“Hay un potencial enorme en la huerta gallega si trabajamos con mentalidad empresarial”

Entrevista a Cristina Bañobre Lomba, una mujer emprendedora de Miño que hace 20 años decidió profesionalizar la huerta familiar. Hoy cultiva más de 50 hectáreas con patata, cebolla y grelo y da trabajo a hasta 30 personas

“Hay un potencial enorme en la huerta gallega si trabajamos con mentalidad empresarial”

Cristina Bañobre cultiva la comarca coruñesa de As Mariñas patata, cebolla y grelos

“Estoy creando riqueza y empleo a partir de la huerta apostando por la trinidad de los gallegos: la cebolla del país, la patata y el grelo”. Así resume Cristina Bañobre Lomba el recorrido de Daterra do País, una empresa que produce huerta en el ayuntamiento coruñés de Miño y en otros limítrofes.

Lo que empezó como una pasión por seguir con la tradición familiar de cultivo de huerta, es hoy ya una empresa que en sus momentos de más actividad da trabajo a unas 30 personas y cultiva más de 50 hectáreas, la mayoría en alquiler, en los ayuntamientos de Miño, Cabanas y Monfero.

En 2018 Cristina recibió el premio AGADER “Lucha contra el abandono y a favor del desarrollo rural” de la Agencia Gallega de Desarrollo Rural (Agader) y desde el pasado año sus productos también están amparados por el sello de calidad de la Reserva de la Biosfera Mariñas Coruñesas y Terras do Mandeo.

¿Como una titulada en Química Ambiental acaba poniendo en marcha una de las mayores empresas productoras de huerta de Galicia?
Mi familia es de Carantoña, en Miño, y desde muy atrás había tradición de cultivo de huerta para la venta, pero a una escala pequeña. Era una tradición familiar que sólo mantenía mi abuela, pero desde pequeña siempre me gustó trabajar con ella en la huerta y todo lo que tenía que ver con la tierra.

Estudié Química Ambiental en la Universidad de A Coruña pero a mí lo que me seguía tirando era la huerta y tenía claro que mi intención era crear una empresa agrícola, crear mi marca, trabajar de manera profesional con maquinaria y contratar gente. Mi modelo eran las empresas vitivinícolas de la Denominación de Origen Rías Baixas. Ya durante la carrera hacía ensayos de cultivos con crucíferas, con cebolla o con ajo para ver como mejorar los rendimientos.

Al finalizar la carrera universitaria decidiste incorporarte. ¿Que nos cuentas de esos primeros pasos como profesional?
Me di de alta como autónoma en el año 1998 y comencé vendiendo en el Mercado Central de A Coruña. Iba con toda mi ilusión, con una mesa de madera, muy bien presentado todo, pero me desencanté porque veía que no se valoraba mi producto y no le veía futuro a esa forma de vender dónde había una relación extraña, no transparente, entre el productor y el mayorista. Me di cuenta de que mi futuro no estaba en vender a granel, sino en apostar por la calidad y por empresas comercializadoras que valoraran mi producto.

Fue así, hace unos 20 años, en 1999, como entré en contacto con Gadis y desde el primer momento apostó por mi proyecto porque sus consumidores valoraban un producto local y de calidad. Mi compromiso con ellos es también de garantizarles esa calidad y un volumen de suministro.

“Apuesto por la trinidad del gallego: grelo, patata y cebolla, los cultivos que mejor se dan aquí y que mejor rotan”

Desde entonces los beneficios de la empresa se fueron reinvirtiendo en comprar maquinaria y en contratar personal, que a día de hoy suma una plantilla fija de 10 personas, que suben hasta 30 con las contrataciones temporales para los meses de más trabajo. Nunca solicité ayudas para comprar maquinaria porque creia que tenía que ser un proyecto sostenible económicamente por sí mismo.

¿Qué productos cultivas a día de hoy?
En un comienzo empecé cultivando unas 5 hectáreas de repollo y de coliflor, en rotación con patata y cebolla. Pero finalmente nos decantamos por lo tradicional, por la trinidad del gallego: la patata, la cebolla y el grelo, tres cultivos que se adaptan muy bien a nuestros suelos ácidos y arcillosos. El clima de As Mariñas es privilegiado para el cultivo de huerta, ya que nuestra oscilación térmica ve de los 10 grados de temperatura mínima a los 30 de máxima.

Cultivamos cebolla chata de Miño, un producto que es muy valorado por los consumidores, y patata Kennebec, una variedad muy apreciada por los gallegos. Es un orgullo para nosotros se capaces de comercializar nuestras patatas en envases de papel de 3 kilogramos bajo nuestra marca DATERRA. No regamos la patata, con lo que su conservación es mucho mejor y su sabor es más intenso, ya que tiene mayor contenido de materia seca.

En cuanto al nabo, lo cultivamos en rotación con la patata y con la cebolla porque mejora la estructura de la tierra. Hace unos años que también lo empezamos a cultivar en fincas que alquilamos en el ayuntamiento de Monfero, en el valle de Xestoso, una zona de temperaturas más frías y heladas frecuentes, que son las idóneas para darle al grelo un sabor exquisito.

La gente pide productos gallegos y tenemos una gran oportunidad para ofrecerle estos productos de cercanía. También nos demanda productos ecológicos, producidos de manera sostenible, y en ese sentido creo que una lechuga eco producida en Almería o a cientos de kilómetros claramente no es eco.

Fuisteis de los primeros certificados en agricultura integrada y ahora estáis apostando por la agricultura ecológica. ¿Cómo están siendo los resultados?
Desde los comienzos cultivé en convencional pero con el sistema de producción integrada, empleando exclusivamente productos fitosanitarios, principalmente cobre, de manera curativa, no de forma preventiva.

“Estamos cultivando patata en ecológico y con resultados muy positivos”

Y hace tres años empezamos a cultivar también en ecológico con la certificación del CRAEGA. Este año cultivamos unas 25 hectáreas en convencional, principalmente de cebolla, y unas 20 hectáreas en ecológico-16 de patata y 4 de cebolla-, 7 más que el año pasado. Los resultados, sobre todo en la patata, fueron muy positivos.

Llama la atención que la mayor parte de la tierra que cultiváis es en alquiler. ¿Os es difícil acceder a la tierra?
Podría decir que la tierra viene a nosotros. Pagamos buenos arrendamientos, de promedio unos 400 euros la hectárea al año, y cuidamos las fincas, por lo que esto corre de boca en boca y al final los propietarios nos llaman para ofrecernos las fincas.

¿Que le recomendarías a los jóvenes que se quieren iniciar en el sector de la huerta?
Hay un potencial enorme en la huerta gallega pero hay que tener siempre una mentalidad empresarial, sino siempre será un complemento y se mantendrá esa visión “indigna” de vivir del campo. Hay que apostar por la profesionalización del sector, pero desde abajo, para vender nuestros productos con orgullo y no tener una actitud de sumisión con los clientes. Es un lujo comer un grelo del Val de Xestoso, o una patata de Miño, no podemos pedir por favor que nos lo compren.

En cuanto a la Administración, valoro mucho los incentivos que se dan, pero echo en falta que los funcionarios empaticen más con el sector y con los productores, que se pongan más en nuestra piel y de esta forma agilicen los trámites y nos tengan en cuenta.

¿En que otros proyectos estáis trabajando?
Tenemos en marcha el proyecto Horta Daterra, que busca recoger, compartir y transmitir la cultura hortícola que había en Miño y poner en valor nuestros productos. Para eslabón contamos con la inestimable colaboración de la cocinera Beatriz Sotelo.

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