El corcho de los alcornoques, un recurso desconocido del monte gallego

El alcornoque es un árbol que mantiene cierta presencia en el Baixo Miño, Ribeiro y en el Deza. Hablamos con la única industria gallega que procesa el corcho autóctono y con propietarios

Publicidade
El corcho de los alcornoques, un recurso desconocido del monte gallego

Planchas de corcho preparadas para su transporte este verano en la zona de Pontevedra.

“Muchos se sorprenden cuándo descubren que en Galicia también hay alcornoques y que producimos corcho”, reconoce Francisco Ribeiro de Almeida, propietario de la fábrica Corchos Almeida, en Ribadavia (Ourense), la única industria que procesa corcho en Galicia. Tanto los alcornoques como el aprovechamiento de su corteza, principalmente para la elaboración de tapones y con fines industriales, es un recurso infravalorado y poco aprovechado, como coinciden en señalar desde el sector.

Las cuencas del río Miño, Alvia o Arnego son algunas de las zonas donde se localizan alcornoques

Aunque es escasa la documentación que da cuenta de los alcornocales que se contabilizan en los montes gallegos, hay zonas donde los alcornoques llevan tiempo asentados y el aprovechamiento de la corteza tiene una larga tradición. La cuenca del río Miño, en zonas como Arbo, Os Peares o Salvaterra tiene montes donde el alcornoque es uno más de los árboles del bosque tradicional. Las riberas del río Alvia, es otro de los enclaves donde se localizan alcornoques, en las tierras de Boborás.

En la zona centro de la provincia de Pontevedra, de nuevo en la cuenca de un río, en este caso en el Arnego, en ayuntamientos como Vila de Cruces y Agolada, es tierra de alcornoques. De hecho, el conocido como Sobreiral do Arnego, que se extiende por las márgenes de este río es una de las zonas que acumulan una mayor densidad de alcornoques. También en los montes del Courel, aunque de una manera más puntual y mezclado entre el bosque autóctono, se contabiliza un importante número de ejemplares.

Valorar la ‘sobreira’

Corteza-

Detalle de la corteza en un alcornoque.

Al contrario de lo que ocurre en otras zonas de la Península Ibérica, como Extremadura, Andalucía o Portugal, donde hay gran presencia del alcornoque en su paisaje, en Galicia este árbol no es tan apreciado ni valorado. “La gente no acostumbra a darle valor al alcornoque, lo que propicia que esos montes vayan quedando abandonados y sea más difícil que su aprovechamiento sea rentable, por el esfuerzo que supone acceder a ellos”, apunta Ribeiro de Almeida.

El aprovechamiento de la corteza de los alcornoques contempla unos plazos largos de producción, puesto que debe esperarse a que el árbol consiga un perímetro mínimo de 60 centímetros y una altura de 1,30 metros para realizar la primera saca, para lo cual pueden hacer falta 25 o 30 años. Además, entre cada extracción deben pasar al menos 10 años.

“La corteza puede suponer un aprovechamiento al igual que se está haciendo con el resinado de los pinos” (Alberto González)

“Aunque son plazos largos, la corteza puede suponer un aprovechamiento de estos árboles, al igual que se está haciendo con el resinado de los pinos”, comenta Alberto González, profesor en el Centro de Formación y Experimentación Agroforestal de Lourizán y que está trabajando sobre los alcornoques.

Hay quien apuesta por la conservación de los alcornoques como parte de un monte diverso y por su capacidad, al igual que otras frondosas, para mitigar y frenar el avance de los fuegos forestales. Estos son precisamente dos de los argumentos que llevan a la Comunidad de Montes de Meis (Pontevedra) a querer conservar un alcornocal de cerca de 3 hectáreas.

Ahora están inmersos en la tramitación de un área de 4,5 hectáreas, en la que se incluye el alcornocal, como Espacio Privado de Interés Natural (Epin). Esperan que esta tramitación les permita preservar ese espacio y también valoran un aprovechamiento de la corteza en los próximos años, aunque por el momento no descortizaron casi ninguno de estos ejemplares.

En la Comunidad de Montes de Meis cuentan con un alcornocal de cerca de 3 hectáreas que quieren preservar y aprovechar

“Es muy importante conservar los alcornoques para tener un monte variado y poder mostrarle a los más jóvenes el potencial que pueden tener las frondosas y la protección que ofrecen frente al fuego”, explica Francisco Casás Graña, presidente de la Comunidad de Montes de Meis. Además de preservar el alcornocal, desde la Comunidad de Montes están llevando a cabo repoblaciones con alcornoques en otras partes del monte donde ya hay algún ejemplar, a fin de aumentar la presencia de estos árboles.

Con este mismo afán de conservación y fomento de la diversidad pervive la Zarra da Pena, en el corazón del Sobreiral do Arnego, en Carmoega (Agolada, Pontevedra). Se trata de una finca que pertenece a varios propietarios y abarca unas 24 hectáreas de monte, donde predominan los alcornoques mezclados con otras especies, en su mayoría árboles autóctonos y caducifolios.

Portada-Interior-Sobreira-Arnego

Sobreiras en la Zarra da Pena, en el Sobreiral do Arnego, en Agolada (Pontevedra).

