Claves para injertar la viña

En este artículo, Francisco Rego, técnico jubilado de la EVEGA, explica las claves para un buen injerto de la viña. “Hay demanda de injertadores profesionales y de un vivero a nivel gallego de pies madres de portainjertos, productor de estacas y barbados”, destaca.

Claves para injertar la viña

El mercado demanda injertadores profesionales

El injerto es la unión de dos plantas mediante una operación física que consiste en la inserción de un trozo de una en la otra. La planta receptora, o sea la que va aportar el sistema radicular, lleva el nombre de patrón o portainjerto

El trozo de la parte donante, procedente de la parte aérea, que se inserta en el patrón recibe el nombre de injerto. La forma de este trozo y las fechas de realización del injerto van a depender tanto de los métodos empleados cómo de las “querencias” de las distintas especies. En las especies de hoja caduca, entre las que está la vid, hay las opciones de injertar en invierno o con la vegetación en desarrollo.

En cuanto a la forma del injerto, puede tratarse de un trozo de vara, portante de una o más yemas, que se labra en la parte inferior y que recibe el nombre de púa. La mayoría de los métodos de púa no precisan de que el patrón suelte la piel. Las excepciones son los de corona y algunas púas laterales, poco empleadas en el injerto de la vid.

También puede ser una yema sólo, acompañada de un trocito de madera; es el escudete, también conocido como ojo o burbuja. Según épocas y métodos, esta madera puede ser conservada o bien separada, quedando solamente la piel.

En algunos métodos a la yema es acompañada por un trozo de piel más grande, con forma de cuadrado o rectángulo. Esta variante de escudete es conocida como chapa o placa, muy usada en cítricos y diversas plantas tropicales.

Los injertos en escudete precisan de que el portainjerto permita separar la cáscara de la madera. La excepción es el método mallorquín o chip-bud, empleado en la viña y otras frutales, que describiremos más adelante.

La necesidad de insertar una determinada variedad o especie vegetal puede obedecer a varios motivos:

-Aumentar o diminuir (según convenga) el vigor en relación a lo que le proporcionarían las raíces propias.

-Posibilidad de realizar plantaciones con determinadas especies y/o variedades de plantas en suelos con unas características químicas o estructurales que dificultarían que las raíces prosperaran.

-Capacidad de vegetar en suelos contaminados de patógenos gracias a la resistencia de las raíces del patrón.

Hay casos en los que patrón e injerto son de la misma especie y otros en que pertenecen a especies próximas pero diferentes. Siempre debe haber una compatibilidad suficiente para permitir que este trasplante vegetal pueda ser viable.

El injerto salvó a los viñedos europeos de la desaparición

En la vid europea (vitis vinífera) el injerto fue la tabla de salvación ante la invasión de un insecto chupador, a philloxera, a finales del XIX. Este pulgón norteamericano está en coexistencia con las especies de vides nativas de allí. Resultado de un proceso de adaptación mutua de muchos millares de años.

El injerto cumplió su misión, pero tuvo y continúa teniendo algunos problemas:

-Es un trasplante, y en algunas combinaciones patrón-injerto con el paso del tiempo o en situaciones de gran stress pueden surgir deficiencias de afinidad. Es difícil que una planta injertada llegue a durar tanto como otra en pie directo (se entienda esta en hipotética ausencia de philloxera).

-Las raíces americanas proceden de distintos puntos de Norteamérica (actual Sur de los USA), con diferentes terrenos y mesoclimas, que no tienen por que parecerse a los europeos de destino.

-La mayoría de los portainjertos actuales soy resultado de hibridaciones entre distintas especies de esas vitis americanas (principalmente riparias, rupestris y berlandieris) e incluso con participación de seiva de vitis vinífera en algunos de ellos.

Estas hibridaciones procuraron la mejora de la compatibilidad entre las variedades y los patrones. Fueron aumentando las opciones a efectos de escoger las combinaciones de vigores y ciclos vegetativos más acomodadas en relación a los requerimientos de las diferentes variedades y terroirs vitícolas.

Se fueron aproximando a los objetivos, pero no del todo. Buena parte de las selecciones hechas hasta la actualidad priorizan una resistencia aceptable a la caliza. Sin embargo, la mayoría de las viñas gallegas están en terrenos ácidos, con lo que la elección de portainjertos queda más restringida.

