Moneixas, uno de los últimos bastiones de la madera de castaño

El aserradero de Moneixas (Lalín) es uno de los pocos centrados en la producción de madera de castaño, un mercado cada vez más escaso. Luis González, al frente de esta sierra, nos descubre alguno de los aspectos que se valoran cuando se trabaja con esta especie

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Moneixas, uno de los últimos bastiones de la madera de castaño

El maderero Luis González en el aserradero de Moneixas, centrado en la producción de madera de castaño.

Abrigado por un robledal, donde esperan los troncos cortados y las tablas serradas de castaño, el aserradero de Moneixas, en Lalín (Pontevedra), es uno de los pocos centrados en la producción de madera de castaño en Galicia, un mercado cada vez más escaso.

Luis González lleva más de 30 años trabajando con la madera de castaño y otras frondosas

Este aserradero es conocido como Maderas Manuel Riádigos, el nombre del antiguo propietario y fundador, un vecino de la zona fallecido hace ya unos años y todo un experto en la materia, como apuntan los que lo conocieron. En la actualidad, al frente de esta sierra se encuentra Luis González, que lleva más de 30 años trabajando en este aserradero. Estos años de experiencia le han permitido a Luis conocer las claves del aprovechamiento del castaño, que aún tiene su demanda en un mercado cada vez más abierto a maderas tropicales, caracterizadas por ofrecer altas rentabilidades y beneficios, y con las que resulta complicado competir, como asegura el maderero.

La rentabilidad de los sotos de castaños gallegos

Buena parte de la madera que se procesa en este aserradero procede de los montes de la comarca de Deza y sobre todo de Lalín. “En la zona hay madera de buena calidad y no compensa ir a buscar la madera a otras zonas de Galicia porque, aunque te la traigan al aserradero, no sabes cómo es y lo rentable que te va a resultar”, comenta. Por eso, suele encargarse de seleccionar y tumbar en el monte la madera que van a cortar en el aserradero. Es una labor para la cual puntualmente contratan más personal, pero que, por lo general, asume junto con José Carballude, que trabaja a diario en el aserradero.

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Algunos de los troncos de castaño en el aserradero.

A escasos metros de Moneixas se encuentra uno de los montes más singulares y protegidos de Galicia, que cuenta con frondosas de gran tamaño, la Fraga de Catasós, y que evidencia la calidad de los castaños de la zona. Luis tiene claro dónde encontrar madera de castaño de calidad en la comarca: “En todos los Outeiros normalmente hay buenos castaños”, sentencia. Este nombre se asocia a zonas ventiladas y soleadas. “En el Outeiro de Moneixas, en el de Filgueira, en Barcia, en Lalín de Arriba… se encuentra buena madera”, enumera así el maderero distintos lugares de parroquias lalinenses que cuentan con ejemplares notables. Por el contrario, en las zonas próximas a riachuelos, donde se registran bajas temperaturas y donde los árboles apenas reciben el sol del naciente, resulta más complicado encontrar madera adecuada.

Una de las principales dificultades de la producción del aserradero es contar con árboles de calidad, lo que en opinión del maderero, limita las perspectivas de futuro. “En Galicia deberíamos de haber apostado por plantaciones de castaño como las que se hacían hace años en Francia, donde se combinaba el castaño con el pino. En los primeros años el pino abriga al castaño y lo hace crecer recto. Luego se cortan los pinos y se deja que el castaño siga creciendo”, explica. De este modo, se reducen notablemente los nudos que puedan tener los castaños y se descarta menos cantidad de madera.

“En Galicia deberíamos de haber hecho plantaciones de castaño como las de Francia, donde se combinaba el castaño con el pino”

“Es difícil encontrar ejemplares que crezcan rectos y sin nudos. Muchas veces a la gente a la que le compras el árbol no comprende que, aunque tú lo tengas que cortar por completo, puede que no aproveches todo el tronco para serrar”, comenta. De hecho, parte de los restos de madera que no emplean para serrar, así como los recortes de este proceso, los comercializan directamente como leña entre particulares de la zona. Otra parte la destinan a procesadoras de madera como Finsa, una alternativa que califica como poco rentable, ya que los precios por tonelada de madera para estas industrias se pagan ahora casi a la mitad que hace 30 años -valora Luis-, incluso para las maderas destinadas a chapas y pese a que los costes derivados se han incrementado.

