“Me gusta que las vacas salgan al aire libre y disfruten de los pastos”

Inés Otero y su marido José Gago atienden una de las pocas ganaderías de pastoreo que quedan en la parroquia cruceña de Bascuas. Conocemos cómo trabajan en esta explotación, una de las que suministra la leche para elaborar los quesos Doña Cobiña, de la quesería de Cobideza, que se nutre de ganaderías en pastoreo

“Me gusta que las vacas salgan al aire libre y disfruten de los pastos”

Inés y José con parte de su rebaño, en uno de los pastos próximos a la explotación.

Inés Otero y su marido José Gago vivían y trabajaban en A Coruña, pero un imprevisto familiar hizo que regresaran a la casa natal de Bascuas, en el concello pontevedrés de Vila de Cruces, donde ella se había criado, para dar continuidad a la explotación familiar. Desde entonces pasaron ya casi 30 años, pero Inés aún recuerda cómo les costó adaptarse al cambio de vida. “Yo me había criado en esto, pero para él, que trabajaba de albañil, al principio le costó, pero ahora está casi más contento que yo con las vacas”, reconoce Inés. Entre los dos atienden una de las pocas explotaciones de pastoreo que quedan en esta parroquia.

Cuando comenzaron, en los años 90, la explotación contaba con unas 15 vacas. Hoy, el rebaño lo forman 47 vacas frisonas. “Tenemos también una novilla de cruce, un capricho”, reconoce. “Tampoco aumentamos mucho en estos años, siempre quisimos ir sobre lo que dábamos atendido y nos hacía falta”, comenta Inés. Ordeñan unas 24 vacas y el resto se reparte entre el lote de las vacas secas y alrededor de 20 novillas para la recría.

Salir al pasto todo el año

Verano e invierno, las vacas salen al pasto, aunque dependiendo de la estación lo hacen en un horario o en otro. Ahora en invierno y en otoño, aprovechan las horas centrales del día para salir a pastar. Por la mañana, permanecen en la explotación, donde complementan su alimentación con una ración diaria a base de cerca de 20 kilos de silo de maíz, otros tantos de silo de hierba y con hierba seca y el pienso estipulado por el nutrólogo.

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“Dependiendo de la calidad del pasto que haya, también se va variando la ración que comen en el establo, porque si no sobra”, apunta José. “En nuestro caso es más difícil calcular estas cantidades exactas, sobre todo de silo de hierba y hierba seca, al no emplear carro para elaborar la ración”, comenta.

En verano, las vacas permanecen buena parte del día en la explotación, donde están más frescas y cuentan con sistemas de ventilación. En este caso, salen a pastar cuando terminan de ordeñarlas, al atardecer. “Aún quedan muchas horas de luz y fresco y ellas aprovechan”, explica Inés. Cuando ya es de noche las acercan a una zona más próxima a la explotación, donde permanecen toda la noche al fresco. “Los únicos días que salen menos tiempo al pasto es cuando llueve, porque a ellas no les gusta estar fuera. El frío no les importa pero con la lluvia enseguida quieren volver para la granja”, explica Inés.

Pastar al lado de la granja

Inés reconoce que una de las ventajas que tienen es disponer de casi 10 hectáreas de pasto y arbolado en las cercanías de la granja. “Esta finca que tenemos alrededor de la granja nos queda cómoda y además le da el sol cuando sale, está al abrigo del viento frío del norte y también está protegida del sol más intenso en verano. El único defecto que tiene es que es un terreno con algo de pendiente” explica. En estas tierras pacen las vacas a diario.

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Las vacas pacen en las fincas más próximas a la granja.

Además, cuentan con alrededor de otras 15 hectáreas algo más lejanas donde cultivan los forrajes. Buena parte de la tierra es en propiedad, pero también tienen una parte alquilada y algunas tierras cedidas por otros vecinos para su aprovechamiento. Cultivan alrededor de 8 hectáreas de maíz que van alternando con la producción de silo. “Tenemos las vacas que damos mantenido con los forrajes que producimos. Nuestra apuesta es por la calidad”, apunta Inés. Así, sólo compran paja para las novillas.

“Tenemos las vacas que damos mantenido con los forrajes que producimos. Nuestra apuesta es por la calidad”

El resto de estas tierras permanecen siempre en pradera. Inés opta por una mezcla forrajera compuesta por gramíneas y leguminosas para mantener el pasto de los prados. Decide combinar distintos tipos de trébol con raigrás inglés e italiano. “Siempre me gusta apostar por semillas de calidad, ya que también son garantía de que después la hierba no se pase tanto a la hora de cortar”, comenta la ganadera.

La calidad que procuran en los forrajes y en los pastos buscan que se traduzca en la leche de sus vacas. Cuentan con una producción regular diaria de entre 28 y 30 litros por vaca, con un 4,2% de grasa y un 3,3 de proteína. Y en recuento de células somáticas en tanque se sitúan en un promedio de 103.000.