Los métodos de injerto invernal en la vid son varios. Vamos a mencionar los de cuña en cabeza, los de cuña lateral, los de espejo (ingleses) y el mallorquín o chip.

A) Injerto de cuña:

Sin duda el injerto más extendido y conocido en toda Galicia, no solo para la viña, sino también para otras especies frutales, y el de cuña. En las tierras de viña, según que zonas, se hace de dos modos.

-En las viñas bajas, que conforman la mayoría de los territorios vitícolas gallegos, la unión del injerto queda a unos 4-8 cms del suelo.

-En las parras y otras formaciones altas, comunes en el sur de la provincia de A Coruña y en la de Pontevedra, es frecuente que los injertos se hagan más elevados respecto al suelo.

Este injerto recibe el nombre de cuña porque una vez labrada la base de la púa, el resultado se asemeja a una pequeña cuña alargada.

Para conseguir los dos cortes iguales y perfectamente rectos que deben tener las púas en cuña, las mejores navajas son las que se afilan por una cara y se asientan por la otra, a modo de “trencha”. La navaja debe manejarse de tal manera que la parte plana de la hoja entre del lado de la madera y no al revés.La púa puede llevar una sóla yema, pero en el caso de la viña lo habitual es dejar dos.

En este método de injertar el porta injerto, que los viticultores llaman bravo, se rasga de por medio. Si es de un o dos años, la propia navaja hace perfectamente su cometido.

Cuando se trata de re-injertas en vides adultas, si la navaja que usamos se hace pequeña, puede ser precisa otra más grande, u otro instrumento más fuerte para abrir. Un buen cuchillo de herrero puede servir. Una pequeña haca muy bien afilada también es útil para hendir patrones gruesos y duros.

Injertadores profesionales que reinjertan cepa adulta o cuando además de la viña trabajan con frutales de madera gruesa y dura, utilizan un artilugio de herrero que viene siendo un cuchillo abridor que en uno de los márgenes lleva soldada una pletina con la punta finalizada en forma de cuña. Esta pletina tiene por objeto mantener abierta la hendedura del patrón en cuanto se colocan cómodamente las púas. Un destornillador de punta plana o una rama de boj (que tiene la madera muy dura) labrada en cuña en su punta sirven para el mismo cometido.

Cuando a la navaja o cuchillo les cuesta entrar a hender un patrón de madera muy dura, unos golpes con un pequeño mazo de madera facilitan la operación. Martillos o mazos de cabeza de acero pueden valer o no, dependiendo de cual sea el aparato hendidor sobre el que van a batir. Si es una pequeña hacha no hay problema, pero si es una navaja pueden desformar la hoja.

La importancia del cambium en el injerto en cuña

Si el patrón es más grueso que la púa, esta se colocará adosada a un lado de la hendedura, nunca en medio y medio. La razón está en que es precisamente en la entrecasca donde se sitúa el cambium, capa generatriz de los nuevos tejidos que van a formar la unión. Al insertar la cuña en el boquete, los cambiums deben coincidir al menos por un lado.

En caso de que la sección del patrón y la de la púa a insertar tengan el mismo diámetro, el contacto será más completo, porque habrá coincidencia de cambiums de las dos bandas de la cuña con las correspondientes del boquete.

Cuando el patrón es suficientemente grueso , se podrán colocar dos púas adosadas a las bandas del boquete para que coincidan los cambiums de sendas partes de fuera.

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Injerto de cuña. Foto: Paco Rego

En re-injertos sobre patrones de muchos años, conviene fijarse en la cáscara, que puede estar bastante gruesa. En la parte exterior del ritidoma se van acumulando capas de material seco (corcho). Es preciso limpiar con cuidado hasta que aparezca a la vista la epidermis viva del portainjerto y así colocar la púa en el sitio exacto para buscar la mejor coincidencia de los cambiums. Con buena vista (o buenos lentes de cerca en los veteranos) no hace falta sacar la cáscara muerta, pero yo aconsejo a quien se inicia que sí lo haga.

No es recomendable insertar púas en portainjertos de sección más delgada. Se puede jugar con el hecho de que a veces las secciones de las maderas no son exactamente cilíndricas sino más bien elípticas para así buscar la acomodación oportuna para la plena coincidencia de los cambiums púa-patrón.

De cualquier manera, si un pie de portainjerto se aprecia endeble en la altura en que se anda injertando y siempre y cuando no se deba a enfermedades de la madera, heridas de maquinaria o cualquier otro accidente que recomiende reemplazarlo, lo mejor es esperar a que engrose un poco.