A estas dificultades se suma la incidencia de las amenazas biológicas, como la enfermedad del chancro, que también están condicionando la pervivencia y la calidad de esta madera. También el precio de las plantas y el ciclo largo del castaño motivan que los propietarios se cuestionen muchas veces si volver a repoblar los montes con esta frondosa u optar por otras maderas. Todos estes factores suponen trabas para una producción, la de madera de castaño, que cada vez es más escasa y limitada, pese a ser uno de los árboles autóctonos de los bosques gallegos.

Los secretos de la madera de castaño

A diferencia de lo que ocurre con otras maderas, “el castaño es más difícil de trabajar, ya que es complicado saber cómo va a resultar un tronco antes de tumbarlo y qué cantidad vas a poder aprovechar”, explica Luis. Este aserradero trabaja principalmente bajo demanda y centrado en la madera de calidad: “la madera sin nudos, variaciones de color o hendiduras”, apunta el maderero.

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El aprovechamiento de la madera de castaño es más limitado que el de otras especies.

Predecir cómo resultará la madera del árbol antes de tumbarlo para evaluar el precio a abonar al propietario y también el rendimiento que se va a obtener de ella es clave. Pero también saber la orientación en la que se deben hacer los cortes en la sierra será fundamental para lograr un mayor aprovechamiento, según explica González. Los años trabajando en el monte y en la sierra le permiten conocer ya, sin mucho error, como va a resultar el interior del árbol antes de iniciar los cortes, como reconoce.

Los nudos que va a presentar la pieza vienen determinados por las ramas y las cicatrices que tenga el árbol, pero las variaciones de color, que muchas veces también determinan la calidad de la misma, es un aspecto que viene marcado por otros factores, como la ubicación del árbol. “Si está en zonas húmedas va a tener partes de la madera que serán más oscuras”, concreta Luis.

El rústico, su principal mercado

La mayor parte de la madera que trabajan en este aserradero está destinada a un mercado centrado en las restauraciones, en los muebles y carpintería tradicional e incluso la artesanía. Así, mucha de la madera de mejor calidad se destina para realizar soportales que combinan vigas y puntales de madera. Otro de los usos que tienen especial demanda es la madera para restaurar hórreos, como señala Luis. También se sigue empleando la madera de castaño para los tejados, aunque para ese uso no suelen requerir piezas de tanta calidad y se admiten maderas con nudos o variaciones cromáticas.

Trabajan centrados en la madera de calidad que se emplea sobre todo para restauraciones.

Trabajan centrados en la madera de calidad que se emplea sobre todo para restauraciones.

Hay incluso demanda para esas piezas más diferenciadas, que se encuentran a medio camino entre la singularidad o los defectos, dependiendo del prisma desde el que se mire. “Guardamos algunas de estas maderas que son más diferentes porque hay gente que viene buscando precisamente piezas distintas”, indica Luis. Esto los obliga a tener bastante stock de madera, ya que “hay gente que viene y mira si lo que tienes se le ajusta a lo que precisa”, explica.

La madera de castaño encuentra algunos de sus principales consumidores en la carpintería tradicional y en la artesanía. Entre los clientes de este aserradero, repartidos por toda Galicia, hay artesanos que vienen en busca de madera para tallas.

Parte de la madera también se destina para fabricar chapas que luego se emplean en sectores como el ‘contract’. En este caso, hay una exigencia clara de madera de calidad para que los acabados sean de categoría suprema.

En el castaño el precio se estipula en metros cúbicos, a diferencia de otras maderas como el pino o el eucalipto, donde se fija por tonelada. La calidad de la madera que se obtenga variará el precio pero también otros factores como la longitud y el diámetro de las piezas que se logren. De este modo, las piezas acabadas oscilan entre los 300 y los 1.000 euros por metro cúbico. En monte, en cargadero de camión, los datos de la Asociación Forestal de Galicia sitúan el precio en Galicia en una media entre 80 y 120 euros por metro cúbico.

Buena parte de la madera de castaño se destina para soportales, hórreos o tejados, así como para carpintería o tallas artesanas

El aserradero vende gran parte de su producción directamente en verde y luego pasa por un secadero antes de poder emplearse, pero también dispone de alguna madera que comercializa en seco. “El problema de la madera seca, que ya sirve para trabajar directamente, es que hay que esperar varios años a que esté lista para vender, y en ese tiempo no obtienes beneficio alguno. Además, la diferencia de precio tampoco es significativa”, señala. Aun así, cuentan con alguna madera serrada y acopiada, esperando que seque. De hecho, una parte importante de los más de 6.000 metros cuadrados de los que dispone este aserradero se destinan a almacenar este tipo de madera. Según explica el maderero, el tiempo de secado variará en función del grosor, calculando que por cada centímetro precisará un año para secar.

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