“Poner cientos de colmenas en un territorio es contraproducente”

Alberto Uría es polifacético pero todo lo que hace está relacionado con la naturaleza. Está a punto de abrir un museo vivo sobre la miel en Negueira de Muñiz y defiende una forma de apicultura tradicional compatible con la biodiversidad

“Poner cientos de colmenas en un territorio es contraproducente”

Alberto Uría acaba de abrir el museo "El País del abeyeiro"

“Yo nací y me crié en Oviedo, tenía la vida resuelta allí, pero decidí volver para aquí, que fue donde nació mi padre, buscando mi felicidad. Yo vine al rural con orgullo. Hay que dignificarlo para que la gente quiera venir”. Así comienza la conversación con Alberto Uría, toda una declaración de intenciones sobre la manera de entender la vida de este chico que vive profesionalmente de la apicultura desde el año 2010 asentado en el ayuntamiento lucense de Negueira de Muñiz, el menos habitado de Galicia.

Entre los 218 vecinos totales de este ayuntamiento, en la parroquia de Robledo, en la raya misma con el ayuntamiento vecino de Ibias, perteneciente ya a Asturias, vive Alberto Uría. Tiene 200 colmenas, da cursos por toda España de apicultura tradicional y mañana inaugura un museo en plena naturaleza.

Sala de estracción e envasado de mel

Sala de estracción e envasado de mel

El centro, que lleva por nombre El país del abeyeiro, está ubicado en el lugar de Pena da Nogueira, una aldea prácticamente deshabitada. Alberto reconstruyó la casa en la que nació su padre, que ya estaba derruida, para desarrollar su proyecto: un centro de trabajo visitable al que se podrá acercar todo aquel que quiera aprender y conocer el oficio de apicultor. En los 170 metros cuadrados de esta construcción tradicional, que conserva su estructura original de más de 300 años de antigüedad, hay un taller de madera para hacer o reparar las colmenas, una sala de extracción y envasado de miel, un aula didáctica y una zona expositiva.

“Va a ser un centro de trabajo visitable que permite venir a comprar un tarro de miel y también formarse”

La planta baja tendrá también un pequeño albergue porque la intención de Alberto es impartir en este lugar los cursos que hoy da por toda España tanto de apicultura tradicional como de huerta ecológica. “Quiero dar esos cursos aquí para que la gente venga aquí a dejar valor en el territorio y contribuir de esa manera también a la dinamización de un ayuntamiento como el de Negueira de Muñiz.

El ecomuseo será el foco sobre el que pivotarán toda otra serie de actividades que buscan la recuperación y puesta en valor del patrimonio natural, arquitectónico y etnográfico de la zona. La propia recuperación de la edificación es un ejemplo. “Todo lo que llevo ganado con la miel en los últimos 10 años, todos los ahorros de mi vida, están aquí”, indica. Solo en la obra fueron necesarios unos 200.000 euros. El proyecto cuenta con una ayuda europea de 74.300 euros del programa Leader a través del GDR Montes e Vales Orientais.

Un espacio vivo

O museo respecta a arquitectura tradicional e xira arredor do mundo da apicultura

O museo respecta a arquitectura tradicional e xira arredor do mundo da apicultura

“No hai mejor aula de la naturaleza que la propia naturaleza”, defiende Alberto, que quiere que este ecomuseo sea un espacio vivo, dinámico y participativo, donde además de impartir formación se lleven a cabo actividades de voluntariado ambiental, que ayuden a recuperar el territorio. “Quiero que El país del abeyeiro vaya evolucionando igual que lo hacen nuestros paisajes”, compara.

Por eso, el entorno del museo será parte fundamental del proyecto. Como entendido en entomología, va a hacer un jardín de polinizadores con plantas nutricias específicas de esos coleópteros, mariposas e insectos. “Las mariposas son unos bioindicadores naturales fantásticos para ver la diversidad que hay en una zona”, explica.

También habrá en la parcela un estanque atrayente de libélulas y anfibios, una línea de frutales, pastizales de montaña y un colmenar donde hacer las prácticas de los cursos de apicultura que Alberto impartirá en el ecomuseo. Entre los proyectos para el entorno está también la recuperación de un souto de castaños centenarios que unía las aldeas de su abuelo y de su abuela.

“Es más fácil emprender en un polígono industrial que aquí”

Este joven emprendedor asegura que “es más fácil emprender en un polígono industrial que aquí”. “En una zona del rural alejada como es esta los costes son mayores y por el seguro de autónomos, por ejemplo, se paga lo mismo aquí que en Lugo”, evidencia. A diferencia, en Pena da Nogueira no hay alumbrado público ni recogida de basura y Alberto y sus pocos vecinos llevan tiempo peleando por un depósito de agua que les permita no sufrir las consecuencias de la sequía en verano, cuando escasea el manantial del que se surten. “Aquí tenemos más problemas añadidos y dificultades que en una ciudad, por lo que los alicientes para invertir en lugares como este son escasos”, dice resignado.

“El oso pardo es mi vecino y prueba mi miel todos los años antes que yo, pero él estaba aquí antes de que yo llegara”

Al lugar en el que Alberto está montando su centro de operaciones se llega por una carretera estrecha y sexy, tan llena de curvas como de naturaleza en estado puro y paisajes espectaculares en cada uno de los 25 kilómetros de recorrido desde A Fonsagrada. “Hay hora y cuarto a Lugo, dos a Oviedo y a Madrid ya ni te cuento”, evidencia. “Eso supone un coste añadido muy grande”, comenta.

Aunque Alberto quiere también organizar cursos de huerta ecológica en su ecomuseo, descarta que en lugares como Negueira sea rentable precisamente por la gran distancia que hai desde aquí a los centros de consumo. “Aquí no puedes tener huerta, porque poner una lechuga en el mercado con esas distancias no es rentable, por eso en territorios como este hay que apostar por productos no perecederos o de caducidad más larga y de mayor valor añadido”, defiende.