Pies que aún no sirven para enjertar en invierno pueden estar a punto para otros métodos a finales de la primavera. Aunque así no sea, no pasa nada por esperar un año más. Lo que hay que hacer es atender muy bien esos pies atrasados para que vayan desarrollando su sistema radicular y así se irán igualando a los otros.

Cuando plantamos una viña con barbados (injertos enraizados), el acondicionamiento del terreno debe ser igual de bueno que si lo hiciéramos con planta injertada. Los cuidados a dar en la viña hasta el momento de injertar también deben ser los mismos, excepto el de la aplicación de fungicidas, que normalmente los bravos no precisan. De este modo, los barbados arrancarán con más fuerza, la plantación será más homogénea, y al año siguiente la mayoría estará pronta para injertar.

No obstante, puede acontecer que estemos ante una viña de fuerte pendiente, de suelo pobre y con una exposición ardida al sur-poniente. También que tras la plantación surjan una primavera y verano extremadamente secos. En fin, que los barbados desarrollen menos de lo que se esperaba. En estas situaciones adversas no es raro que haya que esperar dos años después de plantar para comenzar a injertar.

Aun así, el resultado no va a ser peor en comparación a la plantación con viña injertada. Al contrario, el bravo va a aguantar mejor las condiciones adversas que unas plantas de vivero que cada día sirven más cortas.

“A día de hoy hay demanda de injertadores profesionales”

Teniendo que esperar dos años, y aunque quedara algún resto para enjertar en el tercero, nada se retrasa porque lo que realmente importa es que mientras se espera se vaya formando un potente sistema radicular en el suelo.

A día de hoy lo peor de injertar en el campo está en la dificultad de contratar el servicio de buenos profesionales, escasos y por tanto muy solicitados.

La climatología de las semanas que siguen a la ejecución de los injertos de invierno varía de año en año. Hay que contar con que en estas fechas van a venir días de lluvia y de frío, a veces coincidentes y con persistencias mayores de lo que quisiéramos.

Cada zona y cada viña tienen sus peculiaridades. Allí donde sea habitual injertar en campo, la experiencia de los viticultores más veteranos va a ser de enorme utilidad.

Recordar que aunque la cuña de invierno es el método más extendido, hay otros que vamos a describir más adelante, que en ciertos casos van a ser de interés para sustituir o combinar con él, según se encuentren en cada caso los porta injertos y la viña. A mayores aun queda la oportunidad de complementar con los métodos de primavera-verano.

Las ataduras de las cuñas

Cuando el portainjerto es grueso, las cuñas (siempre y cuando fueran bien labradas y bien colocadas) quedan muy apretadas por la propia hendidura, siendo prácticamente innecesario atar. Aun así, es mejor hacerlo, porque una buena atadura siempre es una defensa más en caso de roce de animales o cualquiera otro evento que pueda moverlas.

Los mimbres cuando los patrones son gruesos, y la rafia nos de diámetro normal, son los materiales tradicionales de atar las cuñas más usados por nuestros injertadores

Desde tiempos más recientes, el uso de bandas de cinta elástica de caucho natural (flexiband) está extendiéndose en este método de injerto.

La tensión de apretado debe ser la justa para evitar que las púas se muevan. Con la flexiband hay que tener mucho cuidado, porque es capaz de hacer una gran presión, llegando a estrangular el injerto. En los de invierno es menos probable que pase esto. Sí lo es más adelante, cuando se opera en injertos con componentes herbáceos.

La flexiband es biodegradable a la intemperie. Esto es aplicable a injertos aéreos en que la cinta queda descubrimiento. Pero no lo es cuando está tapada con tierra o cualquiera otros elementos que priven la entrada de los rayos UVA. De ser así cuando el patrón engrosa se puede producir una cintura estranguladora. Antes de que eso acontezca, es mejor soltar la goma, volviendo a atar, con menor presión, si fuere necesario. Las bolsas de flexiband deben guardarse en la oscuridad para que se conserven en buen estado.

La cobertura de las púas

Tiene por objeto proteger de la desecación la herida del injerto y las propias púa. El material empleado normalmente es la tierra de la misma viña. Sólo se hubiera mucha pedregal o fuera excesivamente barrosa sería conveniente traer un remolque con otra tierra más indicada para cubrir.

