureiro, Malvasías, Parellada, Treixadura, Verdejos, Fernão Pires, Hondarrabi Zuri, Pedro Ximénez, Chardonnay, Siria y Xarello las blancas.

Francia, Italia y también Portugal han desarrollado un potente sector enoturístico que contribuye a dar valor a sus vinos. ¿Nos hemos olvidado en España de poner en valor la historia de nuestros viñedos y vinos, y del medio rural en general?
España va por detrás, pero llega con fuerza. La inversión en Enoturismo en España está siendo alta. Y aunque revertir tendencias es siempre difícil, la producción de vinos de calidad y el Enoturismo alientan la esperanza en el medio rural, ya que no sólo generan valor añadido, sino que contribuyen a dignificar y prestigiar las distintas zonas.

El enoturismo es viajar a través de encantadores paisajes y degustar grandes vinos; es descubrir y disfrutar las distintas maneras de entender el entorno y la vida misma. Es por esto que, siendo el Enoturismo parte también de la solución a la despoblación del medio rural, es sobre todo una consecuencia de su revitalización: la de su vitivinicultura y la de su economía.

“Para desarrollar el enoturismo hace falta trabajar más de forma integral y en productos integrados de impacto internacional”

En cualquier caso, el enoturismo en España y Portugal tiene un enorme potencial y la evolución de los viajeros y visitantes a algunas denominaciones, caso de Jerez, Penedès o Ribera del Duero así lo demuestran. Por supuesto, falta trabajar más de forma integral y en productos integrados de impacto internacional, como con gran éxito llevan años haciendo en Portugal en la ruta de Porto-Douro.

Enzo Milo visitando uns viñedos en Medina del Campo

Miguel López Estebaranz visitando viñedos en Medina del Campo. Foto: Rosa Rodríguez

¿Qué retos ves para el sector del vino español en los próximos años?
Intentar ser lo que se es en potencia. Este es mi punto de vista y directriz para el mayor viñedo del mundo. Y serviría para incrementar el valor añadido del vino español. Es importante que se entienda que el viñedo en España (también en Portugal) se caracteriza por una enorme diversidad y unos rendimientos muy bajos, consecuencia del clima, la altitud y orografía y unos suelos, en general, pobres. Esto puede determinar una viticultura más costosa, pero también unos frutos muy sanos de mayor calidad. Lo lógico sería respetarla y en bodega tratar de alcanzar el potencial de cada tipo de uva elaborando una amplia variedad de vinos de calidad.

Pues bien, durante mucho tiempo y todavía hoy, en una parte demasiado considerable, se juega a lo contrario: al granel. Una herencia larga y penosa de un cooperativismo a gran escala de época franquista. ¿El resultado? El precio medio de vino más bajo del mercado mundial (cinco veces inferior al del vino francés). La producción de graneles ha restado y resta valor y cultura al mercado del vino en España. Al tiempo, sigue lastrando su desarrollo y afea la imagen de un país de vinos extraordinarios.

 “La venta a granel lastra el desarrollo y afea la imagen del vino español”

La búsqueda de la diferencia es el enfoque acertado y la reconversión gradual de los graneles, junto al desarrollo del enorme potencial enoturístico, serán, sin duda, las dos medidas de mayor impacto y recorrido. Pero sólo si se apuesta por una cultura del vino ‘con MAYÚSCULAS’ se logrará acortar los tiempos y obtener los resultados óptimos que sirvan para fortalecer y hacer crecer al sector. Avanzar en cuatro líneas principales se me antoja imprescindible:

1/ Conocer, contemplar, entender, proteger, investigar y mejorar la enorme riqueza del patrimonio natural y cultural de los diferentes paisajes vitivinícolas y tratar de adaptarlos al cambio climático, apostando cada vez más por el cultivo ecológico y biodinámico.

2/ Saber, aprender, experimentar, integrar, innovar, enseñar y aplicar técnicas, métodos y tecnologías en campo y bodega encaminadas a la calidad y diferenciación de las producciones vitivinícolas de cada ‘terroir’.

3/ Crear, creer, diseñar, divulgar y seguir trabajando y promoviendo programas, planes, empresas, proyectos y contenidos que contribuyan a divulgar los valores de la cultura del vino a través del Enoturismo, la gastronomía y la alimentación como parte esencial, saludable y espiritual de la dieta mediterránea.

4/ La salvaguarda institucional del vino como seña de identidad y patrimonio nacional, reflejada en la legislación y su fiscalidad, así como en programas y campañas especiales de promoción de un consumo responsable. Por supuesto, para avanzar en cada línea, se deberán abordar infinidad de objetivos y medidas concretas, como por ejemplo, múltiples prácticas de conservación y mejora de suelos, la recuperación y experimentación con variedades autóctonas de alta potencialidad enológica o la intervención paisajística y protección de determinados parajes culturales del vino de alto valor ecológico y turístico.

En definitiva, el presente del vino español es ya muy emocionante, pero el futuro traerá más alegrías, incluso algunas de zonas inéditas que, gracias al cambio climático, empezarán a elaborar vinos de calidad en altura. Porque el vino español está en alza, es naturaleza y es cultura.

Más información sobre el libro en este enlace. 

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