Junto con las praderas, también disponen de zonas de arbolado que aprovechan para que la recría pueda estar parte del día en libertad, a la par que contribuye a mantener sin broza este monte de gran diversidad donde crecen alcornoques, robles y castaños así como pinos o laureles y fresnos, entre otros.

Del pastoreo a un rebaño de carne

A sus 56 años, Inés recuerda que no quisieron hacer más inversión en modernizar las instalaciones por la falta de relevo generacional y porque tanto para las vacas como para su manejo les resultaban cómodas y eficaces. En más de una ocasión la han animado a dar el paso a la producción ecológica, pero manifiesta no sentirse “tentada” por el cambio. “A mí me gusta tener la explotación equilibrada, tratar las vacas cuando es preciso para que estén lo mejor posible y emplear los purines en el abonado de la pradera, y aunque ya casi producimos en ecológico, habría que hacer algunos cambios en estos temas”, comenta. La fertilización de las tierras se hace a base de los purines de la ganadería y se complementa con cal.

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Las novillas permanecen en una zona de pasto y arbolado.

Desde siempre, Inés optó por el pastoreo, ya que no le gusta que sus vacas estén todo el día dentro. “En intensivo es una producción más industrial, aquí las vacas salen y disfrutan en el pasto”, justifica. Este manejo también le permite que apenas tengan problemas de patas en el rebaño. “Aquí nunca precisamos que venga el herrador”, afirma.

En los próximos años, cuando afronten la jubilación de José, no descartan que la explotación pase de la producción de leche a la de carne. “Esta tierra sólo la podemos mantener limpia con el ganado, sino tendríamos que estar pagando continuamente por un servicio que en algunos sitios ni siquiera se puede hacer con maquinaria”, explica.

Parte de la gama de quesos de Doña Cobiña.

Parte de la gama de quesos de Doña Cobiña.

Quesos Doña Cobiña

La de Inés es una de las explotaciones de pastoreo de la zona que suministra la leche con la que se elaboran los quesos de la quesería de la cooperativa Cobideza. Bajo la marca Doña Cobiña están comercializando un abanico de quesos que abarca desde los Arzúa Ulloa (de 500 gr, 800 gr y 3,5kg), los quesos ecológicos, los quesos elaborados con leche cruda o los de Tetilla, de los que acaban de sacar también la versión elaborada con leche ecológica. La oferta se complementa con el queso en barra (1,5 y 2,5 kg) y el requesón.

Cuentan con una producción de entre 8.000 y 9.000 kilos de queso al mes

Después de apenas dos años y medio en el mercado, estos quesos ya se hicieron con el reconocimiento desde el sector, después de que el pasado mes de diciembre hayan logrado el primer puesto en la denominación de origen protegido Arzúa-Ulloa en la XXI Cata de los Quesos. Desde la cooperativa la apuesta es continuar la ampliación de su oferta. “Estamos haciendo pruebas también en ecológico de quesos curados y semicurados, ya que es un queso que pensamos que puede competir en el mercado exterior”, apunta Román Santalla, presidente de Cobideza.

Entrar en el mercado de los quesos curados no es la única apuesta de futuro para esta quesería, que opera desde Agolada y en la que trabajan ocho personas, la mayoría de ellas mujeres. Uno de los retos que valoran es comenzar a producir también algunos quesos con la leche de explotaciones de cabras y ovejas “Serían producciones pequeñas, pero lo estamos valorando para poder colaborar en ofrecer mayor valor a explotaciones de gente joven que está empezando en la zona”, comenta Santalla.

Trabajadores en la quesería de Cobideza, en Agolada.

Trabajadores en la quesería de Cobideza, en Agolada.

En la actualidad, están teniendo una producción media que oscila entre los 8.000 y los 9.000 kilos de queso al mes. “Estamos satisfechos con el volumen que estamos consiguiendo, ya que en Doña Cobiña apostamos por una elaboración artesanal de los quesos”, valora Santalla. De hecho, buscan que esa producción artesanal sea símbolo de identidad. “Los quesos de Doña Cobiña siempre saben bien, pero nunca un queso sabe igual que otro, tienen las variaciones que llegan desde el campo y que no se ven alteradas por el proceso de producción”, reivindica Santalla.

Los quesos de la cooperativa se comercializan en Carrefour, Gadis, Vegalsa-Eroski, en algunos centros de Alcampo y en tiendas gourmet de El Corte Inglés. “Además buena parte de los restaurantes y comercio local de la zona cuentan con nuestros quesos y requesón”, detalla Santalla. También están comercializándolos en ciudades como Vigo, A Coruña, Pontevedra o Lugo y comenzaron a venderlos en Madrid, Cantabria, Baleares, Andorra o Reino Unido, entre otros destinos.

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