La tierra debe tapar, evitando así a desecación. Al mismo tiempo ha de estar esponjosa, para evitar que las púas se ahoguen. Por esta razón, al ir acercando y aposando la tierra para hacer los montículos, jamás deberá estar apretada.

Los montículos bien hechos crean un microclima ideal para la formación del callo de unión

Las tierras barrientas, por efecto de lluvias abundantes seguidas de días de sol fuerte, tienen tendencia a dilatar y contraerse, formando grietas por donde entra el aire, pudiendo afectar a la misma unión. Si las púa no estuvieran firmemente atadas, podrían moverse por causa de estos movimientos de la arcilla. En este tipo de terrenos los injertadores normalmente acumulan montículos muy grandes, tapando los dos ojos de la púa. La razón estriba en que de este modo la costra externa protege el interior, tal y como la cáscara del pan protege la miga, cosa que no pasaría con un montículo pequeño.

Aun así, si las inclemencias propician la aparición de una costra muy gruesa y dura, es conveniente deshacerla con mimo para no tocar las púas, con un pequeño sacho cebollero. Se desmenuza la tierra con las manos y se reubica, para recuperar el aspecto grumoso, mejorando la respiración del montículo, imprescindible para el éxito del injerto.

Las tierras arenosas no tienen estos problemas. Airean muy bien y los movimientos de contracción-dilatación son mucho menos acusados que en las barrientas. Al hacer el montículo, se pueden tapar los dos ojos de la púa, pero generalmente llega con que se cubra bien el primero. Al ser menos consistentes, sobre todo se el porcentaje de área es muy elevada, es fácil que después de una lluvia fuerte se desmorone parcialmente la cumbre de los montículos, pudiendo quedar las uniones al aire. Habrá que rehacerlos inmediatamente, antes de que un sol fuerte o un viento secante estropee el trabajo.

Los tubos de plantación

Después de la popularización de los tubos de plantación, hay quien los usa para proteger los injertos, acumulando o dentro y alrededor de los tubos. Siempre que la tierra esté bien esponjosa, y que las lluvias no provoquen encharcamientos dentro de los tubos, el resultado debería ser bueno. Si no son porosos, será conveniente colocarlos un poquito levantados sobre el nivel del suelo para que el agua excesivo evacúe por los fondos.

En dichas viñas de pedregal o con tierras menos apropiadas para cubrir, que precisan acarrear tierra de fuera para cubrir los injertos, si la cantidad necesaria fuera mucha existe un modo de ahorrar. Puede ser con el uso de estos propios tubos. O bien preparar unas bandas de plástico normal, que se van recortando a la medida y luego grapando. De este modo quedan unos cilindros semejantes a dichos tubos. Estos cilindros se colocan de manera que los injertos queden dentro de ellos. Con una paleta semejante a la de los tenderos estos tubos se van llenando con la tierra esponjosa. Después, con el sacho, se acerca alrededor la tierra de la propia viña. Esta manera de operar es bastante extendida en las tierras esquistosas del Duero. Creo que allí ya se consiguen plásticos hechos a medida. Para cantidades pequeñas, tetrabriks recortados cumplirían la función.

Para los injertos de vid hechos en alto, la protección con cucuruchos es lo más usual. Cucuruchos que son frecuentes de ver en Galicia además de en las parras, en injertos de manzanos, perales, ciruelos, cerezos y otros frutales. Se improvisan materiales varios: cartones, botellas de plástico invertidas las que se les cortó el fondo, etc.

En las viñas altas los injertadores profesionales lo que más están utilizando son bandas de plástico, que van recortando en la medida necesaria. Ya en la planta, les dan la forma de cucurucho y las afirman atándolas al patrón para que cumplan con su cometido.

La tierra ha ser suelta, opcionalmente se puede colocar un poco de musgo en el fondo del cucurucho. La tierra se llegará hasta casi la cima, debiendo cubrir al menos el ojo inferior de la púa y ha de tener humedad suficiente (“lentura”). En caso de lluvias fuertes el cucurucho deberá tener capacidad para evacuar el exceso de humedad acumulado, haciéndole unos agujeteros en la base para purgar si fuere necesario.