Marcial Barral, uno de los propietarios y gestor de la finca, reconoce que fueron muchos los que, hace años, intentaron convencerlo de un aprovechamiento de la zona con especies como el pino y el eucalipto. Sin embargo, él rechazó esa opción y apostó por la conservación del espacio. La extracción de la corteza y otros proyectos de aprovechamiento del monte como la introducción de caballos fueron algunas de las opciones que llevó a cabo en los últimos años.

La saca de la corteza y la escasez de profesionales en Galicia

La extracción de la corteza es un proceso tradicional del que apenas se contabilizan especialistas en Galicia, por lo que suelen encargarse cuadrillas llegadas desde Portugal o Extremadura que luego, la mayor parte de las veces, también llevan para estas zonas la corteza. “Es difícil saber cuánta corteza se está produciendo en Galicia porque muchas de estas cuadrillas la llevan directamente para otras zonas”, coinciden desde el sector.

Planchas de cortiza na zona de Agolada apiladas para ser transportadas.

La saca de la corteza debe hacerse en los meses centrales del verano y siempre con calor y sin lluvias para evitar que el árbol se vea luego afectado por los hongos. “Si no se hace con esas condiciones el riesgo de que el árbol termine dañado es muy alto, puesto que sacarle la corteza es cómo desnudar el alcornoque”, comenta Yago Tato, quien aprendió de su abuelo el oficio y extrajo durante varias temporadas la corteza en el Deza, aunque ahora ya sólo realiza sacas en iniciativas formativas y divulgativas.

Una macheta, una palanca de madera resistente, una navaja, una regla y una escalera bastan para realizar esta labor, que debe ser delicada. “Es preciso tener cuidado a la hora de sacarle la corteza porque puede llegar a dañarse el árbol. A veces, es preferible dejarlo sin quitar y no marcar el tronco”, explica otro descortizador de la comarca del Deza, ya jubilado, que puntualmente se ha dedicado a esta tarea en la zona.

De la saca de la corteza suelen encargarse cuadrillas especializadas llegadas de Extremadura o Portugal

“Es un trabajo duro y cada vez va quedando menos gente que lo haga”, coinciden en señalar tanto antiguos descortizadores como desde el sector. “Nosotros miramos de traer una cuadrilla de Portugal para extraer, porque es difícil encontrar quién lo haga aquí”, indican desde Corchos Almeida. Alrededor de unas 120 toneladas, de las 400 que procesan en esta fábrica de Ribadavia, proceden de montes de Galicia. Tienen también pequeños proveedores que se encargan de proporcionarles corteza de distintas zonas. “Son descortizadores que te pueden traer 100 o 500 kilos de corteza, siempre pequeñas cantidades”, indica.

La corteza de los alcornoques gallegos, a diferencia del corcho que se produce en zonas como Extremadura o en Portugal, tiene un menor rendimiento. “Se aprovecha menos porcentaje de corcho de calidad. Mientras que en otras zonas tienen un 80% de corteza de gran calidad, aquí puede rondar un 30%, pero ese porcentaje es muy bueno”, concreta Francisco Ribeiro de Almeida.

Alrededor de un 30% de la corteza gallega es de gran calidad y precisa un período de secado antes de poder emplearse

Además, debido al clima más húmedo de Galicia, la corteza llega más verde y es preciso dejarla secar para poder aprovecharla. A diferencia de lo que ocurre con la corteza de zonas como Extremadura, que se puede emplear al año de su extracción, en el caso de la corteza gallega hace falta que seque.

Comercialización

Tal y como explican desde Corchos Almeida, alrededor del 30% de la corteza que llega a la fábrica se destina para la elaboración de tapones de calidad para el vino. El resto, de menor calidad, termina triturándose y se aprovecha, sobre todo, para usos industriales, desde la elaboración de suelos hasta revestimientos aislantes. “La mayor parte se destina para hacer aglomerado de corcho o como aislante”, explican desde la firma. En la actualidad, buena parte de la actividad de esta fábrica se deriva a Portugal, aunque hace años realizaban en Galicia tanto la elaboración de los tapones como el triturado de la corteza para otros fines.

En función de la calidad y del aprovechamiento que se haga de la corteza, se fija un valor. Así, el precio puede determinarse ya por ejemplar, variando en función de la cantidad que se extraiga y de la calidad que tenga. Esta es una práctica muy habitual de los descortizadores llegados de otras zonas, que negocian el precio directamente con los propietarios.

El principal destino de la corteza gallega es Portugal aunque, una parte se procesa en Ribadavia

En otros casos, se trata un precio medio en el que se incluye diferentes categorías, como suele hacer la industria de Ribadavia, que compra la corteza a un precio medio de entre 70 y 80 céntimos el kilo y luego se encargan de hacer la selección de la corteza.

Así, el destino de la corteza gallega, al margen de la que se procesa en la fábrica de Ribadavia, suele ser Portugal donde acaba en diferentes usos en función de su calidad, puesto que son expertos en el aprovechamiento de este material. En Galicia también queda, aunque de manera muy puntual, un aprovechamiento de la corteza para la elaboración de colmenas para las abejas, uno de los usos más tradicionales y extendidos durante mucho tiempo para la corteza.

image_print

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información