Outurelos, miel de autor y de producción limitada

Outurelos e Mel do Cortín, as dúas marcas coas que Alberto comercializa o seu produto

Outurelos e Mel do Cortín, as dúas marcas coas que Alberto comercializa o seu produto

Alberto comercializa su miel bajo la denominación de miel de autor con las marcas Outurelos y Miel del Cortín. Esta es una edición limitada y numerada de 250 tarros que sale de la alvariza (en esta zona se conocen por el nombre de cortín) que recuperó en Ibias. Es dos euros más cara que el resto debido a su finalidad: “lo que saco de esos 250 tarros va íntegramente destinado a recuperar otros cortines abandonados que hay en esta zona y que están cayendo”, explica.

“Tenemos un tesoro en el rural desde todos los puntos de vista, natural, cultural, productivo, patrimonial pero nadie mira por él y a mí se me cae el alma”, justifica. Por eso con su trabajo pretende “dignificar las cosas que se hacían antes y ponerlas en valor, tanto las producciones como el patrimonio”, dice. “La apicultura tradicional te da la oportunidad de luchar por el territorio y recuperar el patrimonio”, añade.

“Trabajo la calidad, no la cantidad”

“No hace falta tener miles de colmenas, se pueden hacer las cosas con más apego al territorio. Yo tengo solo 200 colmenas y vivo exclusivamente de esto desde el año 2010. Yo trabajo calidad, no cantidad. La producción que tengo es limitada, la acabo en diciembre, mi cliente lo sabe. Produzco miel, polen, reinas y doy cursos en los que aprovecho la miel para hablar también de paisaje y conservación. No toda la apicultura es sostenible. Poner cientos de colmenas en un territorio es contraproducente, porque se elimina o se expulsa a otros polinizadores silvestres y las abejas son fundamentales para la vida pero el resto de polinizadores también, son igual de importantes”, argumenta.

Un dos colmeares, ubicado na parroquia de Robledo, en pleno val do río Navia

Un dos colmeares, ubicado na parroquia de Robledo, en pleno val do río Navia

Por eso Alberto estudia muy bien las distintas ubicaciones donde colocar sus colmenas. “Busco lugares distintos y distantes, localizaciones separadas varios kilómetros unas de las otras y donde no haya más colmenas para no masificar la zona”, explica. Son todos colmeares de pequeño tamaño, el más grande de los que tiene cuenta con 40 unidades.

“El oficio está masificado”, dice. En su opinión, se debe a la proliferación de colmenas en los últimos años, en muchos casos como simple hobby. “Si alguien tiene abejas pero no las cuida bien o no las vigila eso provoca que las enfermedades se propaguen. Las abejas es cómo tener un hijo, si lo tienes debes cuidarlo, no sirve tenerlo enganchado todo el día a la tele o a la táblet. Pues las abejas igual, si las tienes hay que atenderlas”, compara. “De nada sirve que yo tenga a mis abejas muy controladas y libres de enfermedades si el vecino tiene a las suyas sin atender. Una colmena que muere infecta a la del vecino y estamos teniendo un problema muy grande de contagios y reinfecciones”, añade.

“Yo hago apicultura de la forma que se hizo toda la vida”

A sus 39 años Alberto tiene formación como técnico superior en recursos naturales y paisajísticos. Además de apicultor profesional, es un naturalista convencido que ha participado en proyectos de conservación de animales en peligro como el oso pardo o el urogayo y defiende la apicultura tradicional como motor de desarrollo rural y de conservación de la biodiversidad. “Yo hago apicultura como toda la vida, de una forma natural, yo no alimento a las abejas, procuro usar lo menos posible productos de síntesis química para luchar contra las enfermedades y plagas y tampoco caliento la miel para envasarla, la mía es miel cruda y por eso cuaja, como lo de toda la vida”, resume.

“Yo no alimento a las abejas e intento no usar contra las plagas productos de síntesis química que dejan residuos en la miel”

Y lo compara con otros productos como el vino o el queso. “No hay dos iguales y tampoco en la miel hay dos iguales”, asegura. Alberto organiza catas de mieles para que los consumidores aprendan a diferenciar los distintos tipos de miel, distinguir las distintas texturas y apreciar los distintos sabores.

Estudioso de los tratamientos ecológicos, defiende la utilización de productos más naturales, como el timol, el ácido oxálico o el ácido fórmico, de origen orgánico pero igual de efectivos para el tratamiento de enfermedades como la varroa, el loque o la micosis, en vez de tratamientos de síntesis química que no son inocuos y dejan muchos residuos en las colmenas y en la miel.

Un dos cortizos en estado de abandono que Alberto recupera

Un dos cortizos en estado de abandono que Alberto recupera

“Tenemos que caminar todos cara una forma más lógica y ecológica de cuidar a las abejas, reduciendo el uso de tratamientos químicos sustituyéndolos por otros más naturales”, explica, para hacer hincapié en que es necesario “mayor concienciación” tanto por parte de los apicultores profesionales como de los simples aficionados que tienen colmenas para autoconsumo.

Esa manera de practicar la apicultura, más natural y apegada al territorio, es la que cuenta en un libro que acaba de publicar y en el que colaboran prestigiosos especialistas como Fernando Fueyo, uno de los más relevantes artistas de naturaleza españoles y autor de las ilustraciones del libro, o Juan Luis Arsuaga, premio Príncipe de Asturias y uno de los antropólogos responsable del yacimiento de Atapuerca, autor de uno de los dos prólogos del libro (el otro es obra del botánico Bernabé Moya).

 

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