 Los cucuruchos acostumbran a ir bien en el injerto invernal de la viña en lugares de marcada influencia marítima

Los cucuruchos acostumbran a ir bien en el injerto invernal de la viña en lugares de marcada influencia marítima. Hay más humedad ambiental y la oscilación térmica es menor. Pero no por esto se debe olvidar que el volumen de tierra que contienen es muy escaso. Igual que hay que tener cuenta de que no se encharquen ni que baje el nivel de la tierra, es preciso estar atentos a que no se resequen cuando surgen períodos de tiempo seco y caliente, regándolos cuando haga falta.

Tierras de cobertura que posean buena porosidad, además de proporcionar la oxigenación necesaria, contribuyen a la evacuación del exceso de humedad cuando en el post- injerto surgen las temidas lluvias persistentes, y peor aún si estas vienen frías.

En los injertos bajos, cuando no hay suficiente filtración, las púas podrían llegar a asfixiarse dentro de los montículos, malográndose todo el trabajo. Esto tiene más posibilidad de ocurrir cuanto más llana sea la parcela y cuanto más fuerte sea la tierra. He aquí la importancia de la meticulosidad en todo el proceso.

Hay que evitar a toda costa el encharcamiento de los injertos

En injertos hechos sobre patrones vigorosos, especialmente si los segundos tienen más de un año de plantados y están plantados en terrenos fértiles, y aun más si coinciden primaveras de mucha agua, afloran “manantiales” de savia por el corte que inundan las uniones, llenando de humedad los montículos. He ahí la importancia de que la tierra de cobertura tenga una buena estructuración a la hora de evacuar el exceso de agua, evitando encharcamientos nefastos.

Otros años puede acontecer todo lo contrario, que le dé por no llover y por encima venir muchos días seguidos con picos de altas temperaturas coincidentes con vientos re-secantes. En esas circunstancias es vital mantener la humedad en el interior del pie, para no malograr el proceso de unión. El peligro es mayor cuando el bravo es joven, del año anterior.

Repartiendo agua con una manguera, conectada a la cuba del atomizador del tractor, aplicada en gotas finas y presión reducida para no afectar a la estructura de los montículos, se hacen milagros. Allí donde esté instalada el riego por goeteo el problema aún es más cómodo de solventar.

Voy a transcribir lo que me dijo un viejo injertador hace muchos años:

“Lleva un cubo de agua y un vasito. En la cima del montículo, en medio y medio, haces un agujerito redondo, más o menos del tamaño de un huevo, con mucho cuidado para no mover las púas. Coges el vaso lleno de agua y lo vacías muy lentamente. Rehaces el montículo y pasas al siguiente..”.

De este modo tan simple, la humedad baja directa al corazón del injerto, saliendo del apuro con muy poco gasto de agua.

Los montículos, si están bien hechos, crean un microclima ideal para la formación del callo de unión. No sólo es la defensa contra la sequía, sino el equilibrio oxigenación-humedad, así como una relativa protección contra las excesivas oscilaciones de las temperaturas exteriores.

Yo tengo hecho injertos de cuñas de invierno protegidas con diversos mástics, tanto comerciales como caseros. Con otras frutales me fue bien con muchos de ellos, pero en lo relativo a la viña el que me ha dado mejor resultado, con gran diferencia, es la cobertura con tierra.

La cuña con hombros es una variante que a la vista parece más perfecta. Sin embargo, la conclusión más clara que tiré es que me llevaba más tiempo labrar la púa. Relativo a los resultados de prendimiento no vi diferencias significativas. Por esto mismo sólo la labro con hombros en muy contadas ocasiones.

“Las fechas ideales para injertar van hasta finales de marzo e incluso abril”

Como manifesté anteriormente, las bondades invernales cambian de unas zonas a otras. Y los inviernos vienen distintos cada año. Con estos condicionantes, las fechas ideales pueden oscilar entre mediados de febrero y fines de marzo, pudiendo prolongarse por abril adelante en caso de que el mal tiempo hubiera impedido finalizar antes.

Las yemas de las púas deberán estar cerradas. Sin embargo, cuando se injerta sobre patrones potentes, el hecho de que dentro de un manojo de varas haya algunas yemas que estén queriendo hinchar por lo general no va a suponer un gran perjuicio. La razón está en que el brote que acostumbra a reventar en la yema es el procedente de su cono principal. Pero además, dentro de esa misma yema, están los conos secundarios que lo rodean, permaneciendo dormidos, pero que actúan como suplentes dispuestos a reventar cuándo el principal se malogra por cualquier motivo. Hay veces en que revienta más de un cono por yema, pero no es lo habitual.

