“Las ganaderías pequeñas mantienen la vida en las aldeas, y eso no lo hacen las grandes explotaciones”

Alberto Rivera García es titular de Granxa Riveira, una ganadería de vacuno de leche en Cambás en el Ayuntamiento de Aranga. Nos cuenta cómo maneja su explotación y como ve el futuro del sector lácteo en Galicia.

“Las ganaderías pequeñas mantienen la vida en las aldeas, y eso no lo hacen las grandes explotaciones”

Alberte Rivera, ganadero de Cambás.

El valle de Cambás, en el ayuntamiento de Aranga, es una de las zonas con mayor actividad ganadera de la provincia de A Coruña. Unas 50 ganaderías de vacuno de leche se mantienen activas en esta parroquia, lo que se traduce en un paisaje cuidado, en puestos de trabajo y en niños y niñas en las aldeas.

Alberto Rivera García es uno de estos ganaderos que mantienen vivo el rural de Cambás. Afirma con convicción que “aquí estas ganaderías de tamaño pequeño y mediano son también 50 familias que viven aquí y que crean puestos de trabajo”. “Por el contrario, las grandes explotaciones de cientos e incluso miles de vacas que se nos quieren imponer no creo que no aportarán nada al tejido social del rural y tampoco supondrían mayor calidad de vida”, subraya.

Como tantas otras ganaderías familiares de Galicia, Granxa Riveira experimentó un salto de gigante en los últimos 30 años: de 40 vacas en ordeño en el año 1995, pasó a 50 en el año 2000 cuando Alberto se incorporó, y a 120 animales en el año 2010 hasta alcanzar las 180 vacas en ordeño con las que cuenta en la actualidad, una cifra en la que prevén estabilizarse.

“Como granja familiar creo que llegamos a nuestro tope y ahora quizás sea el momento de mejorar ciertas cosas de manejo. Por ejemplo, veo que en el futuro la mano de obra va a ser un problema, por lo que quiero automatizar más los procesos con una amamantadora, un robot arrimador e igual también sala de ordeño robotizada o con robot”, asegura.

Un tractor con pala, la única maquinaria de la explotación

En este momento trabajan en la explotación 4 personas: Alberto; su mujer, Ángeles; su madre, Carmen, y un empleado, Abel. Es una de las pocas ganaderías gallegas -el 5% según los datos de los expertos- que están en un grupo de gestión, en este caso en el de la Cooperativa Agraria Provincial de A Coruña, lo que les permitió mejorar la rentabilidad en los últimos años.

“Creo que la gestión es lo más importante en una granja. Estamos en la CAP desde el año 1990 y eso nos permitió saber dónde fallamos y donde podemos ganar más dinero. También estar en un grupo de gestión permite que te compares con otras granjas y tener claro cuáles son las inversiones realmente necesarias”, destaca.

Además, su ganadería es socia de la cooperativa Cusoviame, de la que, entre otros, echa mano de los servicios de substitución para disponer de tiempo libre, y también forma parte de una CUMA para hacer los trabajos agrícolas.

“Esto los permiten simplificar y centrarnos en el trabajo como ganaderos dentro de la explotación”, explica Alberto. Un dato muy revelador es que la única maquinaria con la que cuenta esta ganadería es un tractor con pala para el trabajo diario.

Producción y manejo del ganado

La producción anual en 2017 de esta ganadería fue de unos 2,1 millones de litros, que le venden a Central Lechera Asturiana. El promedio es de 35 litros por vaca, con un porcentaje de grasa de 3,9 y de 3,4 de proteína.

Estas producciones se consiguen con una ración de 25 kilos de silo de hierba, 28 kg de silo de maíz, 9,5 de concentrado, 1 kg de paja y 10 kg de bagazo de cerveza. “El bagazo mejora bastante el sabor y el aroma de la comida y en mezclas secas ayuda a mezclar y le aporta un olor que no tendría”, subraya.

Manejo de la base territorial

Los forrajes propios son producidas en una base territorial de 75 hectáreas: 55 ha en propiedad y unas 20 alquiladas. En ellas siembran 50 ha a maíz y 75 a hierba. “Se siembra casi el 80% de lo que se recoge de maíz a hierba, con una mezcla de raigrás italiano raigrás inglés, y el resto a pastos permanentes. No me gusta dejar la tierra desnuda en invierno porque hay zonas pendientes y es preferible tener una capa vegetal para evitar la erosión”, explica Alberto.

En esta zona alta y de tierras más frías la siembra del maíz se realiza más tarde, y también la cosecha, por lo que optan por ciclos cortos de entre 250 y 300. Logran un promedio de rendimientos de 35 a 40 toneladas de materia húmeda por hectárea, pero reconoce que “el año 2017 fue excepcional y llegué a las 45 toneladas, con un 34% de almidón”.

La buena climatología en esta zona el pasado año también les permitió recoger dos cortes de hierba, con un 15% de proteína y un 30% de materia seca.

Están inseminando con la raza Angus por la mayor facilidad de parto

En cuanto a la genética, Alberto asegura que a la hora de elegir a los toros para los acoplamientos “buscamos más que nada caracteres funcionales, de ubres y patas, pero sobre todo que sean toros equilibrados, sin defectos”.

Concuerda en que es preciso seguir avanzando en la mejora genética del rebaño, “pero progresando de forma eficiente”. Así, limita el genotipado solamente a las becerras que considera que están por encima del promedio para sacar embriones. “Lo veo como un gasto demasiado alto para hacerlo a todas y creo que no es imprescindible”, afirma.

El 70% de las novillas con inseminadas con semen sexado y el 40% de las vacas con carne, sobre todo con Angus y Limousin. “Probamos con Angus porque los partos son muy fáciles y son animales con pocos problemas desde que nacen. El precio a la venta puede haber diferencia de 50 euros menos con respecto al Limousin, pero tienes un porcentaje muy inferior de problemas de partos”, explica.

Tres xeracións de Granxa Riveira

Futuro: “Me gustaría que mis hijos siguieran con la ganadería, pero también los de los vecinos”

En cuanto al futuro del sector lácteo, Alberto Rivera está convencido de que “en Galicia hay capacidad para producir mucha más leche y con más granjas”.

“El problema -advierte- es que la Administración lleva haciendo mal el trabajo desde hace muchos años y van a desaparecer muchas ganaderías. Va a haber muchas menos granjas, más intensivas y más grandes, pero con menos puestos de trabajo y menos gente en las aldeas”.

En su caso, dice que “me gustaría ver el futuro de mis hijos aquí, y también el del resto de los vecinos, porque es un trabajo en el que organizando el tiempo puedes llegar a tener un nivel de vida bueno, con días libres y vacaciones”.

Pero para eso, Alberto considera imprescindible que “los propios ganaderos y ganaderas le demos valor a nuestro trabajo para que el resto de la sociedad también nos perciba de forma positiva”. “Aportamos muchas cosas positivas a la sociedad y gracias a nosotros se mantienen vivas las aldeas, una cultura y un paisaje únicos”, concluye.

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