Hay portainjertos que brotan muy temprano. Si en la altura de ejecutar el injerto vemos que hay algún bravos brotados, esto no suele tener mayor inconveniente.

Como en invierno las lluvias son o deberían ser lo normal, la tendencia a los encharcamientos va a estar ahí. Aparte de las medidas antes señaladas, en las situaciones en que haya más propensión, la preparación y la colocación de las púas en los boquetes debe ser tal que se facilite la evacuación de líquidos. Además de las lluvias abundantes, la acumulación de humedad en el montículo puede deberse a emanaciones de patrones vigorosos o de varios años.

Hay muchos injertadores que recomiendan recortar el patrón unos días antes de injertar. Moderar la emanación de savia o adelantar los estímulos a la callogénesis pueden ser las ventajas. En cualquiera caso, al estar el bravo podado y el terreno bien limpio alrededor, el injertador va a agradecer el trabajo hecho. Esto avanza mucho la labor, sobre todo cuando se trata de reinjertas de vides adultas, en las que hay que serrar unos patrones gruesos, cuando no hacer un minucioso descalzado previo con el sacho. Yo tengo enjertado cortando tanto en el momento como con recortado previo.

A mi entender, contando con que se hayan hecho las labras en las púas adecuadas a cada situación, tal vez más que el hecho de haber recortado previamente va a contar la climatología reinante en las semanas que siguen al injerto.

Realmente son los profesionales que han realizado cientos de millares de injertos los que saben lo que va mejor para cada situación.

B) Injerto por el método inglés o de espejo:

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El injerto por el método inglés o de espejo ha sido utilizada por los viveristas en el injerto de mesa de la vid antes de que se generalizara el uso de las máquinas (especialmente la omega).

Se llama de espejo porque al bravo y al patrón se le dan dos cortes en bisel (tal como si fueran dos injertos de cuña a medio hacer) y con la misma longitud. Aproximadamente a las 2/3 partes, contadas yendo de la base a la punta del bisel, se abren sendas pestañas o lengüetas, en sentido contrario, que penetran muy poco en la madera, casi que paralelas a los biseles. Estas pestañas sirven para realizar un encastre perfecto bravo-manso.

Cuando bravo y manso tienen igual sección, el resultado es un acople perfecto, con un contacto inter-cambial total. Por eso a este método le llaman de espejo.

Si el portainjerto tiene mayor sección, por las mismas razones antes expuestas para el método de cuña, la púa se adosa a un lado. En patrones mucho más gruesos que la púa se puede hacer el injerto inglés lateral en cabeza.

Cuando el patrón es bastante grueso, pueden coger dos púas, que se adosan cada una a su banda para que coincidan los cambiums de los lados de fuera. Hay veces en que se pueden colocar cuatro púas, dos la cada lado del patrón.

Los injertos ingleses hechos en la viña se atan y se cubren igual que los de cuña.

El injerto inglés simple es el mismo, pero sin lengüetas. No es peor, lo que pasa es que se hace más engorroso para dar atado bien y por esto mismo casi que no se usa.

C) Injerto mallorquín:

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El injerto mallorquín, en los tiempos actuales más conocido como de chip-bud, viene siendo una variante anticipada de escudete, ya que no es preciso esperar como en los otros de ojo a que el patrón dé la cáscara.

Al patrón se le da un primer corte en ángulo agudo respecto a su eje longitudinal, que penetra en la madera aproximadamente entre 1/3-1/2 de la sección. Desde unos 1,5-2 cms. mas arriba, se hace otro corte que baja hasta encontrar la base del primero. El resultado es un encaje en el que se acomodará el escudo.

La extracción de la yema de la vara de la vinífera, la ejecución es semejante a la descrita para el portainjerto. El chip o escudo resultante se incrusta en el encaje del portainjerto. Caso de ser delgado, se acerca a un lado para que el cambium coincida de ese lado.

En encajes labrados muy anchos, se pueden acoplar dos chips, uno a cada banda.

Cuando son muchos los injertos a hacer, yo recomiendo labrar muchos chips, y depositarlos en un cubo con agua fresca. Según se van labrando los encajes en los patrones, se van escogiendo del cubo los chips más acomodados para insertar.

Los primeros mallorquines eran hechos a finales de verano. Los escudos se cubrían con tierra, previo depósito de hojas mojadas encima de la herida, para garantizar unos primeros días de ambiente húmedo que ayudaran al inicio de la formación del callo. Hoy es más fácil que entonces llevar el agua a muchas viñas, lo que facilita el éxito.

Actualmente, la variante conocida con el nombre de chip-bud, se ejecuta en invierno-primavera. Se hace aérea y se ata con cinta de plástico, que además sirve de protección. El ojo debe quedar a la vista

Punto débil del chip-bud

El chip-bud es un injerto con un punto débil, ya que cuando las raíces del patrón mandan mucha savia tiene tendencia a ahogar. Por culpa de este detalle el proceso de unión se malogra muchas veces. Cuando se da la circunstancia, sea por mucho vigor o por primaveras húmedas de más, es conveniente practicar unos centímetros por debajo de la unión un pequeño corte de drenaje que evacúe el exceso de savia.

El chip en la viña es muy utilizado para el sobreinjerto. A diferencia del reinjerto, que se hace bajando al bravo, en el sobreinjerto se opera sobre la vid mansa.

D)Injerto de cuña lateral:

El injerto en cuña lateral de invierno es muy parecido en su ejecución al de cuña en cabeza. Muy fácil de realizar una vez que se practica un poco, da muy buen resultado tanto en injerto de invierno como en los métodos de primavera-verano.

A diferencia de la cuña tradicional, la lateral, al igual que el injerto de espejo, puede dar lugar a encajes plenos. Hay variantes en que se deja un quita-savias y otras en las que no. La cuña lateral, generalmente más corta, es semejante a la de injertos en cabeza.

Hay injertadores que la dejan un poco asimétrica, con el corte que va a ir colocado del lado interior es algo más largo que el del lado de fuera. Yo no lo encuentro imprescindible, al menos en vid.

En el patrón se realiza una hendidura lateral, en ángulo muy agudo respecto al eje longitudinal del tronco. Una navaja bien afilada a un lado, es la más indicada para realizar un corte recto. En cuanto no se gana práctica, la navaja, sobre todo si está afilada por las dos caras, tiende a curvar, el boquete no queda bien hechao y el encaje va a ser defectuoso. Si los cortes tanto en la púaa como en el patrón son rectos, el resultado será un excelente contacto.

Las ataduras y la cobertura son los mismos que los del injerto de cuña en cabeza o los de espejo.

Resumen en imágenes de las claves para injertar la viña:

Conclusiones

Los métodos de injerto de invierno y principios de primavera son una herramienta más en la multiplicación de la vid en campo.

El de cuña en cabeza se adapta tanto para injertar en bravo joven como para mudar de variedad mediante el reinjerto sobre bravo viejo.

Su hándicap está en que en los fallos que se produzcan, además del injerto, también se puede perder algún que otro pie de bravo, especialmente si este es del año anterior, con un sistema radicular aún débil. Por esto mismo, siempre que sea posible recomiendo injertar un poquito más alto. Así se evitan franqueamientos futuros (raíces emitidas por el manso). Y en el caso de alguno que otro fallo, el bravo siempre tendrá mejor oportunidad de rebrotar.

El chip va bien para injertar en bravo joven, pero se está empleando mucho más para cambio de variedades en sobre-injertos en el manso, sobre vides relativamente jóvenes y con troncos bien formados. Por su propia forma, de los cuatro métodos descritos es el menos susceptible a ser afectado por toques de animales.

Al tratarse de un método en el que se enjerta relativamente alto, en aquellos pies con injertos fallidos la vid rebrotará sin problema, especialmente cuando se deja un tira-savias, pudiendo hacer reintentos a posteriori con el método de escudete “T-bud”.

Tanto el espejo pleno como la cuña lateral van muy bien en patrones jóvenes, porque en ambos tipos de encaje hay un contacto cambial muy completo, a agradecer cuándo el empuje de la savia aun es escaso, y peor aún si surgen altibajos que comprometen el éxito. La cuña lateral después de atada queda muy bien afirmada al patrón.

Sin embargo, el espejo, pese a su perfección, da lugar a uniones más fácilmente movibles por lo que conviene prevenir clavando tutores cuando hay peligro de roces de animales.

“Tenemos de procurar hacer el injerto con el mayor rigor”

Tenemos de procurar hacer el injerto con el mayor rigor. Aun así la climatología es imprevista y algunos fallos de prendimiento son inevitables. Hay que cuidar los patrones cuyo injerto falló para que se recuperen y ganen vigor, con opción para reintentos en el mismo verano o en la campaña siguiente, según como vayan respondiendo las brotaciones.

Si al estar en la faena del injerto de invierno algunos portainjertos no nos parecen aún competentes para ser recortados, mejor será dejarlos quedar, esperando a que se fortalezcan para injertaros por otros métodos a fines de primavera-verano o en la campaña siguiente. Esperando a que aumente su expansión radicular disminuiremos el riesgo de que fallen y de que por encima parte de ellos sequen de cuajo por no soportar tanto shock.

Hay varios métodos de injertar la vid, que se pueden practicar desde mediados de febrero hasta fines del verano. Eligiendo los más adecuados para cada circunstancia, y salvando campañas ruines, que siempre las hubo y las va a seguir habiendo, tras un trabajo bien hecho la tasa de marras deberá entrar dentro de los márgenes de lo razonable.

“Un buen injerto de campo no va desmerecer jamás en relación al viñedo injertado”

Siendo así, el injerto de campo no va desmerecer jamás en relación al viñedo injertado. En general la evolución debería ser como mínimo igual, cuando no mejor.

La realidad se imponen, y cuando se está hablando de grandes superficies, con muchos de millares de pies, el injerto en campo se hace impensable habida cuenta el poco personal especializado disponible en la actualidad.

Mas también hay otra situación, la más común en las viticulturas gallegas, la de los pequeños productores. Pequeños sí, pero varios de ellos con un objetivo grande: el logro de vinos de altísima calidad. Algunos ya lo han logrado. De desconocidos hace dos días, hoy ya son alguien en la viticultura. Y los vinos de parte de estos pioneros ya traspasan fronteras a precios muy decentes.

Plantando patrones adaptados a la cada parcela, injertándolos con clones y variedades autóctonos provenientes de viejos ejemplares de la zona, bien acomodados a sus terroirs.

Según en que estado se encuentren las viñs viejas, el cambio de foráneas por esas mismas variedades mediante el reinjerto es otra opción a considerar.

“Es en las parcelas de los pequeños viticultores donde tiene mejor cabida el injerto”

Una vez que se aprende a enjertar en el campo, puede que al principio se vaya más lento de lo que se desea. Pero por algo se comienza y lo que importa es irse soltando más cada año.

La meta será recuperar las variedades perdidas, hacer vino con ellas y darlo a conocer al mundo. Es pues en las parcelas de estos pequeños viticultores donde tiene mejor cabida ese arte que es el injerto en el campo. Valiéndose de ella cada uno de ellos puede organizar los repartos de variedades y clones como mejor le conviniere. Variedades y clones procedente de viejos ejemplares de sus viñas o de las de familiares y vecinos. Garantiza de este modo la perpetuación de este patrimonio local dentro de sus parcelas.

Será bueno que estos pequeños viticultores puedan encontrar portainjertos acomodados a sus terroirs, y con garantía de que no porten patógenos extraños a la zona.

Un vivero de pies madres de portainjertos, productor de estacas y barbados a nivel gallego, es necesario. Los barbados y las estacas serían de longitudes variadas, las más idóneas para los diversos terrenos receptores.

Este vivero que no sólo suministraría a los viticultores que opten por el injerto en la viña, sino también a nuestros viveristas que en la actualidad están trayendo de fuera las estacas de bravo. Se contribuiría a preservar así la sanidad y a conservar biodiversidad que es propia en cada zona.

Es muy necesario un vivero de pies madres de portainjertos productor de estacas y barbados a nivel gallego

Habiendo los viticultores recuperado, conservado y estudiado su patrimonio varietal, disponer de un vivero gallego de portainjertos de los que se fueran suministrando según sus necesidades, daría lugar a algo así como un “ciclo completo”.

Evitarían tener que recurrir, directa o indirectamente, a las importaciones de material, cuya sanidad no siempre se corresponde con lo que viene explicitado en las tarjetas que acompañan los fardos.

Tratemos de obrar con sensatez y con prudencia, para que las enfermedades que nos puedan caer en el futuro sean ocasionadas por la ignorancia o imprudencia de otros, nunca por la nuestra.

La formación de injertadores profesionales es necesaria para atender las demandas anuales de aquellos viticultores que por diferentes razones no puedan realizar por ellos mismos la tarea.

 

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